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EDICIÓN | Junio 2013

Reparando vidas

Marcela Hojas del Valle, fundación María Ayuda Curicó
Reparando vidas
Con la conciencia de hacer algo por los más desvalidos es que esta mujer, luego de trabajar años en COANIL, se hizo cargo de un hogar de menores en Lontué. De ahí en adelante, Marcela decidió centrar todas sus energías en armar y organizar este nuevo proyecto y, al amparo de María Ayuda, hoy cuentan con un hogar y una casa para niñitas en Curicó, que la llenan de orgullo y satisfacción. 

por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.

En Curicó, María Ayuda comenzó a funcionar hace ocho años de la mano de un grupo de matrimonios que fueron llamados por el obispo de Talca, Horacio Valenzuela, quien les pidió hacerse cargo de un hogar de menores ubicado en la comuna de Lontué. Entusiasmados con esta misión, se propusieron sacar adelante este hogar como fuera, aunando fuerzas y buscando la forma de entregarle a esos niños todo el cariño, y preocupación que necesitaban, trabajando por devolverles su dignidad y ayudándolos a crecer y desarrollarse de la mejor forma posible.
 
Marcela Hojas y su marido, Sergio Herrera, fue uno de esos matrimonios llamados por Valenzuela y que hasta el día de hoy participan activamente del consejo local de la fundación. Según nos cuenta esta diseñadora gráfica (48), desde siempre le ha interesado todo lo que tenga que ver con la ayuda social, principalmente porque ha sido un tema que le inculcaron sus papás y el colegio en el que estudió (Inmaculada Concepción de Curicó).
 
Marcela disfruta viendo cómo cada niña que llega al hogar va aprovechando las posibilidades que ahí encuentra para superar sus dolores y asumir que en sus manos está el cambiar su destino, y cree firmemente que su labor en María Ayuda no solo le ha servido a las “niñitas”, como cariñosamente las llama, sino a sus propios hijos, Esperanza (21) y Felipe (19), quienes también se han involucrado con la obra y se han dado cuenta de que no basta con ser un espectador de la realidad, sino que hay que jugársela por los que no han tenido las mismas posibilidades que ellos. “Mis hijos siempre están cooperando en la colecta, salen a las calles a buscar la ayuda que se entrega, siempre están apoyando y participando en la corrida anual o motivando a sus compañeros en las campañas solidarias de recolección de leche o leña”.
 
Marcela, además, tiene la suerte de que, para su marido, la ayuda social también es un tema súper motivador, por lo que, codo a codo, han trabajado para dar soluciones (junto al resto de los miembros del consejo) en el tema del financiamiento y resolver los problemas que se van generando al interior de cada hogar. Desde decidir quién repara la lavadora de ropa, llamar a un médico porque una de las niñitas se enfermó, hasta planificar campañas que involucren a toda la sociedad curicana, organizando la colecta anual y, por supuesto, también la comida que se hace para juntar fondos, cada año, en el Estadio Español.
 
 
CURICÓ EN ACCIÓN
 
Hoy María Ayuda tiene en Lontué (ocho kilómetros al sur de Curicó) el hogar “Lontué una Esperanza” que acoge a veintiocho niñitas —ninguno de los dos hogares cuenta con infraestructura para tener niñas y niños— en situación de violencia, abuso y abandono, y una casa de acogida para ocho jovencitas, cuyo terreno fue entregado en comodato por la municipalidad de Curicó, y que fue construida gracias al aporte de la embajada de Timor-Leste.
 
Esta casa cuenta con un living-comedor, cocina, lavadero, despensa, cuatro dormitorios, sala de estudio y dos baños equipados con todo lo necesario para que las niñas vivan cómodamente. Está ubicada a metros de la Alameda y en ella las menores pueden llevar una vida más independiente. Van al colegio, a misa, salen a pasear, tienen una tía que es como la mamá, que vive con ellas, tienen responsabilidades y quehaceres dentro de la casa. Lo que se busca lograr es prepararlas para que sean autovalentes y también, de alguna forma, premiarlas por el buen comportamiento y actitud positiva durante los años en que permanecen en el hogar.
 
