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EDICIÓN | Junio 2013

El Mercado Central en el siglo XXI

Por Armando Cartes Montory, Director de la Sociedad de Historia de Concepción
El Mercado Central en el siglo XXI

Algunas de las instituciones más tradicionales de las ciudades fundadas por los españoles en América, siguiendo el modelo urbanístico de su propio país, son las Recovas, las Plazas de Abastos y los Mercados. La radicación de la población en ciudades implicaba asegurar el abastecimiento, la higiene, el peso y los precios de los productos que consumía la población, en especial aquellos perecibles. Era tarea del cabildo vigilar esas cuestiones, para lo cual se dictaban ordenanzas que regían su operación.

Así era también en Concepción. Ya trasladado a su actual ubicación, esa importante función se cumplía primero frente a la Plaza de Armas. Por decreto municipal de agosto de 1893, se estableció que “El Mercado se abrirá al amanecer i se cerrará al ponerse el sol”: luego de ingresados los locatarios, una campana anunciaba que ya estaba en disposición de atender al público.
Cuando la ciudad creció y se vio la necesidad de instalar un mercado en forma, se llamó a concurso público para construirlo en su actual ubicación. Corría el año 1893 y fue Enrique Schumacher el arquitecto que presentó el proyecto más satisfactorio. Las obras y las continuas mejoras, no obstante, continuaron por años, hasta dotar al establecimiento de agua potable, alcantarillado y pavimento. En la primera década del siglo XX el recinto fue ampliado, alcanzando hasta la calle Rengo.
 
El terremoto del 24 de enero de 1939 echó por tierra este bello edificio. La reconstrucción siguió las líneas modernistas, muy en boga en aquellos tiempos. El concurso respectivo lo ganaron dos reputados arquitectos: Ricardo Müller, autor nada menos que del Estadio Nacional y Tibor Weiner, profesional húngaro de origen judío, que llegó a Chile con otros refugiados, acogiendo la invitación de Pablo Neruda. Juntos, Müller y Weiner, realizaron importantes obras en la reconstrucción de nuestra Región, como la Intendencia y el Cuerpo de Bomberos de Chillán, luego del gran terremoto de aquel año.
 
El Mercado Municipal fue, sin duda, su trabajo más importante. Simulando el hangar de un antiguo Zeppelin, su bóveda se proyecta a cincuenta metros de altura, destacando nítidamente sobre el área circundante. El original diseño, muy sólido estructuralmente, resistió sin problemas dos terremotos, en 1960 y 2010. El abandono, por desgracia, en que cayó durante los últimos veinte años, dañó su estructura y la función que cumplía en la ciudad, como espacio de sociabilidad. El reciente incendio solo vino a culminar un ciclo de deterioro, que ha arrastrado a su entorno. Eso y la culminación de un largo juicio determinan un punto de inflexión: ¿perderemos para siempre un edificio notable o recuperaremos un espacio público que conserva ricas tradiciones penquistas? ¡Yo voto por recuperarlo!
 

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