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EDICIÓN | Julio 2013

Un emprendedor de la política

Felipe Kast
Un emprendedor de la política

Se declara un admirador de la clase política chilena, aunque reconoce que se necesitan cambios profundos. Cambios que él quiere hacer desde adentro, a la cabeza de un nuevo movimiento y con el foco puesto en la justicia social. El ministro más joven desde el retorno a la democracia ha crecido; y tiene algo que decir.

por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.

Imposible estar frente a él y no hablar de política contingente. Inevitable referirse a las últimas semanas de la derecha chilena, al enroque entre Laurence Golborne y Pablo Longueira y a cómo se para frente a eso. Es bastante claro y tajante en sus opiniones: Felipe Kast no le hace el quite a ningún tema.
 
“Todo lo que pasó fue un desastre. Es muy triste ver cómo un candidato deja de ser funcional y se transforma en una persona desechable. La lección aprendida de todo esto es que la política es muy líquida, tiene muchas vueltas y la única forma de pisar terreno sólido es si se actúa sobre la base de convicciones”, explica.
 
Hijo del economista y ex ministro del gobierno militar Miguel Kast, tenía solo seis años cuando murió su padre. Pero la influencia de su trabajo y el de toda su familia lo marcaron a fuego. Al igual que la convivencia con su padrastro, el ex ministro de Ricardo Lagos, Javier Etcheberry, quien llegó a su vida cuando Felipe tenía doce años, para mostrarle el mundo político desde la otra vereda.
“Hasta los quince años yo solo quería ser basquetbolista. Me acuerdo que a esa edad tuve una larga conversación con mi tío —el diputado UDI José Antonio Kast— respecto de mi futuro. Fue la primera vez que él me habló del tema político, de la posibilidad de dedicarme a lo social. Hice un clic, me puse a estudiar, subí mi promedio de notas y entre a estudiar ingeniería comercial, siempre con la idea de ser economista”, recuerda.
 
Pero tu formación es distinta al resto de los políticos de derecha. De hecho, te fuiste a estudiar a La Habana y te casaste con una cubana...
Mi llegada a Cuba tuvo bastante de azar, porque nació por la posibilidad de ayudar a un sacerdote amigo a armar un movimiento en la Universidad de La Habana. Coincidió con que yo conocía mucho la línea de pensamiento de mi sector, pero no de la izquierda, así que no lo dudé un segundo y me puse a estudiar marxismo. Estuve un año y en esa época conocí a mi mujer.
 
¿Qué ganaste en ese tiempo?
Lo primero, a perderle el miedo a lo diferente. En Cuba vi cosas muy duras, mi familia política lo pasó muy mal, tengo una cuñada que escapó de la isla nadando... comprendes que cuando una persona arriesga su vida por salir de un país no es un juego. Pero, al mismo tiempo, viví cosas muy bonitas: es un pueblo maravilloso, relajado... aprendí que la vida tiene curvas y que las normas importan un poco menos. Y regresé más seguro que nunca de que la vida es una tremenda oportunidad de cambiar.
 
 
EDAD Y EXPERIENCIA
 
Con treinta y dos años se convirtió en el ministro más joven desde el regreso de la democracia. Llegó a MIDEPLAN a trabajar por la pobreza, pero tuvo que dejar el cargo por razones políticas: debió cedérselo a Joaquín Lavín que, tras su compleja pasada por el Ministerio de Educación, peligraba su capital político.
 
“La edad nunca me jugó en contra, pero sí la falta de experiencia política. Después de haber pasado tres años en el gobierno, trabajando en la calle y viendo lo más duro de la pobreza, diseñando el Ingreso Ético Familiar y desarrollando el Ministerio de Desarrollo Social hoy, sin duda, estaría mucho más preparado. Mi salida tuvo que ver con una reflexión bastante simple: ¿qué costo tiene para mí sacarte?... cero. Aunque no compartí su decisión, creo que el presidente fue bastante justo...
 