Las dos casas funcionan gracias a quince personas que trabajan de planta, que se ocupan de todo: personal de cocina, asistentes sociales, sicóloga, chofer, tías de trato directo, etc. Las niñitas de Lontué asisten a escuelas del sector y cumplen con un horario establecido para realizar cada una de sus actividades del día. Duermen de a cinco en cada pieza —todas pintadas con alegres colores y con camas americanas que están como nuevas— y cuentan con salas de estudio, de estar, capilla, baños, entre otros. La gran mayoría vive en el hogar todo el tiempo y muy pocas pueden volver a sus casas a visitar a su familia. Todo depende de cómo se esté manejando el tema de la reinserción en sus respectivos hogares. Durante las vacaciones, en el hogar se dictan talleres de mosaicos y pintura al óleo, entre otros, y realizan paseos a distintos sectores de la región como Los Queñes e Iloca.
 
“A medida que ha pasado el tiempo, nos hemos ido organizando mejor y la gestión de nuestra directora Ana Valencia y de su marido, el presidente del directorio, Marcos Pereira, durante todos estos años ha sido maravillosa. Ella es la que ve los detalles para que todo funcione perfecto; trata directamente con el personal, con los funcionarios del SENAME, con las familias, entre otras cosas, y él es quien realiza todos los contactos para poder financiarnos, el que nos motiva. Constantemente. En pocas palabras, una mujer y un hombre con una vocación de ayuda social espectacular”.
 
¿Por qué decidiste ayudar en esta fundación y no en otra?
Hay dos cosas en esta sociedad que están súper abandonadas por nosotros: los ancianos y los niños. Los ancianos se encuentran en la última etapa de sus vidas, entonces, además de darles cariño y los cuidados que ellos necesitan, no hay mucho más por hacer.
 
Los niños, en cambio, que vienen de hogares en donde sus derechos han sido vulnerados, en María Ayuda tienen la posibilidad de cambiar su historia. Tienen toda una vida por delante. Aunque de treinta y cinco niñitas solo una de ellas pueda rearmar su historia y salir del submundo en el que viven, para mí ese caso ya es espectacular. Acá no solo se pueden rescatar niñitas en riesgo social, la idea es en paralelo, y para completar este proceso reparatorio, poder trabajar con la familia que hay detrás de esa menor.
 
Cuéntame de alguna experiencia exitosa
Cuando nos hicimos cargo del hogar, había unas mellizas de cuatro años que eran unos verdaderos animalitos: no caminaban ni hablaban, parecía que nadie las había estimulado nunca, hasta que, poco a poco y con mucho amor, fueron saliendo adelante, transformándose en señoritas. Una de ellas logró egresar, se fue a su casa, está estudiando y ha hecho una vida normal; la otra, desgraciadamente, no pudo recuperarse porque tuvo un daño sicológico importante y va a un hogar especial. Hay también una chiquilla que se casó, tiene su vida, trabaja y coopera con la fundación, lo que para nosotros es un gran logro.
 
¿Qué han logrado en estos años?
Llevamos muy poco tiempo aún, pero hemos ido viendo un cambio súper importante en nuestras niñas. Estamos formando mujeres, no solo les damos comida y ropa.
 
