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Entrevistas

EDICIÓN | Junio 2013

Pura sencillez

Mariana Loyola, actriz
Pura sencillez
Versátil, risueña y simpática. Tres conceptos para definir a una actriz que ha hecho teatro, cine y televisión, que hace algunos años anunció su retiro de las teleseries y que hoy se amarra solo con proyectos que la entusiasman. Y que también es mamá, mujer y esposa. “Soy bien de verdad”, reconoce.
 

Por Mónica Stipicic / Fotos Andrea Barceló / Agradecimientos Cafetería Ambigú

Entra y es como un pequeño torbellino. Tiene una sonrisa contagiosa, es dulce y divertida. Rápidamente se instala como si se tratara de un café con amigas y comienza a compartir anécdotas cotidianas y caseras, chascarros hogareños, de esos que nos ocurren a todos; incluso a quienes trabajan en televisión.
 
La sencillez es la primera característica destacable de Mariana. Quizás por sus orígenes provincianos o por su empeño en vivir de la forma más común posible, hay algo en ella que la aleja de la imagen de la “diva” que muchas actrices locales cultivan casi como un mantra. Y eso que ella ha protagonizado varias de las más exitosas teleseries locales, ha estado en importantes series y ha actuado en el cine bajo el lente de Silvio Caiozzi y del español Fernando Trueba.
 
Hace seis años anunció, públicamente, que dejaba de hacer teleseries. Y, por un rato largo, lo consiguió. La apuesta fue arriesgada, no solo en lo económico, sino también por el riesgo inminente de salir de pantalla por mucho tiempo y caer en el olvido. Pero, además, apostó a trabajar libremente, sin contrato con ningún canal y amarrarse solo temporalmente a aquellos proyectos que la entusiasmaran de verdad.
 
“Hasta aquí ha resultado. Me gusta el riesgo de poder elegir y, aunque ha habido períodos en que he estado desocupada, he tenido la paciencia y la solvencia económica—que logra siendo muy ordenada—para poder hacerlo. Cada proyecto que he elegido ha sido estratégicamente estudiado para conseguir algún fin”, explica. 
 
¿Cuáles son los criterios para elegir?
Hay proyectos que me interesan por el personaje, la historia, el director y el elenco y otros que me han entusiasmado por una cosa estratégica, de público. También siento que mis opciones tienen que ver con asumir un riesgo y tratar de seguir siendo versátil.
 
¿Por qué dejar de hacer teleseries?
Tiene que ver con el cansancio que provoca el timing de las teleseries. Aunque igual he hecho algunas… la vuelta fue con Manuel Rodríguez, y fue totalmente calculado, porque quería que me dirigiera Vicente Sabatini, era una teleserie de época y con un personaje exquisito, que andaba todo el día a caballo disparando rifles… el sueño del pibe. Después de eso, vino Peleles, una producción híper realista, de clase media, con un guión casi en tiempo real. Sin duda, lo más clásico hasta ahora ha sido Dos por uno—actual teleserie de las ocho en TVN—, a la que llegué por una cosa estratégica, de recuperar público en ese horario, acercarme a un público infantil y juvenil y reencantarme con eso. Creo que hoy se puede vivir con una opción como esta, hay más trabajo, teleseries en casi todos los canales, series.
 
¿No te preocupa la inestabilidad?
Es súper arriesgado, lo sé. Y seguramente de aquí a los cuarenta tendré que achancharme... pero mientras se pueda. Me considero súper afortunada de haber sido dirigida por casi todos los directores de cine y televisión. Eso me mantiene viva el alma actoral.
 
Hoy está dedicada full time a las grabaciones de Familia moderna, la versión local de la exitosísima serie americana Modern Family, protagonizada por Sofía Vergara.
 
¿Por qué ese proyecto?
Primero, porque soy fanática de la serie original y, específicamente, el personaje de Claire, que es el que yo interpreto, es uno de mis favoritos de la televisión actual. Es un elenco tremendo, con actores de la talla de Patricio Contreras y una gran producción, por lejos la más grande en la que me ha tocado trabajar. Grabamos en modalidad de cine, con cinco o siete escenas por día, que se leen, se revisan y se repasan mucho. Es muy grato, nadie está apurado.
 
La experiencia de adaptar series ha tenido gran- des éxitos pero también tremendos fracasos, ¿cómo ves este trabajo?
En televisión no hay cartas seguras. Sé que hay un súper buen guión, un muy buen equipo y elenco. El riesgo es que la gente nos vea y las fichas están puestas en la adaptación; hay que apropiarse de la historia y hacerla más chilena. En la serie gringa hay una pareja gay que tiene una guagua y eso tenemos que hacerlo creíble a nuestra realidad y que sea recibido de buena manera.
 
 
EL EGO
 
A los treinta y siete años está flaca y espléndida. De hecho, representa varios años menos, aunque está en una etapa de su vida profesional en que la línea entre la juventud y la adultez es un poco difusa.
¿Cómo has vivido el paso del tiempo en pantalla? Hay una edad medio compleja en que es posible encontrar a actrices como Francisca Imboden que, en Las Vegas, tiene hijas diez años menores que ella...
A mí me pasó también... en Peleles ¡tuve un nieto! La verdad es que soy bien entregada a esas cosas y hay cero ego en ese sentido, pero en estricto rigor tendría que haber tenido una hija a los catorce y ella una guagua como a los diez para que funcionara. No es menor verse en el papel de abuela a los treinta y cinco años, pero lo que más me preocupa en encasillarme y, de alguna manera, sentí que si me quedaba ahí iba a seguir siendo abuela o mamá de cabras que tienen dos años menos que yo. La televisión chilena es así; agarran un personaje y es el malo seis teleseries seguidas... y a mí me gusta cambiar, que me hagan adelgazar, engordar, teñirme el pelo, cortármelo... siento que es parte de mi trabajo.
 