No creo que te hayas ido para la casa diciendo “qué justo fue el presidente”...
No, claro que no. Pero lo justo estuvo en las decisiones que tomó después. Nos reunimos al día siguiente e hicimos una hoja de ruta que tenía que ver con pobreza, abrimos una discusión respecto de los campamentos y de las políticas sociales que faltaban. Juntos diseñamos un nuevo cargo: delegado presidencial para aldeas y campamentos.
 
¿Cuál fue tu mayor aprendizaje al mando de MIDEPLAN?
Darme cuenta de que, aun teniendo la capacidad de influir desde un cargo ejecutivo, los que realmente toman las decisiones en Chile son los políticos. Hay decisiones que requieren de voluntad política y eso marca toda la diferencia.
 
“PAREMOS, ESTO NO ES JODA”
 
Las buenas cifras económicas y la baja en el desempleo son medidores que muchas veces hacen que perdamos el foco: que nos olvidemos de que en Chile sigue habiendo gente en la extrema pobreza, que todavía hay personas que viven en la calle y familias que no tienen qué comer.
 
Desde su lugar en el gobierno, Felipe vivió codo a codo con esas realidades, metió los pies en el barro y recorrió la orilla del Mapocho decenas de veces. Por eso, tiene argumentos para afirmar que muchas veces no vemos más allá.
 
“Los políticos, muchas veces, pasan por encima de los problemas, con eslóganes y palabras, pero se detienen poco en las soluciones. Y eso nos pasa con la pobreza, pasamos por ahí y después continuamos preocupados de lo que renta más políticamente... ¡Paremos, esto no es joda. No podemos seguir teniendo niños que vivan en la calle! Siempre me acuerdo de un hogar del SENAME, donde vivían niños para los cuales el Estado no tenía ninguna solución, porque se sentían una familia y no querían que los separaran... yo llamé a Felipe Cubillos para que me ayudara a buscar a alguien que pudiera hacerse cargo, porque no era un tema de lucas sino de la forma...
 
¿Por qué tiene que haber un Felipe Cubillos o un Hogar de Cristo si se supone que hay un Estado que debiera hacerse cargo?
El Estado no es la única solución y no puede serlo. Cuando la sociedad se va complejizando no basta con que haya hogares o camas. En el caso de este hogar específico, lo que faltaba era una palabra aún más siútica: amor. Los niños no habrían salido de ahí sin amor, sin alguien que dejara todo para dedicarse a ellos. Y el Estado no es capaz de hacer eso, hay un eslabón que requiere de la sociedad civil y de cómo articulamos las políticas sociales para empoderar a los miles de chilenos que tienen vocación y responsabilidad social.
 
 
BUSCANDO LA EVOLUCIÓN
 
Se le ve cómodo y a la cabeza de su nuevo movimiento político. Junto a nuevos referentes de la derecha —como Luciano Cruz Coke y Harald Beyer— está dando vida a Evopoli (Evolución Política), desde donde pretende comenzar la construcción de una nueva forma de hacer política. “Este es un emprendimiento, un proyecto a veinte años plazo que trata de abrir la cancha a muchos independientes que no se sienten parte del relato de la oferta política actual. Tenemos una vocación social bien marcada, somos liberales y trabajamos para un Chile más justo”, dice.
 
Pero aunque se trate de un emprendimiento, ustedes son parte de la centroderecha y de la Coalición por el Cambio...
Sí, y no solo por un tema funcional, sino que también por convicción. Somos parte de la Coalición porque compartimos mucho con ellos.
 
¿Por qué entonces crear un nuevo referente? ¿Qué es lo que RN y la UDI no podían ofrecerles?
Hay varias cosas, algunas de fondo y otras más de forma. Nosotros tenemos una marcada vocación por la justicia, que se traduce, por ejemplo, en que no queremos que ningún niño vea cercenadas sus posibilidades en la vida por su lugar de origen. Sabemos que esos deseos no son exclusivos, pero no basta con compartirlos, sino que hay que hacer algo al respecto; y ahí es donde entramos nosotros: tenemos un centro de estudios llamado Horizontal e invertimos muchas horas de trabajo en cómo hacer las cosas, porque no nos basta con las propuestas programáticas.
 
