Se trata de una de las tiendas más exclusivas, elegantes y tradicionales del centro de La Serena. La joyería Suiza, ubicada en pleno casco histórico local, encanta no solo con la belleza de sus productos, sino también por la decoración del lugar. Entre la madera y cristalería de sus vitrinas, resaltan aún más el resplandor de una serie de piedras preciosas, metales y relojes, mientras se escucha de fondo, cada media hora, el tic-tac de los relojes de pared que adornan sus murallas.
Sus nuevos administradores tenían una estrecha relación con quien fuera el propietario desde sus inicios: don Roberto Monnard. Tras su lamentable fallecimiento, en abril de este año, Carla Aeschlimann y Nicolás Di Vanni tomaron las riendas definitivas del negocio, motivados por continuar con el legado suizo, eso sí, con un toque de mayor exclusividad y modernismo.
Ambos vivían en Santiago. Carla es profesora de educación básica, mientras que Nicolás Di Vanni estudió administración de empresas hoteleras. Son hermanos por parte de madre. Él se dedica principalmente a los relojes, mientras que ella prefiere quedarse con el trabajo más delicado.
BRILLANTE ELEGANCIA
Desde hace más de ochenta años, Joyería Suiza se especializa en la brillantería, principalmente en oro blanco y amarillo, y platino, además de la elegancia de los mejores relojes del mundo.
¿Cómo nace Joyería Suiza?
N: Surge como una pequeña tienda en el sur de Chile que se dedicaba principalmente a los relojes más que a las joyas. Llegaron dos familias colonas de Suiza y se radicaron en Traiguén. Roberto Monnard y su esposa Edith Gottreaux, es decir, los padres de Roberto. Ellos fueron los creadores de este bello negocio.
¿Y cómo llegó a La Serena?
N: Al tiempo después, un pariente cercano de ellos abrió una joyería en Coquimbo, y luego establecieron un local en La Serena. Sus comienzos, hace más de ochenta y cinco años atrás, fueron en calle Cordovez frente al Museo Arqueológico. Luego se cambiaron a calle Cienfuegos, a un costado de la Cruz Roja. Y hace unos trece años se establecieron definitivamente acá, en calle Prat.
¿Siempre con el mismo nombre?
N: Así es, siempre ha sido “Joyería Suiza”. Se ha caracterizado por ser un negocio familiar, antiguamente era atendido por los hermanos Monnard y actualmente por Carla y Nicolás, también dos hermanos con sangre helvética.
Y ustedes ¿cómo llegaron a este negocio?
N: Me encariñé con Roberto y el negocio, ahí tomé la decisión de no volver a estudiar e invité a mi hermana a participar de este nuevo proyecto.
C: Nosotros éramos los que abastecíamos toda la mercadería a la tienda. Desde el año pasado somos los dueños y administradores, luego de aprender todo sobre el local, cómo atender y cómo reparar relojes.
EL LEGADO MONNARD
Año tras año, el trabajo, el servicio y los productos fueron destacándose a nivel regional. Legado que se ha transformado, hoy en día, en una responsabilidad y en un desafío para estos nuevos administradores. Que el público los conozca por su prestigio, es su objetivo.
¿Cómo definirían la relación que tenían con Roberto Monnard?
N: Muy cercana, no somos parientes pero llegamos a ser tan cercanos, que es como si lo hubiésemos sido. Mi papá venía frecuentemente porque proveía de mercadería a su local. El “Tito” llegó a ser casi un abuelo postizo.
¿“Tito”?
C: Así le decíamos de cariño. El “Tito”, el año pasado, venía todos los días a acompañarnos, en los mismos horarios y sin tener la necesidad de hacerlo, compartió todo con nosotros.
¿Una relación familiar de años?
N: Roberto y mi abuelo eran muy buenos amigos. Incluso, cuando mi papá se vino internado a esta región, él era su apoderado ¡imagínate!
Entonces ¿él fue su mentor en el negocio de las joyas?
N: En cierta forma sí. Aunque nosotros nacimos en este mundo, porque mi padre es proveedor en varias tiendas.
C: Todavía se siente y se extraña.
