Con la reciente polémica acerca de la construcción del mall en Chiloé, cobra relevancia el tema del siempre inestable equilibrio entre el desarrollo y el crecimiento urbano para las ciudades. A juicio de nuestro entrevistado, Antofagasta es una urbe que, en los últimos años, solo se ha apropiado del segundo de estos conceptos, dejando de lado una adecuada planificación. Este es su diagnóstico.
Por Percy Peña Vicuña / fotografías Andrés Gutiérrez V.
Gino conoce la ciudad como la palma de su mano, y no solo se debe a sus avanzados conocimientos como arquitecto urbanista y máster en Proyectación Urbanística de la Universidad Politécnica de Cataluña, sino porque este hombre oriundo de Vicuña recorre Antofagasta hace años en bicicleta, adquiriendo una visión a escala humana que le permite hablar con propiedad de sus debilidades y también de sus aciertos.
Para este profesional, el diagnóstico es claro: en los últimos años se ha generado un acelerado crecimiento urbano debido, principalmente, a la inversión privada que permitió levantar importantes obras, como el centro comercial en la zona del Puerto o el llamado <em>boom</em> inmobiliario que extendió la longitud urbana en varios kilómetros, con proyectos de condominios y edificios de departamentos.
Sin embargo, en lo que a desarrollo urbano se refiere, Antofagasta adolece de una adecuada planificación de su espacio público, asunto que el Plan Regulador no soluciona. Existe entonces una falta de identidad urbana, una imagen de ciudad que han logrado otras grandes urbes como Barcelona o Curitiba, donde se ha trabajado en ese aspecto, pasando de una planificación territorial tradicional a una planificación urbana estratégica.
<strong>¿En qué estado se encuentra esta planificación?</strong><br /> Hoy nuestro país está regulado por la Ley General de Urbanismo y Construcciones, donde se señala qué instrumento aplicar y en qué situaciones, siendo el más común y el que todos conocemos el Plan Regulador, que planifica y regula el crecimiento, los usos y genera normas urbanísticas dentro de una ciudad, pero lamentablemente este instrumento de planificación no ha variado casi en los últimos cincuenta años.
<strong>Falta entonces crear identidad...</strong><br /> Para lograrlo hace falta pensar la ciudad con una planificación en tres dimensiones, como quien hace una maqueta, pero esta característica no la tienen los planes reguladores. Se tiene una normativa que te dice cuántos pisos puedes hacer, cuál es el distanciamiento, pero no menciona cómo tiene que ser la 'imagen de la ciudad' que realmente queremos.
<strong>¿Cuál es la razón de que Chile, siendo exitoso en tantas áreas, deje de lado el tema urbanístico?</strong><br /> Un profesor en Barcelona e ingeniero en movilidad, que hizo su doctorado en urbanismo, me dijo que en Chile teníamos un problema con la ley, porque todo lo que es privado, por ejemplo el terreno de una casa, es casi intocable, a diferencia de Europa, donde el Estado tiene mucha injerencia en lo que se puede o no hacer, tanto en el ámbito público como privado. Según su apreciación, en Chile es complicado planificar en terrenos privados, porque los derechos de estos prevalecen sobre el bien común.
<strong>¿Inclusive saltándose normativas urbanísticas en términos de imagen, como ahora está ocurriendo en Chiloé?</strong><br /> Efectivamente, eso en otros países está totalmente normado en la planificación urbana.
<strong>¿No debió haberse previsto antes y no ahora, cuando el <em>mall</em> lleva bastante porcentaje de construcción?</strong><br /> Lo que pasa es que ahí entramos en lo mismo; si tú no tienes una imagen tridimensional de lo que quieres, se te mete un centro comercial, se construye detrás de la iglesia de Chiloé y se acabó el cuento. Y se puede hacer porque la empresa compra su terreno privado donde va a hacer su <em>mall</em>, y como es un acuerdo entre privados, ni el ministro de Vivienda y Urbanismo puede detener el proyecto, ya que está dentro de la normativa que define el Plan Regulador, por lo que no se trasgrede ninguna ley.
<strong>¿Esa sería la razón porque Antofagasta, en los últimos veinte años, ha crecido sin equidad urbanística?</strong><br /> Lo que ocurre es que las inversiones, desde el sector público, son extraordinariamente lentas debido a la obsolescencia de la Planificación Urbana. Aprobar un nuevo Plan Regulador demora entre seis u ocho años en el mejor de los casos, y una vez que se aprobó, la ciudad ha avanzado a pasos agigantados y quizás en una dirección distinta a la que proponía el plan.