Y si de apariencia y ego se trata, la filmación de la película Génesis Nirvana, del director Alejandro Lagos, fue un ejercicio muy potente para Mariana, quien además se ha transformado en productora asociada de la cinta que se estrena en el próximo festival de cine Sanfic. “Por primera vez me he puesto en los pantalones del cine chileno y he comprobado cuánto cuesta sacar adelante una película. Esto es cine de rigor, cine pobre que levantó una película con muy poca plata y que ahora necesita el triple para estrenarla. Pero estamos embalados, porque es una película muy distinta”, anuncia.
 
En Génesis Nirvana, la actriz será Paty Lucy, una mujer humilde que tras la muerte de su única hija, a manos de su propio marido, decide tomar la justicia en sus manos. Con una cámara de video sale a la calle a buscar los elementos para vengarse y eso hace que la cinta esté cruzada por el dolor, el hiperrealismo y una opción cinematográfica muy interesante.
 
Parece ser una historia muy dura...
Sí y la filmación fue heavy. Aunque a mí me carga esa pose actoral de “estoy súper afectado”, debo reconocer que en esta película me cansé mucho, porque lloraba casi todo el día y quedaba agotada. No me lavé el pelo en un mes y dejé de ir al gimnasio por mucho tiempo... entonces hay un abandono en la película que es muy real, un ejercicio de desapego al ego tremendo.
 
Para Cachimba, Caiozzi te hizo subir veinte kilos, ahora te pidieron que pasaras un mes sin lavarte el pelo... eres bien entregada. Súper... es que es mi trabajo y tengo que hacerlo real. Tenía que ser la señora de población, a la que le mataron a su hija hace seis meses y el tipo va a salir libre. Ella no tiene recursos ni económicos, ni intelectuales, ni culturales. Está sola con una cámara, y se mueve desde ese dolor. Ver las escenas es impresionante, parezco un monstruito...
 
Y en la vereda contraria, la glamorosa, está la serie Prófugos...
Sí, eso es otra cosa, una mega producción. Es muy interesante pero muy fuerte. No apta para menores por lo violenta y destapada... imagínate que le dije a mi papá que mejor no la viera... jajaja.
 
¿No te complican las escenas eróticas, los desnudos?
A mí no me van a ver sin ropa en televisión abierta, porque no me parece que todos puedan acceder a eso. Si me vas a ver en pelotas vas a tener que pagar... Lo de Prófugos, es HBO, es calidad, es Pablo Larraín y, por lo mismo, es una apuesta. Y el cable se paga, lo que va acorde con mi opción, que es mucho más política: si quieres ver, paga.
 
 
TUYOS, MÍOS Y ¿NUESTROS?
 
Mariana tiene una hija de once años, Olivia, fruto de su relación con el músico y líder de Los Tres, Álvaro Henríquez. Pero desde hace varios años formó un nuevo hogar con su marido, Rodrigo Pardow.
 
Has tenido que criarla en el concepto de los tuyos y los míos, de familia moderna. ¿Cómo lo has hecho?
Para ella es súper natural, desde hace un par de años está armando su imaginario familiar de mamá, papá, papastro, hermana (Rodrigo tiene una hija de catorce años). Yo se lo he planteado con mucha transparencia y naturalidad, hablando y explicándole que no tenga miedo y que el amor es la base de todo. Puede sonar súper feminista, pero soy una convencida de que el amor materno es esencial para un niño, más que cualquier otro. Por suerte, la Oli ha tenido un papastro increíble desde los dos años y medio, así que en el cotidiano la cosa paterna la ha tenido muy presente. Ella tiene su papá, se adoran y lo respeta mucho, pero no vive con él. Pienso que Álvaro es un papá más grande, más moral, de los que dan pautas...
 
¿Es cierto que, a pesar de ser rockero, es un papá bien estricto y conservador?
Sí, por algo fuimos pareja. Estamos de acuerdo en muchas cosas, como por ejemplo un colegio laico,
con deporte y mucho inglés. Más que tradicional, yo diría que es provinciano, más chiquitito, menos farandulero, cero hippie chic... muy normal. Yo soy así, siempre le he dicho a la Olivia que, aunque yo salga en la tele y su papá sea una estrella de rock, la suya es una casa normal. Álvaro es mucho más famoso y popular y, por lo mismo, es menos asiduo a salir a la calle, pero yo voy al supermercado en buzo, tengo el mismo auto hace cinco años... soy bien de verdad. Me he preocupado de cuidarla bastante y, cuando entró al colegio, llegué a la primera reunión a decir que yo era una más y que no me pidieran cosas especiales, porque ser actriz es mi trabajo.
 
¿Vas a tener otra guagua?
Creo que sí... mi único problema es el tiempo, la pega y la inestabilidad, que me puede significar dos años parada. Pero hay un reloj biológico funcionando que avisa que tiene que ser de aquí a tres años máximo... es complicado, porque por un lado miro a las niñitas, las veo tan grandes y me abruma pensar en empezar todo de nuevo. Pero también sé que si no tengo un hijo con el Rodri me voy a arrepentir toda la vida, porque es el amor de mi vida, nos llevamos increíble y somos jóvenes todavía.

 

 

“La televisión chilena es así; agarran un personaje y es el malo seis teleseries seguidas... y a mí me gusta cambiar, que me hagan adelgazar, engordar, teñirme el pelo, cortármelo... siento que es parte de mi trabajo”.

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