M.P.G: Es cierto, pero teníamos la convicción de que la lectura y el acercamiento a la literatura te pueden ayudar a tener una mejor vida. Nosotros lo hemos vivido y, por lo mismo, queríamos compartirlo. Al contrario de lo que vimos en la librería con la clase alta, hemos llegado a lugares donde nuestros aportes se agradecen inmensamente. Y ahí descubres que la clase media es, por lejos, la más culta en Chile.
R.D: Son los que más valoran la cultura. Y eso te lo demuestran, por ejemplo, las iniciativas de sacar libros de forma masiva. Cuando una estación de servicio lanzó la campaña de vender libros con descuento por bencina la que más recaudó fue una bomba de Ñuñoa. M.P.G: Además, suele pasar que los escritores vienen de familias de clase media, no de La Dehesa. Y eso tiene que ver con dolor, carencias y necesidades, porque la literatura es una forma de sanar. Y hay creación a partir de la falta de cosas.
C.P.H: Cuando llegas a sectores más vulnerables, logras transmitir el sentido de la lectura y la gente reconoce el valor de sentarse un rato frente a un libro. Pero eso pasa también por validar al lector, pues no solo lee el que toma una novela de quinientas páginas; leer no es solo aprender, sino también un espacio de tranquilidad, de consuelo, de escuchar cosas bonitas, de descubrir lugares.
M.P.G: Por eso es tan importante desescolarizar la lectura. Siempre la asociamos con algo obligatorio y a nosotros nos interesa propiciar la lectura placentera.
¿Cuáles son las acciones que hace la fundación para lograr eso?
R.D: Nuestra principal línea de acción son las bibliotecas escolares.
C.P.H: Pero no se trata solo de armar el espacio, sino también de tomar las acciones necesarias para fomentar la lectura en esas bibliotecas, desarrollo de programas, seguimientos.
¿Cuál es la diferencia entre una biblioteca de ustedes y la típica de un colegio?
R.D: Buscamos ser un refugio, que los miembros de la comunidad vayan a pasar un momento agradable, a leer el diario, una revista o un libro. Nos preocupamos de que las condiciones estén dadas para eso. La distribución no es estándar, depende de cada proyecto, de la realidad en que cada una de las bibliotecas de inserte.
M.P.G: La biblioteca es un objeto, pero lo que vale es el vínculo que establece con las personas. El libro puede ser un medio de cambio para entablar relaciones.
C.P.H: La gran diferencia está en el proceso. Nosotros acompañamos a las personas que van a ser mediadores de la lectura, vamos caminando al lado de ellos, poniéndonos en sus zapatos.
¿Cuáles son las características de ese “acom- pañamiento”?
R.D: Lo primero es empoderarlos. En el sistema municipal, en general, las bibliotecas no están a cargo de bibliotecarios, sino que de auxiliares que, dentro del organigrama, aparecen disminuidos. Hay que partir por hacerlos sentir importantes, dignificarlos. M.P.G: También hay un trabajo muy fuerte con los profesores y la dirección del colegio, porque no sacamos nada con tener un bibliotecario que se cree la muerte si nadie lo pesca... el proceso enmarca a la comunidad escolar completa. No somos vendedoras de bibliotecas, nuestro producto más importante es el trabajo en recursos humanos. Hay muchas barreras que superar, hay que dejar atrás la idea de que este es el espacio para castigos y pruebas atrasadas...
A los espacios de lectura dentro de los colegios, la Fundación Había una vez suma bibliotecas en centros de salud, cárceles y empresas. Su principal aliado en la concreción de estas ideas es la Fundación Luksic, con quienes han desarrollado una red de bibliotecas en el sur del país, que hace poco les significó un premio entregado por el Ministerio de Educación de España. Al mismo tiempo, hace tres años elaboran una revista interactiva (
www.revistahabiaunavez.com), que ha resultado una gran herramienta para mediadores y adultos que acompañan a los niños en su camino hacia la lectura.
NIÑOS LECTORES
“Fui una niña muy sola, no muy sociable y con una familia un poco disfuncional, por lo que en los libros encontré un espacio de calma y satisfacción y me fui empoderando. Siempre andaba con un libro en la mochila y me sentía acompañada. Tuve la suerte de tener padres muy lectores que sirvieron como modelos, el ambiente siempre estuvo dado y es lo mismo que quise transmitirles a mis hijos, comprando libros casi exageradamente. Para mí, que en una casa no haya libros, es como que falte la cocina”, señala María Paz Garafulic.
¿Cuál es la situación en Chile? ¿A cuánto estamos de lograr niveles de lectura y de existencia de bibliotecas de países como Estados Unidos?
M.P.G: Muy lejos... hay un tema sociológico, de cómo se conforman las comunidades en países en que las bibliotecas son instalaciones comunitarias y la gente está acostumbrada a que estén allí, casi como un recurso natural.
Acá tenemos poca capacidad para generar espacios de ese tipo. Cuando tienes una biblioteca cerca, por buena que sea, la gente no va. La biblioteca no basta, se necesitan hábitos lectores.
O sea, la queja de “yo no leo porque los libros son caros” no es válida...
M.P.G: No, es como no comer pan por lo que cuesta la harina...
R.D: Hay bibliotecas buenísimas.
C.P.H: Lo que pasa es que la biblioteca no debe sostenerse solo por la lectura. Hay muchas otras formas de llevar a los niños: se pueden ver películas, cuentacuentos, hacer puzles, juegos didácticos, tener espacios para las guaguas.
¿Qué están leyendo los niños?
M.P.G: Hay un boom de bonitas ediciones, hoy se regalan libros y leerle cuentos a los niños en las noches se ha hecho una costumbre. Están leyendo en internet, el acercamiento es distinto. También están de moda muchas películas basadas en libros, y es ahí donde se crea una oportunidad... si vamos a ver una película de gladiadores, aprovechar de meter el tema e invitarlos a leer sobre mitología, por ejemplo.
C.P.H: Es importante no pretender que los niños lean como nosotros... ellos son capaces de estar en siete cosas al mismo tiempo. Son otros tiempos. No podemos forzarlos a leer lo que nosotros leíamos cuando chicos. Es cierto que hay clásicos que son imperdibles, pero es importante dejar que la evolución hacia ellos sea natural.
¿Qué pasa con las nuevas tecnologías y soportes: Tablet, Kindle, IPad?
R.D: Lo importante es el vino no la botella. A nosotros nos parece fantástico que existan, pero tenemos claro que hay que trabajar el hábito antes que cambiar el soporte.
M.P.G: Para mí, incluso pasa por un tema ecológico. Creo que todos los textos escolares debieran ser digitales y así evitar el uso de toneladas de papel.
¿Existe algún estándar o fórmula para saber cuándo un niño tiene hábitos lectores?
R.B: Hay que leerles desde que nacen, ojalá desde antes, desde siempre.
M.P: Creo que un buen lector es aquel niño que usa parte de su tiempo libre en leer. Ese es un muy buen indicador.
R.D: Y cuando hablamos de leer nos referimos a varios géneros: chistes, comics, novelas gráficas, libros objetos. Si de Condorito pasamos a Tintín, el proceso es válido, y allí el rol del mediador es fundamental, para ir mostrándole a los niños mayores niveles de complejidad.