De un día para otro, Santiago empezó a tartamudear. Simple- mente comenzó a repetir las sílabas de algunas palabras o arrastraba las primeras letras de una frase. “Se quedaba pegado cuando me estaba contando algo, como que le faltaba el aire”, cuenta Rosario, su mamá.
Sin saber mucho qué hacer, Rosario le comentó el hecho a una amiga, quien a su vez le contó que al hijo de su hermana le había pasado lo mismo y que se daba con más frecuencia de lo que uno creía. “Lo primero que dijo la fonoaudióloga cuando lo llevé fue que me quedara tranquila, que no lo corrigiera ni lo interrumpiera cuando tratara de contarme algo y que tampoco lo pusiera nervioso, apurándolo a que terminara la frase”. Esas simples pautas fueron claves para que Santiago dejara de “tartamudear” cinco meses después.
DISFLUENCIA
Entre los dos y cuatro años, el desarrollo del lenguaje —y de las habilidades comunicativas y lingüísticas— en los niños es enorme. Exige procesos complejos que no apreciamos a simple vista: semántico (que tiene que ver con el aprendizaje de los significados del lenguaje), morfosintáctico (que tiene que ver con el aprendizaje de las oraciones y sus elementos) y el nivel fonológico y fonético (que tiene que ver con la adquisición de los sonidos del modelo adulto de habla).
Y hay veces en que en este proceso, cuando todos estos aspectos aumentan mucho en un corto periodo de tiempo, hay niños que al hablar presentan vacilaciones y que repiten palabras, sílabas o sonidos. A esa falta de fluidez en el lenguaje se le llama “disfluencia”. Pero, ¿qué hacer? El fonoaudiólogo de la Universidad de Chile y experto en trastornos del habla, Fernando Urbina Aguirre, dice que es clave el apoyo dado por la familia y el medio social. “La impaciencia y las burlas no harán más que perpetuar y transformar en un cuadro patológico, un hecho que no es infrecuente y que en la gran mayoría de los casos es transitorio”.
¿Qué es la tartamudez?
Es un trastorno de habla y no de lenguaje, como algunos piensan, que afecta su ritmo, alterando su fluidez. Para que se entienda mejor: lenguaje son todas las ideas, contenidos y conceptos que tú tienes del mundo y habla es cuando transformas todas esas ideas en un acto de comunicar. Y esta distinción que te estoy haciendo es muy importante, porque me ha tocado ver muchos casos en que los niños que tartamudean sin presentar patología o alteraciones de los niveles semántico y morfosintáctico ya sea expresivo o mixto, son llevados a escuelas de lenguaje. Y eso es un error.
¿Por qué algunos niños en edad preescolar comienzan a tartamudear?
Algunos autores hablan de tartamudez normal o del desarrollo. Yo no comparto ese rótulo y prefiero hablar de “disfluencia”. Lo que pasa es que en los primeros años de vida, aparejado con el desarrollo en el lenguaje, es tanta la información que el niño está procesando, que muchas veces pierde la fluidez al hablar, alarga sonidos del habla o se bloquea.
¿Qué hacer?
No hay que hacer absolutamente nada. Siempre que existe un problema de habla o de lenguaje en un niño, la actitud del entorno debe ser la de ignorar absolutamente el cómo está hablando el niño y centrarse en lo que está diciendo el niño. Hay que fijarse en el contenido y no en la forma y esto incluye a los trastornos de habla como la tartamudez.
¿Cuándo los papás debieran consultar a un fonoaudiólogo?
Yo no esperaría indicaciones de nadie. Cuando los papás, especialmente las mamás, tienen la corazonada de que algo no anda bien, no deben esperar que nadie se las confirme. Nadie más que ellos conocen a sus hijos. Aunque quedes como un padre ansioso o aprensivo. ¡No importa!, pero saliste de dudas. Me ha pasado casos de gente que consulta demasiado tarde.
¿Y si los periodos persisten?
Si los papás adoptan rápidamente estas pautas, la disfluencia debiera desaparecer en unos seis meses.
¿Puede volver a aparecer un episodio de esta naturaleza?
Puede, como todo en la vida, pero no debiera. Lo que sí puede suceder, y de hecho sucede, es que por manejo inadecuado estos episodios se perpetúen en el tiempo y se hable ya de una persona que tartamudea.
LA PELIGROSA ANSIEDAD
“Yo siempre les comento a los papás una anécdota que es verídica, de una familia que estaba almorzando y uno de los niños se enoja con la mamá y le dice, furioso: “¡mamá, edes una mentidosa!”. Y el papá, en lugar de llamarle la atención, lo corrige: “¿a ver? No se dice “mentidosa”, se dice mentirosa. Dígalo bien: men-ti-ro-sa”. ¡Imagínate!, el papá se quedó con lo formal y le importó nada que su hijo le faltara el respeto a la mamá. Cuando pasan estas cosas, es cuando se corre el riesgo que el niño tome conciencia de ciertas falencias, se vuelva inseguro y aumente su nivel de ansiedad.
¿La ansiedad puede generar tartamudez?
La ansiedad es la “madre de todas las tartamudeces”. Lo peor que puede pasar con un niño que empieza con alguna disfluencia es que la familia y el entorno social le generen alguna ansiedad. Tengo pacientes adultos que cuando eran pequeños, sus papás les decían, ‘cálmate’, ‘relájate’, ‘respira’, o terminaban la oración o la palabra por ellos y eso los complicaba más todavía.
¿Existe cura?
No, pero lo que sí existen son estrategias para disminuir la manifestación del problema: los bloqueos, la prolongación del bloqueo, la frecuencia del bloqueo, la intensidad del bloqueo. Eso te da algunas pautas...
¿Y qué pasa con los hijos de padres tartamudos?
Conozco casos donde el padre o la madre son personas que tartamudean y el hijo también manifiesta esta conducta, pero que a través de un adecuado manejo de las estrategias, pueden ir superando la frecuencia, la duración y la intensidad de los bloqueos. En general los padres que presentan tartamudez preguntan si el modelo influye a lo que les respondo que claramente sí, que los niños pueden imitar una forma de habla, pero que por lo general evolucionan. Aquí, más que genes, hay influencia de modelos. La experiencia que tengo es que el entorno tiende a agravar...
¿Se nace tartamudo?
Es adquirido.
¿A todos nos puede pasar?
Cualquier persona puede presentar tartamudez. Por eso que el apoyo de la familia es tan gravitante. Aquí los papás lo que tienen que tener claro es que puede haber un periodo en la vida entre los tres y cuatro años en que es normal que aparezca una disfluencia y no darle ningún tipo de importancia, a menos de que hubiera habido una experiencia emocionalmente muy fuerte: separación traumática de los padres, muerte de uno de los padres o muerte de la cuidadora que quería mucho, o un accidente grave.
¿Y cómo hay personas que tartamudean que pueden hablar en público?
Yo tengo un gran amigo que tartamudea y que lidera grupos enormes, donde actúa como orador. De hecho él estuvo asesorando un grupo de personas que tartamudean. Y una vez me dijo: “cuando uno dice a la cresta con todo y habla nomás, te liberas de un gran peso”. Y por eso te vuelvo a repetir que el entorno es tan importantísimo. A él durante muchos años cuando era pequeño, lo hicieron sentir raro y que lo suyo era un tremendo problema. Cuando el niño empieza a hacer una tartamudez de verdad, no hay como sacarlo. Si el entorno se equivoca con él, no hay vuelta atrás.