Los serenenses no necesitan un Día del Patrimonio para recorrer sus tesoros, pues conviven a diario con ellos. La Serena es una ciudad privilegiada y rica en patrimonio cultural, especialmente arquitectónico. Vivimos rodeados de historia y arte: museos, templos, edificios públicos, casonas, colegios, todos con la pátina del tiempo conservando un estilo particular que la señala como una ciudad hermosa y tradicional.
En el centro histórico de la ciudad encontramos las más antiguas iglesias y algunas remodeladas: Santa Inés, Santo Domingo, San Francisco con su Museo de Arte Colonial, la catedral con importante colección de pintura colonial y objetos de uso ritual. La Merced, San Agustín, San Juan de Dios, Iglesia de las Carmelitas Descalzas, todas guardando preciados tesoros artísticos.
Generalmente asociamos la idea de patrimonio cultural a las colecciones que celosamente conservan los museos y no valoramos la gran cantidad de material artístico cultural que cada día sale a nuestro paso. Caminamos por las calles con la cabeza baja, mirando el piso y no percibimos la belleza de la línea arquitectónica de las antiguas casonas coloniales que aún podemos reconocer en esta ciudad, esas casonas con patios interiores que hoy cumplen la tarea de albergar a instituciones, donde ya no se escuchan las risas de niños y gritos alborotados repitiendo el llamado de ¡maaachas! ¡luuuche! O de los burreros que llegaban a la puerta de la casa ofreciendo la leche fresca a la pata de la burra.
Las casonas están ahí para el deleite de quienes alcen la vista y sepan valorar su mudo testimonio. Caminando por esas calles, Almagro, Colón, Matta, Los Carrera, Cienfuegos, O’Higgins, Balmaceda, Avenida de Aguirre, Prat o Brasil, encontramos numerosos y tremendos desafíos para defender de los vandálicos rayados y pensar en una pronta recuperación para deleite de futuras generaciones.