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EDICIÓN | Junio 2013

Educar desde el afecto

Amanda Céspedes
Educar desde el afecto

Castigos, falta de comunicación y mucha improvisación. Esos son los errores que cometen padres y profesores al educar a los niños. La clave para conseguir hijos felices, inteligentes y exitosos está simplemente en el afecto: “la verdadera autoridad se funda en saber escuchar, proteger y acoger amorosamente”.

por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló

Como pocas, se ha ganado el título de experta en niños y adolescentes. La reconocida neuro-psiquiatra Amanda Céspedes es, por lejos, la especialista más requerida en esta materia... no por nada desde hace dos años no da abasto para recibir nuevos pacientes y dedica gran parte de su tiempo a la academia.
 
Autora de libros que se han transformado en sucesos editoriales — Niños con pataletas, adolescentes desafiantes (2007), Educar las emociones, educar para la vida (2008), El estrés en niños y adolescentes (2010) y Déficit atencional en niños y adolescentes— se ha ganado el espacio para cuestionar el rol de padres y educadores. ¿Su leit motiv?: que los adultos entiendan que el afecto es el centro de cualquier enseñanza.
“Es necesario instalar la dinámica de los afectos en el aula y en el hogar como requisito para un desarrollo armonioso y completo y para lograr aprendizajes reales y duraderos. Estos deben ser espacios relacionales armoniosos, en los cuales se batan en retirada las emociones negativas (miedo, frustración, sentimientos de soledad, de no ser comprendido) y se instalen emociones positivas, esencialmente quietud, alegría, motivación, sentimientos de seguridad emocional”, explica.
 
¿Cuál es el principal error que cometen los padres hoy en día?
A mi juicio, hay tres errores reconocibles. El primero es centrar la educación en sofocar conductas reprobables a través de los castigos. Me acongoja ver la importancia que los padres otorgan a los castigos, sin ver que no educan, solo reprimen y miran las conductas, no lo que es esencial: el por qué se producen. Lo segundo tiene que ver con la ausencia de comunicación afectiva. Los padres no saben escuchar con el corazón y cuando quieren educar reprenden hablando, sermoneando y castigando. Por último, la dificultad que tienen los padres para abordar los conflictos en forma pacífica y creativa.
 
¿Qué valor tiene la intuición y el sentido común al momento de educar a un hijo?
Ambas cualidades son de enorme importancia. Pero para aplicarlas, se requiere una cabeza fría de emociones negativas (rabia, ira) y un corazón cariñoso. Y hay que tener ojo con la improvisación: los padres improvisan en el momento un guión “educativo para la vida”, dependiendo de su humor, de su prisa, de su enojo. Pueden dejar pasar hechos reprobables un día, y al siguiente, encerrar al hijo durante un mes por la misma conducta.
 
¿Los padres de hoy están teorizando mucho la educación? (demasiados expertos, demasiada psicología...)
Creo que sí. Educar afectivamente, educar para la vida, es muy simple. El eje central es el amor, y a su alrededor hay que instalar la empatía, el respeto, la libertad y el asombro frente al misterio de la infancia, la niñez, la adolescencia. Es indispensable mirar a los niños como seres libres, prestados por Dios. No son nuestra posesión.
 
¿Es necesario frustrar a un niño para educarlo?
No es necesario, porque la vida misma se encarga de frustrarlos. Pero sí es importante no colmarlos de objetos materiales ni acceder a cada uno de sus deseos. Lo verdaderamente importante son los valores, las virtudes. Reemplazar el amor por los objetos es un modo simbólico de violentarlos para la vida, porque se les escatima lo esencial y se les incita a centrar la felicidad en el poseer.
 
La archi repetida vida moderna, padres que trabajan mucho fuera de la casa, tecnología, menos vida puertas afuera, ¿cuánto influye realmente y cuánto tiene de mito?
¡No es mito, es realidad! Muchos de los dolores de la familia actual tienen que ver con este sistema de vida tan despiadado. Las pantallas muestran a los niños una realidad tan estrecha, tan distorsionada... Y la naturaleza, nuestra fuente de vida, de alegría y de enseñanzas, se bate en retirada. Los niños miran a sus padres luchar y enfermarse para ganar un poco de dinero que luego malgastan.
 
