Su idea era quedarse por cinco meses en Las Rojas —pueblo del Valle del Elqui— y ya han transcurrido más de quince años. Una casa abandonada, ubicada justo al fondo de la calle principal, se convirtió ensutalleryensu
hogar. El intenso rojo colonial de su fachada es la puerta de ingreso al pequeño mundo de Audé, un espacio donde pasa gran parte del día, entre telas, pinceles, herramientas y materiales reciclados.
Robustas repisas que se alzan hasta el techo, sostienen las innumerables obras de este pintor autodidacta, oriundo de Chañaral, y que a los diecisiete años emigró a Santiago, donde trabajó en un taller de fierro forjado y luego, alejado del arte, en la Superintendencia de Bancos.
Su vida tuvo un vuelco rotundo en el año setenta y cuatro. El destino esta vez lo llevaría hacia el norte de Europa y al más meridional de los países nórdicos: Dinamarca. Aquí, en la cuna del famoso escritor danés Hans Christian Andersen y del influyente cineasta Carl Theodor Dreyer, el artista chileno abrió un camino incesante hacia el desarrollo intelectual y al aprendizaje de variadas técnicas de expresión artística.
¿Dinamarca te abrió las puertas al conocimiento?
Europa en general, pero aquí me formé como pintor. Se me dieron todas las condiciones para desarrollar mi sensibilidad con el arte. Participé en varios talleres y tuve la posibilidad de conocer, en Francia, a connotados artistas que me ayudaron mucho en este proceso de formación. Me arrancaba del frío polar de Dinamarca y viajaba bastante a París, Berlín, Madrid.
¿Qué técnicas aprendiste en tu estadía en Europa?
Estuve quince años viviendo en Europa, así que pude hacer muchas cosas. Comencé con el grabado, luego la pintura, cerámica, fotografía, todo lo relacionado con las artes plásticas. Trabajé en esculturas y también en talleres de fierro con un astillero en Dinamarca.
¿Tuviste la posibilidad de exponer tus obras?
Cuando comencé a dedicarme profesionalmente a la plástica e ingresé al círculo de artistas, tuve
la posibilidad de exponer mis obras de manera colectiva. Expuse, también, una colección de grabados en el Museo Reina Sofía en Madrid.
Mientras relata su largo aprendizaje en el Viejo Continente, Audé muestra sus últimos trabajos en madera aglomerada. “Esta escultura se llama El culebrón, forma parte de la mitología chilena y latinoamericana. La gente lo reconoce de acuerdo con la región y representa un mito que va desde Chiloé a México”, destaca Audé, y acto seguido alza entre sus manos otra de sus esculturas llamada Cabilolén y aclara: “este no es un diablo como lo interpreta la gente, sino una fusión entre un carnero y una mujer, también representa una mitología chilena”.
RENACER DE UN SOÑADOR
La conexión de su arte con los mitos y leyendas se debe, en parte, a su permanencia en Chiloé. Después de su larga y nutrida estadía en Europa, regresó a Chile en el año ochenta y nueve, junto a su mujer chilena y a sus dos hijos, nacidos en Dinamarca.
¿Qué te motivo a regresar?
Quería que mis hijos crecieran en Chile. En esos años se complicó la vida en Europa a causa de la discriminación y el racismo hacia los extranjeros.
¿Y por qué Chiloé?
Como soy muy soñador, mi idea era realizar un taller de cerámica en Chiloé, para enseñar y vender mis obras. En Achao puse una galería, pero no resultó porque no era el lugar adecuado. Estuvimos un año y medio, hasta que decidí buscar una zona con mejor clima y así nació la idea de venirnos a La Serena.
¿Acá tuviste mejor suerte?
(Risas) Llegué con la idea de hacer un centro cultural similar a los de Copenhague e instalé un café-galería que se llamó “Café Miró”. Pensé que sería rentable y la verdad me dio cero dividendos, perdí todo y solo me quedó una gran deuda en el banco... quebré.
¿Tuviste que renacer entre las cenizas?
Así es. Después de la quiebra, apareció un amigo alemán que me ofreció cuidar su casa, por cinco meses, en Las Rojas. Los cinco meses se convirtieron en diez años. Fue un tiempo que me permitió salir de mis deudas y dedicarme por completo a la pintura.
¿En qué momento aparece este nuevo hogar?
Nos comentaron que había una casa abando- nada. La compramos hace cinco años, la
refaccioné y decidí instalar mi taller en la entrada de la casa. Comencé a hacer clases de pintura al óleo, dibujo y acrílico a jóvenes y adultos.
ESTILO PERSONAL
Se declara admirador de Miró y gran conocedor de la pintura, gracias a sus constantes visitas a museos y galerías europeas. Afirma no tener un estilo definido, sino más bien un sello personal que lo distingue entre los artistas plásticos nacionales. Las obras de Audé Gutiérrez son fácilmente reconocibles por los colores, figuras humanas y temáticas.
Sus obras se han expuesto en el Museo Gabriel González Videla, en la sala de exposiciones del Banco Estado, en el Barrio Inglés y en la galería Carmen Codoceo, entre otros. El año pasado, fue invitado a exponer en la Municipalidad de Vitacura, como una actividad previa a la realización de la reconocida feria de arte Ch.ACO.
De tus obras ¿cuál es la que más te representa?
No tengo una en especial. De mis treinta y seis años dedicados a la pintura, debo tener más de cien obras que forman parte de mi colección particular.
¿Has pensado en regresar a Europa?
Mi anhelo es quedarme definitivamente en Las Rojas... de aquí hasta el cementerio (risas).