Tell Magazine

Entrevistas » Deporte

EDICIÓN | Junio 2013

Con alma tuerca

Ramón Ibarra, piloto de rally
Con alma tuerca
De la bicicleta al auto de carrera, su vida siempre ha estado entre los fierros. Considerado uno de los pilotos más importantes del automovilismo nacional, hoy es figura del rally, donde acaba de debutar en una nueva categoría. Ramón vive y respira velocidad. 

por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A. y gentileza Ramón Ibarra.

En las alturas de La Reina, como escondida entre medio de los cerros, hay una inmensa pista de GoKart. Rodeado de neumáticos y entre los llamativos autos pintados del Rally Mobil, aparece este hombre flaco, de intensos ojos claros y actitud retraída. 
 
Tiene cuarenta y un años, pero se ve mucho más joven. La verdad, parece difícil imaginárselo manejando a cientos de kilómetros por hora y con la adrenalina al tope.
 
Ramón Ibarra nació en una familia tuerca. Y desde chico quiso competir. Partió siendo un niño en el circuito de bicicross. Eran los ochenta y esta disciplina era un boom entre los niños, pero él no era cualquier fanático, quería ser el mejor y lo consiguió rápidamente: fue campeón nacional a los diez y once años y participó en los mundiales de Holanda y Estados Unidos.
 
“Aprendí mucho en esa época. Me acuerdo que en las partidas me ponía muy nervioso y tuve que aprender a concentrarme, lo que me ha servido hasta el día de hoy. De ahí el paso lógico era el motocross, donde desarrollé el tema de los reflejos y aprendí sobre motores y neumáticos, una súper buena base para el automovilismo. El problema es que era una disciplina muy peligrosa, así que después de un par de accidentes decidí que era hora de pasarme a los autos”, explica.
 
En ese momento todavía estaba de moda Las Vizcachas…
Sí, y partí corriendo en Fórmula 4, una categoría que ya no existe, pero que es muy buena para acercarse a este mundo. No eran autos muy potentes, pero tenían la estructura básica de las carreras. En ese momento tenía diecisiete años y era perfecto para mí. El noventa salí campeón y me pasé a la Fórmula 3.
 
¿A esas alturas ya estabas decidido a dedicarte a esto de manera permanente?
Fue una época muy enriquecedora. Me tocó correr con grandes nombres del automovilismo chileno, como Giuseppe Bacigalupo, Santiago Bengolea y Carlos Capurro. A esas alturas, el deporte se estaba haciendo menos masivo, pero yo estaba tan metido en lo mío que no me importó. Fui campeón desde el noventa y cuatro al noventa y siete, y en paralelo decidí que tenía que estudiar algo, sabía que el medio era ingrato y que se trataba de una afición muy cara, así que probé con varias cosas hasta que terminé en administración de empresas, que fue la carrera que me permitió compatibilizar las dos cosas.
 
¿Costaba mucho conseguir auspicios?
Sí, sobre todo cuando decidí pegarme el salto a la Fórmula 3 sudamericana, una categoría mucho más avanzada y con tecnología más cara, parecida a la europea. Se corría en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay y logré un auspiciador que me permitiera viajar y estar en todas las carreras. Ahí estuve hasta que, en 1998, los autos de modificaron y se dividió en dos grupos: la clase A para los autos nuevos y la B para los que seguían corriendo con los mismos. Ese año salí campeón de la categoría B, pero el siguiente no pude correr por falta de auspicio.
 
Debe ser frustrante dedicarte a un deporte que no es masivo y muchas veces no poder hacerlo por falta de presupuesto.
 
Es una pelea constante, hay que salir a buscar plata todos los años. Permanecer en el circuito todos estos años es un gran logro, que además implica un reconocimiento del mundo tuerca.
 
 
SU LLEGADA AL RALLY
 
La única forma de mantener su sueño automo- vilístico ha sido reinventarse. Ramón lo sabe muy bien. Además de mantener un negocio de GoKart que le entrega cierta estabilidad y lo mantiene ligado al mundo que lo apasiona, debió adaptarse y comprender que las carreras de fórmula ya no eran viables para él.
Fue entonces cuando el rally se le apareció como una posibilidad.
 
“Se empezó a hablar del Rally Mobil y de lo importante que iba a ser. Y me tiré a la piscina. Todo era muy diferente; los pilotos normalmente deben vivir un período de adaptación a las nuevas condiciones de conducción que yo tuve que ir haciendo sobre la marcha y aprendiendo que no necesariamente ser un buen piloto de autos implica hacerlo bien en el rally”, dice.
 
¿Cuál fue la diferencia que más te costó asumir?
Sin duda, la de tener que incorporar a un navegante. El automovilismo es un deporte solitario y yo quería seguir corriendo solo... pero no se podía. Me acuerdo que para la primera carrera, la federación me consiguió un copiloto y cuando lo vi no lo podía creer: pesaba como cien kilos y yo, que venía con la idea de que en el automovilismo los pesos son muy importantes, pensé que estaba absolutamente perdido, que no nos íbamos a mover. Después aprendí que en estas carreras las cosas funcionan de otra forma.
 
¿Cómo recuerdas ese período de adaptación?
No fue fácil. En la primera carrera me volqué y recién en la cuarta fecha pude conseguir un cuarto lugar. Fue un año de aprendizaje.
 
“Al año siguiente empezaron los campeonatos de marca y me ofrecieron correr por Hyundai. La primera época fue bien difícil, no ganábamos nada... hasta que el 2003 logré salir campeón”, recuerda.
 
¿Qué descubriste del rally que terminó por conquistarte?
A pesar de ser una disciplina muy difícil, porque implica mucha logística y planificación de rutas, el ambiente es muy bueno, lo mismo que la relación con el resto de los pilotos, porque aquí no compites contra ellos sino que contra el reloj. Además, viajas y conoces lugares preciosos, siempre hay tiempo para disfrutar del entorno.
 
Preparar una carrera de rally tiene tres etapas muy marcadas. Como generalmente se trata de caminos inexplorados, todo el secreto está en saber leer adecuadamente la ruta. Para eso, el piloto y su navegante hacen una primera pasada, normalmente en autos comunes y corrientes y a baja velocidad, en que van anotando las características del camino, las curvas y las dificultades. En esa etapa el piloto le dicta al navegante los detalles. En una segunda pasada, este va leyendo las anotaciones mientras recorren el terreno. La tercera pasada ya es la carrera.
 
¿Crees que el rally está reforzando el tema del automovilismo en Chile? Mal que mal, el Dakar se está transformando en un tremendo evento...
La verdad es que no tengo muy claro que el Dakar sirva de algo para el desarrollo del Rally Mobil. Para mí, deportivamente lo que yo hago es mucho más valioso, porque el Dakar lo puede correr cualquiera que tenga la plata para tener un auto.
 
¿No te interesaría participar?
Me gustaría, pero en ningún caso es un objetivo para mí.
 
El 2009, Ramón comenzó a correr con sus propios autos y hoy tiene su equipo con la marca Suzuki. A mediados de abril se corrió la primera fecha en Coihaique y el 14 de junio se realizará el Gran Premio de Concepción.Esta fecha, eso sí, viene con algunos cambios. “Estamos en una nueva categoría, la R3, con autos hechos especialmente para correr y no adaptados, como era hasta ahora. Es la misma categoría que existe hace varios años en Europa. Somos ocho autos para disputar el título, lo que me tiene muy entusiasmado”.

 

 

“El rally es una disciplina muy difícil, porque implica mucha logística y planificación de rutas, el ambiente es muy bueno, porque aquí no compites contra ellos sino que contra el reloj”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+3+6   =