Jean Paul Olhaberry y Nicolás Luisetti fueron al mismo colegio, se movieron por los mismos lugares y seguramente compartieron muchas amistades. Pero no se conocieron en esa época.
Ambos tenían algo en común que era mucho más fuerte y que finalmente, y con un tremendo empujón del destino, logró reunirlos: la magia. Para entender esta relación y todo lo que han construido en conjunto, vale la pena revisar la historia de cada uno y cómo, en un punto de sus vidas, todas las variables posibles se encauzaron para reunirlos.
Jean Paul comenzó a interesarse en la magia a los ocho años, cuando en el patio del Colegio Manquehue el mítico mago Larraín realizó una presentación a los alumnos. Él se escapó de la sala y lo esperó a la salida, donde comprobó maravillado que el artista le sacaba una moneda de la oreja. “Ese fue el principio”, dice, mientras sostiene la misma moneda, que conserva casi como un amuleto desde entonces. Después vinieron el juego de magia y las largas horas de práctica. “Yo era el menor de cinco hermanos y, cuando salí del colegio, la tradición decía que debía estudiar ingeniería comercial. Allí estuve dos años y me hice conocido como “el mago” de la universidad, pues me dedicaba a hacerle trucos a todo el mundo y empecé a hacer pitutos. Hasta que participé en el Campeonato Nacional de Magia, lo que me significó una inscripción al mundial. Viajé a España y quedé maravillado… era increíble, estábamos todo el día rodeados de magos, de tipos impresionantes de todo el mundo. Entonces llamé a mis papás y les dije que no iba a volver. Estuve un año viviendo en Barcelona, haciendo magia en la calle y aprendiendo con el feeling del público. En eso estaba cuando se me acercó un tipo para ofrecerme pega en su restaurante; resultó ser un jugador del Barcelona, dueño de uno de los lugares más exclusivos de la ciudad. Ese fue mi primer trabajo estable. Paralelamente, una vez al mes viajaba a Madrid a visitar el Bar Houdini, un lugar increíble y que siempre frecuentaban los amantes de la magia”.
Nicolás Luisetti, por su parte, conoció mucho más tarde el mundo de la magia. Hizo talleres de teatro en el colegio, siempre buscando su veta artística, pero sin ninguna seguridad respecto de su futuro. Por lo mismo, una vez egresado postuló a LAN Chile y estuvo siete años trabajando como sobrecargo. “En Nueva York fui a ver un espectáculo del mago Chris Engel, uno de los más famosos del mundo que entonces estaba comenzando su carrera. Quedé alucinado y me acerqué a hablar con él para decirle que su show me había emocionado. Él me dijo una frase que nunca voy a olvidar: Magic is on you, just trust in yourself (La magia está en ti, solo confía en ti mismo). Ahí me di cuenta de lo que quería hacer. Al volver a Chile me matriculé en la escuela del mago Larraín y comencé a aprender como loco; en cada viaje que hacía contactaba magos y visitaba tiendas especializadas. Empecé a hacer trucos arriba de los aviones. Un día me tocó hacerlo frente a Camilo Sesto; me acuerdo que él quedó tan impactado que me ofreció una propina de ¡quinientos euros! Ahí supe que eso era lo mío. Y en uno de mis viajes a Madrid visité el Bar Houdini…”.
La imagen de lo ocurrido esa noche da para el guión de una película. Dos hombres jóvenes sentados uno al lado del otro. Los dos rubios, altos y flacos… muy parecidos. ¿De dónde eres?, de Chile. ¿De qué colegio?, del Manquehue. ¿Qué haces?, soy mago… “Estaba clarísimo que el destino nos había reunido en un lugar así para que hiciéramos algo juntos”, recuerda Nicolás.
La historia continúa algunos meses después, cuando Jean Paul vuelve a Chile, en teoría, a retomar sus estudios. Se contacta con su nuevo amigo mago y empiezan a planear cosas juntos. “Nuestra primera idea fue la de la magia corporativa, de shows para empresas, pero siempre con la idea de ser masivos, tenían que ser actos voluminosos, grandes y espectaculares”.
¿Cuáles eran sus referentes?
J.P: Éramos muy fanáticos de lo visual, sabíamos que la magia era el motor, pero queríamos un espectáculo multidisciplinario. En ese sentido, admirábamos mucho a David Blaine, sobre todo por su ejecución moderna. Nos gustaba la idea de un show más rockero.
Jean Paul es experto en manipulación —de hecho ha ganado varios e importantes torneos mundiales de magia— y lo de Nicolás es el escape. Juntos, y potenciando sus habilidades individuales, fueron estructurando su show.
Después de tres años, recibieron la llamada de un programa de televisión que quería contar su historia. La primera sorpresa fue que la productora que los contactó se llamaba Abracadabra —otra jugada del destino— gracias a ellos conocieron a Alberto Gómez, quien desde ese día se transformó en su representante y en el tercero a bordo del proyecto.
¿Cómo recuerdan su llegada a la televisión?