NUEVOS AIRES
Desde que eran pequeños, Carla y Nicolás escucharon conversaciones sobre piedras y metales preciosos. “Nosotros vemos un pedazo de metal y ya no lo miramos como tal, proyectamos cómo ese mineral puede después abrazar un piedrita”, afirma Nicolás.
¿Hay una renovación entre la tienda antigua y la actual?
N: Hemos ido perfeccionándonos en cosas más actuales, ya prácticamente no se reparan los relojes mecánicos como lo hacía “Tito”. En la actualidad, entregamos mayor calidad porque trabajamos directamente con los proveedores; en definitiva, creamos nuestra mercadería a través del negocio de mi padre que nos abastece.
¿Con las mismas marcas de antes?
N: El setenta por ciento de los relojes que tenemos son suizos. Ampliamos las colecciones de relojes con marcas como Longines, Rado, Tag, Festina y Swiss, que están dentro de las top diez internacionalmente. Contamos con una colección de doscientos cincuenta piezas. Así también, nos hemos ido desmarcando de sellos tradicionales como Casio que se encuentran en todas partes.
Y en ese sentido, ¿hacia dónde quieren apuntar?
C: Queremos incorporar en el consciente de la gente que ya no solo está la joya importada, esa que llega y se pone en exhibición, como se caracterizaba esta joyería. Ahora hemos ido introduciendo productos elaborados por nosotros, principalmente con oro blanco paladio que es una combinación de oro y los brillantes, que son piedras de altísima calidad.
¿Han visto algún cambio en cómo la gente ve la joyería fina?
C: Hoy en día, la gente se está empezando a dar cuenta de la excelencia de las joyas. Antiguamente, la perla de mejor calidad —especialmente para las señoras mayores— era esa amarillita, pero con el tiempo las personas han entendido que mientras más blanca es la perla, su atributo es superior.
¿La gente se atreve a innovar y salir de lo clásico?
C: Sí, el público quiere ver creaciones nuevas y exclusivas. Incluso mucha gente nos trae sus propias joyas antiguas, esas que tenían guardadas, y nos dicen “ya no las ocupo”; yo les digo: “veamos qué se puede hacer”. Reconfeccionar las piezas e innovar con diseños atractivos, es nuestra apuesta.
Entregar un producto personalizado…
C: Ciento por ciento personalizado, así te aseguras la máxima exclusividad. También hay gente que nos trae sus propios bosquejos de lo que quiere.
¿Con un servicio óptimo?
C: Nosotros somos los dueños, atendemos el local, asesoramos al cliente, reparamos relojes y hasta confeccionamos. Todo al gusto del cliente, manteniendo relaciones directas y siempre conservando la calidad.
¿Y los jóvenes hoy se atreven comprando joyas?
C: Al comienzo llegaba mucha gente mayor, clientes habituales, en especial señoras. Pero este último tiempo en que hemos estado nosotros, han cambiado las generaciones. Ahora vienen los nietos de los clientes de “Tito”.
EXCLUSIVIDAD A LA VENTA
Venden un sinfín de productos, de todos los precios y para todos los segmentos, señalan, ya que también trabajan la plata. Desde cadenas de plata, que no superan los cinco mil pesos, hasta piezas excepcionales, únicas, destacadas mundialmente y avaluadas en millones de pesos.
¿Cuál es la pieza más costosa de la joyería?
N: Lo más caro no tiene precio (risas). Podemos estar hablando de millones y millones de pesos, pero todas esas piezas no las manejamos acá, porque tenemos contacto con empresas en el extranjero. Las solicitamos a ellos, cuando se requieren.
La premisa es la exclusividad…
N: La mejor forma de que la gente nos reconozca es ofreciendo piezas de calidad y un servicio exclusivo, eso finalmente es nuestra mejor promoción.
¿También reparan y confeccionan joyas?
N: Contamos con un pequeño taller, pero todas las cosas que tienen mayor complejidad se van al taller de mi papá en Santiago, ¡ahí quedan en excelentes manos!
¿Cómo ha sido esta etapa para ustedes?
N: Antes había un stock limitado y hoy tenemos un surtido novedoso. Las ventas se han incrementado y estamos trabajando a muy buenos precios, tanto que la gente nos dice: “las cosas son muy bonitas y muy baratas”, “pensé que era más caro acá”, “están dentro de los precios”. Eso nos da un margen positivo con la gente y eso es lo que nos importa.