<strong>¿Y cómo se soluciona esto?</strong><br /> En otros países se tienen planificaciones estratificadas que van desde el detalle hasta un nivel macro de carácter estratégico. Además, entre medio se generan planes especiales que se aprueban rápidamente, que operan con proyectos urbanos y se van actualizando sin someterlos a largas discusiones. También un aspecto muy importante es que la gente se encuentra muy empoderada y existe una gran participación ciudadana. Nosotros seguimos caminando por espacios públicos muy precarios y nadie dice nada.
<strong>¿Qué sucede con el espacio público?</strong><br /> Lamentablemente, aquí el espacio público es el espacio de nadie, ya que no tiene ninguna planificación, y así se da, por ejemplo, que en una zona donde hay varios edificios puede haber varios tipos de pavimentos. Lo que debiese ocurrir es que en esa misma situación se debería armar ese espacio de acuerdo con la imagen de ciudad que tiene la autoridad y los habitantes de la ciudad y no del modo como a la inversión privada se le ocurrió.
<strong>LOS DESAFÍOS PARA UNA GRAN CIUDAD</strong>
Gino Pérez es, además, académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte y está casado con la académica y consultora Marcela Ziede, con quien tiene dos hijos de seis y cinco años. Uno de los pensamientos que defiende es que ante el crecimiento exponencial que experimenta la ciudad, y que le podría situar en el medio millón de habitantes en la próxima década, se hace necesario incorporar medidas que tengan relación con la mejora en la definición del espacio tanto público como privado.
Casos como el bulevar Maipú o la proliferación de lugares orientados al ocio y la diversión en las avenidas Brasil y Angamos no han estado ajenos a la discusión sobre hasta qué punto se puede privilegiar el desarrollo del turismo frente al derecho que tienen los vecinos de cuidar sus hogares como zonas de descanso.
<strong>¿Existe una tensión entre lo que significa el desarrollo turístico y el resguardo de las zonas residenciales?</strong><br /> Está el caso de la avenida Brasil, donde se están instalando <em>pubs</em> y restaurantes en un sector que históricamente era un sector residencial. Estos aspectos también se deben manejar con una planificación anticipada (estratégica), ya que cuando se saturan las actividades y la normativa queda sobrepasada por la realidad, no hay mucho que hacer. Ocurre entonces que unas actividades expulsan a otras y la idea es que se vayan complementando.
<strong>¿Pero cómo se pueden complementar cuando son tan opuestas?</strong><br /> Generalmente, en la planificación, existe un ítem que se denomina "normas urbanísticas", donde se pueden incluir o excluir actividades. A nivel macro se regulan ciertas áreas y se limitan, como por ejemplo la creación de una zona industrial molesta o no molesta; contaminante o no. En las ciudades que comparten zonas residenciales con lugares de ocio que poseen patente de alcoholes, estos tienen un horario de funcionamiento a través de una ordenanza municipal para que no interfiera con el descanso de los vecinos, por lo que, finalmente, se trata de un tema de sentido común y respeto.
<strong>¿Qué opinión tienes de los grandes proyectos para la ciudad como la posible construcción de un tranvía?</strong><br /> Me parece un proyecto fantástico, pero para asegurar su éxito se debe trabajar también en la educación de la ciudadanía para que su uso sea el correcto. Cuando se implementó el TransMilenio en Bogotá, las autoridades invirtieron mucho tiempo en enseñar a los usuarios y no necesariamente con una gran inversión monetaria. Además es muy importante que la ciudadanía se apropie de los proyectos en el sentido de que estas iniciativas tengan continuidad, porque ¿qué pasa si mañana no está la misma autoridad? El tema debe seguir igual y no depender de la administración de turno. Para eso la gente se debe empoderar y exigir la continuidad del mismo.
<strong>¿Cuál es el impacto que tiene este proyecto para Antofagasta?</strong><br /> El impacto es gigantesco, ya que incide directamente en la movilidad, que es un tema clave en el desarrollo de las ciudades modernas, lo que aumenta su calidad de vida como ocurre en Curitiba o Bogotá. En cuanto a la construcción de estacionamientos en la Plaza Colón es positivo porque libera el espacio público para el uso peatonal. Lamentablemente, ese sector presenta dos problemas: el suelo rocoso y la afloración de aguas subterráneas. Esto se puede solucionar con tecnología, pero es muy caro y cabe la duda preguntarse si esa inversión se traspasará al usuario por parte del concesionario de esta obra. El tranvía impactará decididamente en el espacio público de la ciudad y puede, mediante una planificación integral y proyectos urbanos estratégicos, rehabilitar sectores que hoy en día se encuentran bastante deteriorados, lo que se condice con el gran crecimiento de nuestra ciudad. Lo importante no solo es crecer, sino crecer en equilibrio.
<strong><em> "Es muy importante que la ciudadanía se apropie de los proyectos en el sentido de que estas iniciativas tengan continuidad, porque ¿qué pasa si mañana no está la misma autoridad? El tema debe seguir igual y no depender de la administración de turno".</em></strong>
<br class="spacer_" />