Hemos dignificado la vida de estas niñitas, pues ellas, además de contar con todo lo necesario para cubrir sus necesidades básicas, reciben ayuda médica, sicológica y espiritual de profesionales contratados por nosotros. En las vacaciones las sacamos a pasear a la cordillera, a la playa para que vayan viendo que hay todo un mundo por descubrir, al que ellas, si se esfuerzan y se proponen salir adelante, pueden optar. Además, la idea es que puedan reinsertarse en sus hogares; es por eso que también se trabaja con sus familias para restaurar y fortalecer los vínculos entre ellos y así prevenir que el maltrato se repita. Gracias a Dios, no nos ha tocado que una vez que han vuelto a sus hogares hayan regresado a nosotros. El trabajo que realizan las asistentes sociales es muy meticuloso en cuanto a que nuestras niñitas deben estar en un lugar seguro y si ese lugar no es su casa, con nosotros estarán mejor.
 
¿Estas menores pueden ser adoptadas?
Por supuesto, siempre que se descarte la posibilidad de que la menor pueda volver a su hogar o al de algún familiar que esté en condiciones de recibirla.
 
¿Cómo llegan estas niñitas a ustedes?
Las menores llegan porque alguien ha hecho una denuncia, de abandono o maltrato, generalmente los vecinos, o algún familiar. En buenas cuentas, se informa que esa niña está en riesgo social. Se ve el caso y son los juzgados los que determinan si estas mujercitas deben quedarse junto a nosotros cuando en sus propios hogares corren riesgo de maltrato y abuso, principalmente.
 
¿Qué labor cumple el SENAME?
La labor que cumple aquí el Servicio Nacional de Menores, SENAME, es la de fiscalizar que todo lo que nosotros hacemos se haga bien. Que cumplamos las normas que exigen. Además, fijan un valor por plaza o niña, que viene siendo un sesenta por ciento de lo que nosotros necesitamos para que esa menor realmente pueda aspirar a algo mejor. Por cierto, esta subvención del Estado no nos alcanza, por lo que el otro cuarenta por ciento sale de las actividades y gestiones que realizamos nosotros para financiar a cada
una de las niñitas que están acá de la mejor manera posible.
 
¿Las familias las van a ver?
Algunas sí, otras no. Los programas sociales desarrollados por la obra han sido concebidos como lugares de encuentro, acogimiento, participación, no solo de los niños y niñas que son acogidos en los distintos centros, sino también de sus familias. Junto a ellas se busca rescatar sus valores, fortalecer sus vínculos y promover experiencias de comunión y de amor entre sus integrantes. Sin embargo, es cierto que muchas veces es solo la madre o alguna de las abuelas las que aparecen. Aquí buscamos un trabajo en conjunto que ayude a sanar las heridas y ofrecer la posibilidad de mirar al futuro con esperanzas.
 
¿Cuál es el objetivo para este año? ¿Qué proyectos tienen?
Este 2013, nuestro foco está puesto en cómo financiar estas dos casas, la de Lontué y la de Curicó. Hoy el SENAME nos tiene autorizadas veintiocho plazas y recibimos, por cada una de ellas, ciento sesenta mil pesos de subvención estatal. Sin embargo, nuestra realidad es de treinta y ocho plazas con un gasto real aproximado por niñita de trecientos veinte mil pesos. Gracias a Dios, tenemos un gerente administrativo muy eficiente, Juan Carlos Villalobos, quien es el que se encarga de ver estos temas y logramos cumplir con las niñitas. Toda nuestra energía como consejo será la de poder seguirles dando a nuestras niñitas lo mejor que podamos y la idea es financiarnos solos, sin tener que pedir ayuda a la fundación en Santiago.
 
¿Cómo lo pueden hacer las personas que lean esta entrevista y quieran ayudar?
Contactándose con Juan Carlos Villalobos, viendo la página web o participando activamente de todas las actividades que realizamos en nuestra ciudad para reunir fondos. Apoyando nuestras campañas solidarias, como la de la leche y la leña que promovemos en los colegios y que, además de ayudarnos muchísimo, enseñan a nuestros niños a ser solidarios.
 

“Hemos dignificado la vida de estas niñitas, pues ellas, además de contar con todo lo necesario para cubrir sus necesidades básicas, reciben ayuda médica, sicológica y espiritual”.

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