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EDICIÓN | Junio 2013

Naturaleza intensa

Marianne Münzenmayer, geóloga y artista
Naturaleza intensa
Desde chica estudiaba piano, pintaba, hacía collares, mosaico y arreglos de flores secas. Pero a la hora de decidirse por una carrera, Marianne Münzenmayer eligió geología, porque siempre se sintió cercana a la naturaleza. Hoy, mezcla ambas pasiones de la manera que más le gusta: con la libertad de la independencia. 

por Monserrat Quezada L. / fotografía Sonja San Martín D.

Hay actividades que realizamos cuando pequeños que nos marcan. Probablemente, nuestros progenitores no son conscientes de ello, pero muchas veces nos inducen a seguir un camino, aunque el que tuvieran planeado fuera uno totalmente distinto. Es el caso de Marianne Münzenmayer, sus padres, ambos dentistas, querían que ella estudiara odontología, pero todos los veranos la llevaban a acampar por Chile. Con eso bajo la piel, se decidió por geología.
 
“Siempre me gustó mucho la vida al aire libre. Me encanta salir, recorrer, soy bastante hiperactiva, entonces, estar encerrada en una oficina, iba en contra de todo lo que añoraba ser. Incluso, cuando estudiaba en la UdeC, participé un tiempo en la rama de andinismo, lo que me permitía sentirme más cercana aún a la naturaleza. Mi relación con el medioambiente la vivo muy intensamente”. Además, consideró que la geología era una carrera interesante y con buenas perspectivas laborales.
 
 
FAMILIA, LO PRIMERO
 
Las ofertas de trabajo empezaron a llegar apenas egresó, pero ella decidió casarse. “Quedé embarazada a los seis meses, mientras aún hacía mi memoria, y el segundo hijo llegó bien seguido. Yo amo a la familia, entonces quise dedicarme a ellos, eso fue prioritario”.
 
Luego, cuando la mayor tenía seis años y el menor cuatro, decidió que era el momento de ejercer su profesión. “Aunque había pasado tiempo, no fue difícil insertarme en el mundo laboral porque, de una u otra forma, siempre estuve vinculada al tema, trabajando en asesorías técnicas en la UdeC, para algunas mineras, etc. Eso me mantuvo siempre actualizada y en constante movimiento. Así que me puse a trabajar en el norte con sistema de turnos”.
 
Cuenta Marianne, que las primeras semanas extrañaba mucho a su familia, lo que fue bastante doloroso, pero después fue agarrando el ritmo. “Al principio iba a ser por tres meses, pero se alargó a un año y finalmente estuve seis en el norte, primero en Escondida y Collahuasi, y después, a través de BHP Billiton, en Spence y Cerro Colorado”.
 
Viviendo en faena no podría decir que se sintió “como en casa”, pero sí hizo muchos amigos. “Nunca tuve problemas con compañeros de trabajo. A pesar de que eran muchos más los hombres, eran súper respetuosos. Aún mantengo contacto con los amigos y amigas que hice estando allá”.
Siempre inquieta y ávida por aprender, Marianne cursó un Magíster en Gestión Ambiental en la Universidad del Desarrollo. “Lo hice mientras trabajaba. Fue un martirio, porque los fines de semana libres, tenía que ir a clases, pero creo que todas las cosas que he hecho han valido la pena”.
 
Finalmente, empezó a sentir la necesidad imperiosa de estar con sus hijos. “Vi que se me iba a pasar la mitad de la vida perdiéndome la de ellos y no podía ser, así que sin pensarlo renuncié y me vine. Muchas personas me dijeron que estaba loca, porque nadie desecha ese trabajo, pero mis hijos son más importantes que el dinero y el desarrollo profesional que puedes lograr en faena, y decidí continuar por mis propios medios”.
 
