Si bien la obra de Macarena Toro no está pensada como una serie o colección en particular, al conocer sus ilustraciones no se puede evitar juntarlas todas para crear una especie de cuento. Ese relato ocurre en un bosque, cerca de unas montañas, y varios jóvenes están jugando, riendo y compartiendo con animales. Suena una música, probablemente de la banda penquista Niño Cohete, y todos ríen.
Y es que en su trabajo hay una coherencia notable, que la ha hecho reconocida dentro del circuito penquista y que ahora se expande hacia otras ciudades, dejando atrás a la insegura Macarena que no estaba conforme con su portafolio. “Desde chica que dibujo harto, pero la verdad es que nunca fui muy buena. Hay que practicar mucho, y sigo en eso todos los días. Es algo que uno tiene que hacer constantemente, y solo así he logrado que me gusten mis cosas. Uno es su principal crítico”.
Quizás por ver a su madre que tomaba cursos de pintura en cerámica, moda y otros, esta ilustradora estudió diseño gráfico en Duoc UC: “Siempre quise cursar esa carrera, la encontraba súper entretenida. Pero en segundo año me quería ir, no me gustó, sentía que no era para mí. Los profesores insistían en que todo tenía que tener un porqué y siempre había que pensar en un concepto y una marca. Y a mí me gustan las cosas porque sí. A veces pensaba que debería haber estudiado arte, pero ahora me doy cuenta de que estuvo bien. Decidí quedarme como para llevar un poco la contra, pero ahí fui conociendo otras áreas que me gustaron, como la de imprenta, y me reencanté con la carrera”.
¿Pero te iba bien?
Me iba normal. Nunca me gustó mucho destacarme, no quería que los profesores supieran mi nombre. Lo que me daba miedo era estar con mi carrera y por fuera con esto de la ilustración, me daba susto que los profesores supieran eso y criticaran mi trabajo. Ahora no hay problema.
¿Eres muy insegura?
No sé si es inseguridad o qué. Pero cuando salí de diseño veía mi portafolio y no me gustaba nada. Ahora me siento un poco mejor, más conforme con las cosas que he hecho.
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Y finalmente sí creó su marca. Es su nombre el que ya está dando qué hablar, a pesar de que su experiencia en las artes se limita a un curso de óleo que hizo un año antes de ingresar a diseño.
¿Cuándo empezaste a ilustrar de manera más profesional?
En realidad, siempre estuve dibujando, pero era otro tipo de ilustraciones, más infantiles, incluso la técnica era distinta: antes utilizaba más el computador. Después me aburrí, quería hacer cosas más reales y empecé a dibujar en papel. Fue una búsqueda que llegó a una inspiración particular: me llaman la atención las ilustraciones de algunos libros, como los diccionarios, que utilizan puntitos y rayitas. Ese es el estilo que he estado desarrollando.
Los libros son la inspiración para tu estilo, pero ¿de dónde te vienen las ideas de las cosas que dibujas?
En general, me gusta buscar fotos, y cuando hay alguna que me gusta, le pido permiso al dueño para dibujarla. También si veo cosas en la calle, sobre todo me pasa en los viajes, lo escribo o le saco una foto.
¿Cómo sigue el proceso de creación a partir de ahí?
Luego que tengo la foto o lo que escribí, llego a buscar más referentes en internet. Es difícil tener la memoria suficiente para recordar en detalle cómo dibujar un objeto o una persona. Hay gente que lo puede hacer, pero no es mi caso. Yo las tengo que ver, no puedo fiarme de mi memoria. Después empiezo a croquear y lo paso en limpio. Luego le agrego las rayitas, y trato de meterle color, dependiendo de si lo hago con marcadores o acuarelas. Lo que más uso es papel acuarelable y rapidograf. Posteriormente lo escaneo, le saco las pifias
y, en el caso de los stickers, los mando a imprimir. Pero las poleras y tazones los hago a mano, dibujo directo en el producto.
Eso es harto trabajo, ¿no?
Sí, de hecho hice un curso de serigrafía para avanzar más rápido, porque a veces me hacen pedidos grandes. Por ejemplo, una tienda me pidió treinta bolsos, entonces tenía que encontrar una manera de ser más eficiente con el tiempo.
¿Para quién has trabajado?
Hago trabajos para bandas, algo que me gusta harto. He hecho para Niño Cohete, Cantàreman, Arranquemos del Invierno y Lisboa. Además, dejo mis cosas en tiendas, como Puro, acá en Concepción; Mariaestaloca y Megusta en Santiago; y Placard, en el Cerro Alegre de Valparaíso. También he hecho colaboraciones para algunas revistas como Carpaccio Magazine de España, PluzUltra Magazine de Argentina y La Factory de Paraguay.
¿Cómo te contactan?
Por internet, por mi página y facebook. También trato de escribir harto en blogs presentándome y dando a conocer mi trabajo. De hecho, en el caso de algunas tiendas yo las he contactado para ofrecer mis productos. Otras me han pedido, pero prefiero aceptar cuando empiece a hacer más cosas en serie.
¿Qué planes tienes de ahora en adelante?
Trato de proyectarme de aquí a un año solamente. Tengo en carpeta el arte del disco de Arranquemos del invierno, que es un desafío porque son motivos más relacionados con muerte y bichos, algo que no he hecho antes. Por otro lado, con la dueña de la tienda Mariaestaloca, que es diseñadora de vestuario, haremos una serie de poleras con mis dibujos. En paralelo, estoy buscando trabajo como diseñadora, pero no sé si me haría feliz, pues ahora esto es lo que me llena y estar en una oficina no sé si lo hará.