N: Primero nos llamaron del programa de Kike Morandé para hacer cápsulas de magia callejera. No alcanzamos a estar mucho tiempo hasta que nos contactaron de Gigantes con Vivi, en canal 13, donde nos daban la posibilidad de estar en el estudio e interactuar con los invitados. Estuvimos dos temporadas y surgió la invitación al Festival de Viña, en febrero de 2010.
J.P: Ese fue nuestro gran salto. Al principio el Nico no quería hacerlo porque sabía que era todo o nada, pero lo convencí.
N: Fue increíble. Todos pensaban que éramos gringos. Incluso nos habían advertido que, como era una obertura, no esperáramos demasiados aplausos ni mucho menos premios. Por eso, cuando salimos del escenario y empezamos a escuchar que todos gritaban “Antorcha, antorcha” fue espectacular.
ENTRE CONDORITO Y EL PASEO AHUMADA
Los Magic Twins tienen un teatro. Uno pequeño ubicado en el corazón del Barrio Bellavista. En su interior se apilan los inmensos artefactos —que ellos llaman “ilusiones”— que obligan a caminar entre tubos con serruchos y sillones con ruedas. De las paredes de su oficina cuelgan decenas de fotos y recortes de prensa: la portada de los diarios el día después de Viña, Jean Paul y Nicolás colgando de un poste en la calle y, la que más los llena de orgullo: una viñeta completa de Condorito dedicada a ellos. “Después de eso uno siente que ha triunfado”, bromean ambos observando la historieta.
La magia no es solo hacer trucos, ¿cuál es el sello de los Magic Twins?
J.P: La magia, además del truco, tiene mucho de psicología. Importa cómo el mago se presenta frente al público. Y ahí está el verdadero arte y el secreto del éxito.
N: Hay que estar estudiando y perfeccionándose constantemente. Hemos tomado cursos de voz, expresión corporal, manejo físico, danza aérea, cine; ahora estamos haciendo un curso de clown y pantomima. No solo apuntamos a la ejecución de la ilusión, vamos más allá, nos preocupamos de la iluminación, del vestuario, de cómo caminar, de los guiones, de la adrenalina y potencia, de los movimientos coreográficos. Todo tiene un porqué.
En septiembre del 2010, decidieron que era hora de sacar la magia a la calle y que todos pudieran ver de cerca la espectacularidad de sus ilusiones. El lugar elegido fue el paseo Ahumada, donde estuvieron levitando a siete metros de altura por doscientos minutos en homenaje al bicentenario. La hazaña dio la vuelta al mundo.
“Fue un récor mundial de levitación. De hecho, la revista americana In Touch nos hizo un reportaje que salió en Japón, Francia, España e Inglaterra”, recuerda Jean Paul. “Y gracias a eso nos invitaron a Italia, a un programa de talentos, donde iban las treinta y seis promesas jóvenes de la magia del mundo. Era un reality en el que, durante dos semanas, vivimos con magos hindúes, chinos, alemanes… una locura”, explica Nicolás.
Los Magic Twins ya llevan más de mil funciones a empresas, se han presentado en casi todos los teatros de Chile y realizan charlas de emprendimiento e innovación. Se sienten responsables del boom que tiene la magia en nuestro país, participan en festivales importantes como Atacamágica y reciben diariamente cientos de correos de niños y jóvenes que quieren dedicarse a esto de manera profesional. Por lo mismo, decidieron abrir una nueva faceta dentro de su trabajo e inauguraron una escuela de magia.
“Nos dimos cuenta de que era el momento de dejar un legado como el que el mago Larraín dejó en nosotros y, en el futuro, poder entregar el báculo para quienes crean que la magia puede ser un oficio”, explica Jean Paul.
Nicolás aclara: “Van a ser solo sesenta alumnos. Nos hicimos asesorar por magos y gente de teatro que nos han ido apoyando en la construcción de la malla. Hay que pasar por los talleres para hacerse más íntegros. Pantomima, clown, presentación, marketing, danza, voz… hacer un equilibrio. Está enfocado para niños y adultos, con cursos de tres meses en niveles básicos, medios y avanzados. Tenemos todo armado para empezar en junio”.
Y mientras se consolidan como profesores, están preparando una gira que los llevará, el 2014, por toda Latinoamérica y cuyo puntapié inicial será su segundo show masivo: K.A.O.S, que harán durante el segundo semestre. Ya están preparándose para eso. “El nombre tiene que ver con un juego de letras. El espectáculos tendrá Karma, Adrenalina, Osadía y Psiquis”, adelanta Nicolás.
¿Y cómo se trabaja en conjunto durante diez años y se mantiene, además, la amistad?
J.P: El proyecto es muy grande y potente. Tenemos la mochila de todos los magos que vienen detrás de nosotros y eso es una gran presión. Pero lo más importante es que queremos este proyecto y sabemos que hay que dar la pelea por seguir juntos, porque tenemos este “hijo” que nos une.
N: Como toda relación matrimonial, tuvimos nuestra “comezón del séptimo año”… pero la superamos. Ha habido grandes conflictos, pero sobre todo momentos buenísimos.