C on el mejor de los ánimos, después de un día agotador, dejan atrás la vorágine del trabajo, las carreras al colegio y las labores domésticas, para tomar posición en la cancha y entregar lo mejor de ellas. Son “aperradas”, se ríen, reclaman, defienden los puntos contra viento y marea, pero por sobre todo, lo pasan bien y se nota.
A este factor común, se suma el que todas son madres y el que durante la época escolar y luego universitaria, dedicaron su tiempo libre al mismo deporte: el voleibol.
Actualmente, son cerca de dieciocho mujeres las que integran el equipo femenino de voleibol de la Scuola Italiana de La Serena (nombre de origen) y que tuvo su formación en el año 1993, cuando se creó esta institución educacional. Por una iniciativa de la apoderada Marisol Callegari, se invitó a las mamás del colegio a formar parte de este naciente equipo. A ella se unieron las pioneras del grupo: Rossana Bortolameolli y Lili Callegari. Poco tiempo después se incorporó Hortensia Flores y, más tarde, Maricarmen Dallaserra, quienes encontraron en este equipo la posibilidad de dar continuidad a una pasión deportiva y a una afición que, para muchas, se forjó desde la infancia.
Así, el equipo fue creciendo en participantes y logros. Once años después, adquiere personalidad jurídica y toma el nombre de Club Deportivo de Voleibol Scuola Italiana. “Para poder postular a proyectos concursables, se formó este club, en el que no solo participamos las mamás y apoderadas, sino toda la familia. Partimos con un entrenador externo, amigo de una de las integrantes del equipo y luego, desde el 2004 hasta el año pasado, el voleibolista Héctor Monroy fue nuestro monitor y el que sacó lo mejor de nosotras”, comenta Hortensia Flores,
quien participa de nuestra entrevista junto a tres integrantes del equipo: Rossana Bortolameolli, Ximena Ibáñez y Maricarmen Dallaserra.
¿Cuál fue el primer logro competitivo que las catapultó?
RB: Nos invitaron, en el noventa y cuatro, a un cuadrangular de voleibol organizado por la Universidad Católica del Norte. Recuerdo que jugamos, en ese entonces, Lily y Marisol Callegari y quien habla. Obtuvimos el tercer lugar y nos ganamos cuarenta mil pesos. Eso fue un gran logro para nosotras; además, con ese dinero compramos nuestros equipos.
“Nuestras primeras poleras fueron blancas con morado y decían Trentino”, agrega Hortensia, quien se incorporó al equipo en el año noventa y cinco.
A medida que avanza la conversación, Rossana y Hortensia van hilando recuerdos y anécdotas que van marcando hitos en la historia de este equipo. Entre risas comentan que, en el año noventa y siete, cinco integrantes del grupo quedaron embarazadas al unísono. Hoy sus hijos tienen dieciséis años y han crecido juntos, como amigos y compañeros de curso.
¿Qué ocurrió entonces con el equipo, si todas iban a ser madres?
HF: Algunas seguimos jugando, pero también, en esos años, hubo una renovación de jugadoras que comenzaron a integrarse al equipo. Invitamos a apoderadas de otros colegios, como el International School.
¿Qué pasó con aquellas mamás pioneras del equipo y que hoy no participan?
HF: Son parte de nuestra historia. Cuando tenemos una actividad, ellas también forman parte de la organización y apoyan logísticamente en los eventos, a pesar de que ya no juegan. Siempre, de alguna manera, nos están cooperando.
¿Sienten alguna diferencia entre el equipo de hoy y el que se formó en sus inicios?
MD: Además del vínculo deportista existía, en ese entonces, un lazo importante entre las integrantes, porque la mayoría éramos de la colonia italiana, nos conocíamos desde la infancia. Igual se extraña eso, pero en el fondo no se ha perdido el espíritu de equipo.
¿En qué momento ven a este deporte de manera competitiva?
RB: Los resultados de nuestro equipo comenzaron a ser tan exitosos que nos creamos una fama de un grupo organizado y competitivo. Nos invitaron a participar a campeonatos en Santiago, Villa Alemana, en el Estadio Italiano, Club Español, Club Providencia, Colegio Saint George, etc.