¿Por qué descartaron crear ese tipo de instancias en los partidos que ya existían?
Porque no vimos en la oferta política actual una narrativa que nos convocara. Hoy la discusión política se centra en discusiones como “más o menos Estado” o “derecha e izquierda”, mientras nuestro tema pasa por hacer que el Estado sea menos mediocre. En la derecha, cuando se habla de Estado, la respuesta automática es no... nosotros preferimos darle una segunda vuelta y hacer una evaluación social de cada rama de acuerdo con su pertinencia.
 
¿Tiene que ver con una cosa generacional?
Sí, y eso tiene que ver con las formas. Queremos darle cabida a una generación un poco más liberal que la que hoy existe en la UDI y RN. También estamos convencidos de que los partidos políticos no han generado suficiente renovación. Como sabemos que en política los espacios no se regalan, decidimos ganarlos con un movimiento nuevo, en la calle, conquistando ciudadanos... ¿o no es acaso el emprendimiento lo que la centroderecha considera el motor del desarrollo?
 
Pero electoralmente sí tuvieron que negociar cupos...
Sí, pero eso pasa por el sistema binominal. Yo soy candidato a diputado por el pacto, principalmente porque si hubiéramos ido por fuera les habríamos regalado el doblaje a la Concertación. Y eso no es lo que queremos, lo que nos importa es ensanchar la oferta política.
Dices que Evopoli representa el ala más liberal de la derecha... ¿qué tan liberales se definen? Tenemos la gracia de que aquí la diversidad de opinión se respeta y, al contrario de lo que puede pasar en algunos partidos, no provoca tensión interna. El único tema valórico en el que tenemos una postura unitaria es el aborto; somos un movimiento que valora la libertad de los individuos y eso incluye la libertad del niño que está por nacer. Respecto del matrimonio igualitario, por ejemplo, hay diversidad de opiniones. Yo soy partidario del AVP, mientras otros creen que el matrimonio para todos es un derecho.
 
¿Cómo vivieron lo de Harald Beyer?
Eso sí que nos golpeó. Sabíamos que la política es dura pero lo de Beyer pasó los límites. Yo siempre me he declarado un admirador de la clase política chilena y lo que pasó llegó a trizar mi fe, porque sentí que la Concertación estaba exterminando a los tipos que hicieron buena parte de la pega. Bachelet, con todo el capital político que tiene, no requería de esto... o a lo mejor no tiene tanto liderazgo.
 
¿Por qué, a pesar de un gobierno exitoso en lo macro, la derecha no puede asegurar una reelección?
No tengo la receta mágica, pero sí un par de hipótesis. Una de ellas es que los partidos políticos se transformaron en máquinas electorales, se desconectaron con las bases y, como el binominal es un buen escudo, no había necesidad inmediata de conectarse. Lo segundo, es que Chile ha tenido muchos éxitos con su política macroeconómica y fiscal, pero muchos fracasos con sus políticas sociales. Y esos fracasos tienen que ver con un Estado mediocre, incapaz de dar salud y educación de calidad y vivienda digna a los chilenos. El crecimiento económico no te soluciona eso, porque no se traduce en un Estado eficiente capaz de entregar movilidad social.
 
Pero esa ineficiencia no es resorte solo de este gobierno, ¿cómo se explica el fenómeno Bachelet?
La gente desconfía de la clase política y eso no tiene que ver con el gobierno de turno, porque las evaluaciones son malas para ambos lados. La única persona que parece salvarse de eso es Michele Bachelet, porque la gente confía en ella. Pero yo siento que el fenómeno va a empezar a caer, porque cuando la colocas en un plano más político, la aterrizas.
 

“No vimos en la oferta política actual una narrativa que nos convocara. Hoy la discusión política se centra en discusiones como “más o menos Estado” o “derecha e izquierda”, mientras nuestro tema pasa por hacer que el Estado sea menos mediocre”.

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