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EDICIÓN | Junio 2013

Italia, Capítulo 13

Pisa
Italia, Capítulo 13

Luego del terremoto que nos sacudió en el año 2010, las exigencias para la construcción chilena se acentuaron, o mejor dicho, las "fortalecieron".

Por José Pedro Vicente, Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago. 

Cabe señalar que, debido a nuestra cultura sísmica, tenemos las edificaciones más resistentes del planeta. Sin embargo, si algunos edificios colapsaron, es porque alguien —en la cadena del negocio— quiso ahorrarse algún ítem, y así, obviando algo estrictamente necesario, lograron rentar un poco más.
 
Muchas veces me ha tocado escuchar si es que es posible ahorrarse la mecánica de suelos. Análisis que se le debe realizar a la calidad del terreno para definir, entre otras cosas, cómo serán las fundaciones del proyecto. Dicho estudio está a cargo de un ingeniero civil quien emite un informe complementario al proyecto de arquitectura. Con ambos documentos, el calculista recién puede hacer su pega. Así como me ha tocado escuchar esta posible omisión, me ha tocado ver casas partidas por la mitad, donde su costo de reparación simplemente lo hace inviable. La explicación de esto es sencilla. Existen suelos orgánicos muy buenos para la producción agrícola, aireados y ricos en nutrientes; sin embargo, su condición plástica y expansiva le genera variaciones de volumen.
Así como antiguamente ocupaban maderas que al mojarlas se expandían y lograban partir una roca, la misma expansión del suelo es capaz de levantar una casa, fracturándola en tantas partes como variaciones de volumen se presenten en el terreno.
 
Por un lado, el estudio de suelo, y por otro, las cargas del proyecto, exigen —en algunas oportunidades— fundaciones equivalentes a un piso. En el caso de una casa, el cliente siente estar enterrando su dinero. A esto se debe la aparición de muchos subterráneos, bodegas, cavas, etc. no premeditados en el encargo inicial y que buscan entregarle un valor funcional y comercial a lo que está quedando bajo tierra.
 
Después de todo lo dicho, se entiende el motivo de la inclinación de esta torre. Si hace solo dos años tuvimos que ser víctimas de un nuevo terremoto para que se afinaran las normas y exigencias estructurales, perfectamente, hace novecientos años atrás, el correcto procedimiento de un proyecto carecía de mucha información, tecnología, maquinaria y tantas cosas que hoy tenemos a nuestra disposición, en consecuencia, el riesgo de resultados como los que vemos en este campanario con cincuenta y cinco metros de altura.
 
Así como Venecia se hunde, la torre se cae. A esta realidad, los italianos supieron sacarle partido. El constante "temor" de desplomarse y no alcanzar a conocer tan emblemática edificación, hace que los turistas lleguen por oleadas. En este caso y por los ingresos que deja una de las postales de este país, sí se justifica todo trabajo de reparación. Siempre con el cuidado de dejarla inclinada... el error los beneficia.
 
Pd: Al menos en nuestro país se hizo más estricta la norma. De lo malo, lo bueno.
 

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