HF: Las integrantes del equipo, en promedio, no somos muy altas, entonces, cuando íbamos a jugar afuera, yo sentía que nos miraban con cierta displicencia. A medida que íbamos pasando las etapas, teníamos más fuerza para jugar. En definitiva, empezamos de menos a más y hoy contamos con una trayectoria y un respeto importante.
Y no cabe duda que esa fuerza las ha hecho acreedoras de una serie de triunfos en varios campeonatos locales y nacionales. Por nombrar algunos, en el 2006 obtienen el primer lugar en cuadrangular Colegio Alemán La Serena y el segundo lugar en campeonato seniors Saint George. En el 2008 obtienen la segunda posición en Estadio Italiano “Copa Italia Patricio Grisantti” y ese mismo año, son las ganadoras del campeonato interregional seniors damas y varones. En los años siguientes participan en el campeonato de la Asociación de Voleibol de La Serena, logrando una segunda y tercera posición.
Como club, son las organizadoras de la “Copa Italia La Serena”, evento que las ha posicionado en el primer y segundo lugar de la competencia.
ESPÍRITU Y DISCIPLINA
Dos veces a la semana se reúnen sagradamente en el gimnasio de la Scuola Italiana para entrenar.
Cambian su vestimenta habitual por buzo y polera y salen a la cancha. Es su espacio, su momento de distensión, pero... en una hora pick.
Entrenan en la noche, hora de cena, de preparativos, de estar en familia ¿les complica? XI: Entrenamos los lunes a las ocho y los jueves a las nueve, se supone que son dos horas... pero siempre nos pasamos en el tiempo. A veces llegamos cerca de las doce de la noche a nuestras casas (risas).
RB: La mayoría somos de familias deportistas, entonces tenemos un gran apoyo detrás. El marido, los hijos entienden de qué se trata esto. En ocasiones resulta complicado entrenar por el horario, pero nos damos el tiempo, porque nos encanta.
Un aliciente importante es la cohesión del equipo, ¿se sienten una gran familia?
HF: Yo tengo cincuenta y seis años, toda mi vida he hecho deporte, pero a veces pienso, que es hora de dejar el equipo para dar cabida y espacio a jugadoras más jóvenes. Sin embargo, en las buenas y en las malas, hemos estado siempre juntas... esa unión, ese apoyo, es lo que me motiva a continuar. Sin duda, más que un equipo deportivo, somos una gran familia. XI: Yo me incorporé hace poco tiempo y siempre me he sentido muy bien acogida en el grupo. Lo pasamos bien, venir a los entrenamientos siempre es motivante.
Es un sentimiento que también se transmite a los hijos...
HF: ¡Exacto! El deporte y en especial si es trabajo en equipo entrega: disciplina, lealtad, cohesión, empatía, etc. Todos estos son valores y ejemplos para nuestros hijos.
RB: Mis tres hijos juegan voleibol, crecieron en torno al deporte. Cuando eran más chicos me acompañaban a entrenar y eso de alguna forma los marcó.
¿Qué significa para ustedes el voleibol?
XI: Es parte de mi vida en un ciento por ciento, no me la imagino sin el voleibol.
HF: Me ha permitido conocer mi país, crear lazos de amistad, pero lo más importante ha sido formar parte de este equipo, es un grupo cohesionado... ha sido muy lindo.
¿Y las satisfacciones de integrar este equipo?
RB: Cuando llegué a La Serena, fue el grupo que me acogió y hasta el día de hoy son mis amigas. Hemos compartido situaciones de vida muy importantes, que son extradeportivas, entonces el lazo es muy fuerte. Por otra parte, son varias horas de entrenamiento y de viajes fuera de la ciudad, de manera que el apoyo de los maridos y de los hijos ha sido fundamental. MD: Acá no estás sola y aprendes a actuar como equipo. Por otro lado, ha sido muy importante en la formación de mi personalidad, así también, es un ejemplo para nuestros hijos, para que ellos se motiven y lo asuman como un estilo de vida. Si tú me preguntas, ¡yo no me voy a otro equipo!
¿Alguna de ustedes ha pensado jubilarse del voleibol?
HF: Hasta que los huesitos lo permitan, vamos a seguir (risas).