 
COLEGIOS Y PROFESORES
 
“El buen desempeño académico depende esencialmente de tener paz y amor y de contar con profesores que enseñen a emplear los talentos en vez de limitarse a enseñar contenidos obligatorios. Los buenos alumnos son niños muy amados y a quienes sus padres y/o profesores han enseñado a pensar, a motivarse por descubrir, por adquirir cultura, no datos aprendidos de memoria”, dice Amanda.
 
Conceptos como “escuchar”, “proteger” y “dar amor” parecen lejanos al concepto de educación y escolaridad...
Pero son esenciales. Cuando faltan en la educación para la vida y en la educación escolar, se ha faltado a un derecho fundamental de los niños. Los adultos que no creen en estas palabras tienen terror de perder “autoridad”, sin entender que la verdadera autoridad se funda precisamente en el saber escuchar, proteger y acoger amorosamente.
 
¿Qué papel juegan los profesores en esta idea de educación afectiva?
Los educadores, en todos los niveles, son actores protagónicos de la educación en la afectividad, pero tienen que conocer el desarrollo de los niños desde la primera infancia a la adolescencia, tener sensibilidad a la dimensión emocional, vocación de educar para la vida y no simplemente para transmitir conocimientos. No es un instructor, es un educador integral.
 
¿Es posible educar afectivamente a un curso con treinta preadolescentes desordenados?
Por supuesto que sí. Los preadolescentes están llenos de energía vital, pero necesitan adultos que les muestren lo esencial de la vida, los emocionen y los conecten con ese mundo que parece estar vedado para ellos, el mundo de lo trascendente, de lo verdaderamente importante. Un profesor puede transformarse en el referente más importante en sus vidas, en la medida que los sepa acoger y escuchar, porque están hartos de adultos que simulan acogerlos, pero solo buscan controlarlos.
 
¿Cuáles son las principales omisiones que cometen padres y profesores con respecto a esta educación afectiva?
No saben escuchar, emiten juicios de valor, no saben transmitirles confianza, no los respetan e intentan controlarlos. Centran la educación emocional en los castigos, no saben resolver conflictos de modo creativo.
 
 
LOS MALES DEL SIGLO XXI
 
“Los niños están sometidos a un enorme estrés, en parte porque el currículo escolar es muy extenso, abultado y lleno de detalles innecesarios de aprender. Porque la jornada escolar extendida los agota, cansa y apabulla. Tienen mucho que hacer y muy poco tiempo. Entonces, duermen menos horas de las aconsejables, sienten que pierden el control sobre sus vidas y se sienten sobre demandados constantemente”, explica la profesional.
 
¿Qué pasa con las tareas escolares? Muchas veces ocupan tardes completas, agotan a niños y padres y solo crean aversión contra el estudio...
La jornada escolar completa se diseñó para que los niños pudiesen aprovechar mejor las horas libres. En rigor, no deberían llevar tareas, o estas deberían ser muy acotadas, breves y con sentido para el niño. Muchos llegan a sus casas agotados, abrumados y exasperados a hacer tareas que a veces ni siquiera se revisan.
Cada día existen más colegios que proponen métodos alternativos de enseñanza y varios de ellos han demostrado que con igual nivel académico... ¿hay un método mejor que otro para enseñarles a los niños? El mejor método pedagógico es el que busca entregar cultura al niño, enseñarle a pensar y acompañarle a desarrollar sus talentos, encontrando sentido a su vida y un propósito para llevar a cabo. Los contenidos deben ser adaptados a los intereses de los niños y deben estar supeditados a lo esencial, que es saber pensar creativamente. A mi juicio, estos objetivos solo son cumplidos a cabalidad por las metodologías Montessori y Waldorf.
 
¿Hay un sobrediagnóstico del déficit atencional y de la hiperactividad?
Sin duda. La administración de la inteligencia es llevada a cabo por ciertas funciones cerebrales, llamadas “funciones ejecutivas”, las que son extraordinariamente sensibles y vulnerables a efectos ambientales, entre ellos, la falta de sueño, una alimentación inadecuada (exceso de azúcar, de colorantes, de bebidas gaseosas, de grasas trans), el abuso de los videojuegos, el estrés crónico intrafamiliar y la falta de actividad física.
 
