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EDICIÓN | Julio 2013

Encantos de un palacio porteño

Palacio Baburizza
Encantos de un palacio porteño

Esta podría ser la historia de un castillo encantado. De esos que, por alguna extraña maldición, cierran sus puertas y sus habitantes centran en un estado de letargo hasta que por una acción mágica todos vuelven a despertar. Algo así le ocurrió al Palacio Baburizza, la diferencia es que lo anterior es ficción y esta historia es real. 

por Carolina Arias S. / fotografía Teresa Lamas G.

Carlos Lastarria, curador y museólogo del Palacio Baburizza, cuenta que llegó hace quince años para hacerse cargo del museo. Pero no para que este siguiera funcionando, sino que llegó para cerrarlo. “Era 1997 y este edificio estaba en ruinas, plagado de termitas, el agua entraba por todas partes, los muros estaban humedecidos y los cuadros deteriorados, el proceso de cierre duró un par de meses”, nos cuenta. Se cerraron las puertas y la historia de este edificio para los visitantes quedó detenida.
 
 
LA HISTORIA
 
En 1916, los arquitectos italianos Arnaldo Barison y Renato Schiavon construyeron en las alturas del Cerro Alegre de Valparaíso, y por encargo de Ottorino Zanellien, un palacio de estilo art nouveau. Pero, lamenta- blemente, Zanellien murió antes de terminar las obras y su viuda vendió la propiedad al empresario salitrero Pascual Baburizza, en 1925.
 
Y aquí empieza la historia de un joven croata que llega a un país extraño y lejano. Era 1892, Pascual tenía diecisiete años, cuando lentamente empieza a crecer y a amasar su fortuna. Es así como se transforma en uno de los empresarios importantes de este país, un hombre visionario, emprendedor, pero inmensamente solitario. De él solo existen números, empresas, sociedades; no hay antecedentes en páginas sociales, periódicos, ni bailes de la época. Solo lo conocemos por retratos de medio cuerpo. Descendencia directa no tuvo, nunca se casó, sus bienes se repartieron entre su sobrino Juan, donaciones a Yugoslavia y a ciudades de Chile como El Parque Salitrero (actualmente Jardín Botánico en Viña del Mar). Su hacienda en Los Andes pasó a formar parte del Liceo Agrícola, creado en su testamento con derechos en la sociedad agrícola, que hoy es administrado por la familia Luksic. Baburizza entró al negocio del salitre a través de la compra de créditos de la Compañía Salitrera Progreso al Banco de Chile. Con el paso de los años, llegó a controlar el treinta por ciento de la industria del mercado y posteriormente invirtió en sociedades agrícolas.
 
Tras su muerte, su sobrino Juan heredó el Palacio Baburizza junto con toda la colección de arte europeo que Pascual adquirió durante su vida: obras preferentemente de artistas italianos, españoles, franceses e ingleses, que van desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. Y este es, tal vez, uno de los legados más importantes o conocidos de don Pascual Baburizza.
 
 
BELLAS ARTES
 
Por otro lado, la historia del Museo de Bellas Artes de Valparaíso es bastante itinerante. Con motivo de los Salones Anuales de Bellas Artes, organizados por el pintor Alfredo Valenzuela Puelma, se funda, en 1893, en una de las salas del Teatro de La Victoria compuesto por antiguas colecciones municipales reunidas a finales del siglo XIX. Pero el terremoto de 1906 dejó gran parte de Valparaíso en el suelo, incluyendo al museo. Desde entonces deambuló por distintos lugares hasta que en 1941 el pintor porteño Camilo Mori y el escritor Augusto D’ Halmar, recuperaron la idea de una exhibición permanente de bellas artes en la ciudad.
 
 
CIERRE Y RESTAURACIÓN
 
En 1971, la municipalidad adquiere de Juan Baburizza el palacio heredado de su tío Pascual. Es entonces que toda la colección de pintura europea pasa a formar parte del Museo de Bellas Artes; pero la escasez de recursos destinados al funcionamiento y mantención provoca un deterioro paulatino que culmina con su cierre en 1997.
 
“Comenzó la etapa de restauración y lo primero era rescatar las obras”, cuenta Carlos Lastarria, misión que estuvo a cargo del Centro de Conservación, Restauración y Estudios Artísticos (CREA). Fueron doscientos cuarenta y cuatro cuadros de la colección, que tuvieron un costo de cuatrocientos ochenta millones de pesos. “Se hizo un convenio de exhibición permanente con el Senado hasta que reabriera el museo, entonces los cuadros eran trasladados desde Santiago hasta el Congreso. Era como en las películas, la empresa a cargo era Decapack y el recorrido iba custodiado todo el trayecto por carabineros”. Mientras se intentaba restaurar el palacio vinieron los estudios y reparaciones fallidas. “Se arreglaba una cosa y pasaban seis meses para que se arreglara otra, eso provocó perder mucho dinero, pues no existía un plan completo de intervención”, recuerda Carlos.
 
Pero el año 2003 se produce un cambio considerable en la forma de pensar sobre Valparaíso, ya que la UNESCO declara a esta ciudad puerto Patrimonio de la Humanidad. Ahora la idiosincrasia, habitantes, arquitectura, actividad portuaria, entre otros, pasan a ser relevantes e inmediatos. Se generan estudios y proyectos concretos; dentro de ellos la restauración del Museo de Bellas Artes que ingresa al Programa de Recuperación y Desarrollo Urbano de Valparaíso (PRDUV). El arquitecto encargado del proyecto en el palacio fue Mario Pérez de Arce y las empresas constructoras fueron, en una primera etapa, Puentes y Cáceres y, en la segunda, Puerto Principal.
 
Las obras de restauración incluyeron ampliación y habilitación. Se consideró una restauración integral, con reforzamiento de su estructura en algunas áreas, y reposición completa de todas las instalaciones y servicios existentes. Además de la incorporación de nuevos sistemas tal como climatización, iluminación y seguridad. La intervención procuró proteger la apariencia del lugar por su gran valor histórico y arquitectónico, permaneciendo incluso algunos objetos mobiliarios. El monto total del proyecto financiado con fondos municipales y del BID fue de $2.152.056.525. La culminación de esto fue la obtención del Premio Nacional de Conservación 2013, otorgado por el Consejo de Monumentos Nacionales por el rescate y puesta en valor de la memoria patrimonial de Chile.
 
La historia a veces se confabula mezclando líneas de tiempo e historias de vida. Después de un largo proceso, el legado de Pascual Baburizza, su palacio y el Museo Municipal de Bellas Artes, se vuelven a encontrar. Atrás quedaron los años de deterioro, muros enmohecidos y pinturas sin mantención. Los habitantes del cuento despertaron y las puertas del arte están abiertas.

 

 

Tras su muerte, su sobrino Juan heredó el Palacio Baburizza junto con toda la colección de arte europeo que Pascual adquirió durante su vida: obras preferentemente de artistas italianos, españoles, franceses e ingleses, que van desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX.

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