Eso fue en julio del 2011, momento en que se volvió definitivamente a Concepción y empezó a explorar la geología, ahora como independiente: “En la actualidad estoy más dedicada al área ambiental; trabajo en líneas bases, haciendo la geomorfología, geología y descripción de riesgos para diferentes proyectos a través de empresas privadas de ingeniería, principalmente. Esto es parte del estudio de impacto ambiental”.
 
 
ARTE Y MINERÍA
 
Además, junto a la idea de volver a Concepción, se coló el bichito de explotar su veta artística.
“Hace años tenía la idea de instalar un taller para hacer cerámica gres, pero nunca reservé un lugar adecuado en mi casa para eso. Hace cerca de un año encontré un taller en Andalué, al lado de los de Gina Intveen y Katia Wilkomirsky, y me instalé”.
 
Cuenta que lo artístico viene de su madre: “ella estuvo siempre súper ligada al arte; hacía cerámica, e incluso chalecos de angora, de pelo de conejo, que exportaba a Europa”.
 
¿Y por qué te decidiste por la cerámica gres?
Porque es rústico, mucho más que la cerámica tradicional, que es más fina, delicada. A mí me gusta esto porque es más cercano a mi forma de ser, soy más natural. Pero también estuve un tiempo haciendo collares con una amiga, con distintos materiales. Ahora estoy retomando eso, incorporando el gres y también el cobre. Como trabajé en minería, conocí el material y me interesa que le agreguemos valor.
 
¿Cómo aprendiste a trabajar la cerámica?
Hice un curso en Santiago, hace dos años. Cuando volvía de los turnos me quedaba por un par de días allá. Duró cerca de cuatro meses. Fue sacrificado, pero soy muy perseverante cuando algo me interesa. También he aprendido mucho por eso mismo: busco, persigo, me atrevo a probar y a innovar. Mi técnica es pura prueba y error. Tengo mi horno en la casa y ahí voy viendo la temperatura y experimentando las mezclas con vidrio, cobre y con materiales que tienen temperaturas de fusión distintas, también probando con colores y diferentes tipos de esmaltes, etc.
 
Actualmente, el taller está adquiriendo más importancia, con hartas ventas y pedidos. “Incluso algunas mineras con las que tengo contacto me han encargado mis trabajos para regalos institucionales, así que ahora estoy evaluando nuevos horizontes”.
 
El año pasado, entre octubre y diciembre, estuvo haciendo clases. “Después salí de vacaciones y estoy empezando a retomar. Estuve en Sudáfrica y traje buenas ideas para aplicar y crear cosas diferentes”.
 
¿Cuáles son tus planes?
En cuanto al taller, quiero que empiece a crecer, darle realce y más movimiento, porque está recién partiendo. Me gustaría aumentar la producción, con un equipo más grande de trabajo. Por ahora, me ayuda mi prima, y tengo la fuerte intención de poder, a corto plazo, llegar a exportar productos. Estoy también, con mucho arte y buen gusto, introduciendo a mi amado cobre en mis creaciones; lo siento como una forma de darle otra aplicación a este hermoso producto chileno que es vendido, principalmente, como materia prima. Mi apuesta es agregarlo a mis piezas de gres y así entregarlo incorporado a otro tipo de artesanía, dos productos de nuestra tierra en conjunción: el cobre y la arcilla.
 
¿Y respecto a la geología?
Eso es lo que ocupa la mayor parte de mi tiempo hoy en día. Hasta ahora trabajo sola, pero la idea es armar una pequeña empresa con profesionales del rubro y empezar a prestar servicios geológicos y ambientales.
 
¿Cómo evalúas tu momento actual?
Estoy en una etapa súper buena, muy tranquila, logrando el equilibrio en muchos aspectos. Me declaro feliz.

 

 

“Vi que se me iba a pasar la mitad de la vida perdiéndome la de ellos y no podía ser, así que sin pensarlo renuncié y me vine. Muchas personas me dijeron que estaba loca, porque nadie renuncia a ese trabajo, pero mis hijos son más importantes que el dinero o el desarrollo profesional que puedes adquirir en faena”.

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