¿Qué pasa con los fármacos en edad escolar?
Hay entre un siete y un doce por ciento de niños que presenta una inmadurez cognitiva de origen genético (una variante normal del desarrollo) o como consecuencia de una falta de estimulación temprana. La mayoría de estos niños muestra un insuficiente desarrollo de las habilidades cerebrales al servicio de administrar adecuadamente la inteligencia. En ellos, el empleo de un psicofármaco específico, llamado metilfenidato, puede ser de gran ayuda. Si es bien indicado, el beneficio para ese niño es enorme y puede rescatarlo de la desafortunada situación de ser un mal alumno crónico.
 
¿Cuándo es necesario medicar a un niño? El Ritalin de ayer ha dado paso a nuevos medicamente que se supone reducen los riesgos secundarios, ¿es eso efectivo?, ¿cuáles son los riesgos que siguen existiendo?
La medicación con metilfenidato (Ritalin) persigue ofrecer al niño con Síndrome del Déficit Atencional algunas horas de buen uso de sus habilidades de administración de inteligencia. Este buen uso se va a reflejar en su desempeño escolar inmediato y, a la larga, en aprendizajes sólidos y una buena autoestima. Es una medicación “sintomática”; no es, como se afirma en la literatura médica, un “tratamiento”. El Ritalin (Aradix, Concerta) se usa en Chile desde fines de los setenta y es el único fármaco específico para el déficit atencional. En segundo lugar, está la Atomoxetina, con menor especificidad, pero también bastante efectiva. Y no hay más fármacos específicos. Por lo tanto, emplear medicamentos nuevos y riesgosos es responsabilidad del médico que los receta.
 
Da la sensación de que muchos colegios tratan de “deshacerse” de los niños inquietos mandándolos al neurólogo. ¿Qué papel deben jugar los padres —y la elección del médico adecuado— en poner freno a todo eso?
Eso es un mito. Los profesores no mandan a los niños a que los mediquen, los envían para que analicen las razones por las cuales un niño se muestra inquieto, ansioso y sin capacidad de atender a la actividad escolar. Es responsabilidad del médico cumplir bien su tarea. Los profesores hacen una gran labor preventiva y el error de los padres es oponerse y protestar. Los casos más difíciles de solucionar son los que consultan tardíamente. Lo que es preciso corregir es la superficialidad con la que se suele diagnosticar el déficit atencional. Pero es un problema de la medicina, no de los profesores.
 
Cada día escuchamos diagnósticos nuevos, síndromes y condiciones distintas en los niños... desde la ultra manoseada frase de los abuelos “a eso en mi época se le llamaba chiquillo de moledera”, hasta el híper diagnóstico de hoy, ¿dónde está el equilibrio?
En el conocimiento científico y académico, en el estudio serio, en la información sustentada en la investigación. Todo lo demás es charlatanería. A mí me preocupa la situación de la neurología y psiquiatría infantil en provincias, porque hay muchas carencias. El mito del “chiquillo de moledera” es muy peligroso. Un adolescente con trastorno de aprendizaje, crónicamente fracasado en la escuela y que se siente rechazado, puede cometer suicidio por vulneración a su derecho a recibir apoyo. Pero un niño sano que es metido en un diagnóstico errado y recibe medicación potente y con altos riesgos, también es un adolescente vulnerado.
 
¿Por qué ha aumentado la tendencia al bullying en los últimos años?
Porque los adultos hemos perdido la sensatez, la cordura y la capacidad de dar amor. Somos nosotros los responsables de la violencia en las escuelas, en las calles, en los estadios. Nuestra propia violencia, nuestra infinita capacidad para someter, humillar, controlar a los niños sin escucharlos. El bullying es una señal de que debemos detener la loca carrera por el consumo, por el progreso económico deshumanizado, por el egoísmo. Un niño que es amado y respetado jamás va a hacer bullying.

 

“Los padres improvisan en el momento un guión “educativo para la vida”, dependiendo de su humor, de su prisa, de su enojo. Pueden dejar pasar hechos reprobables un día, y al siguiente, encerrar al hijo durante un mes por la misma conducta”.

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