Con la temporada primaveral, establecida en Europa, subió al trono Máxima de Holanda, en aquellos reinos europeos, tan lejanos para nosotros pero hoy cercanos, porque la chica es argentina, o sea, nuestra vecina.
Representa el sueño de muchas, casi un cuento de hadas para otras. Pero, lo verdaderamente importante, es cómo a estas viejas monarquías, donde las princesas son preparadas desde pequeñas, hoy han arribado las plebeyas. Ellas cumplen una función importante, dar ese aire fresco, democrático y de cercanía, sin tanto protocolo.
Máxima, al igual que Leticia, Kate y otras, no solo representan a sus propios países, hoy todo es marketing, y ellas son fiel ejemplo de que la imagen es todo. La reina Máxima cultiva un estilo particular, su premisa personal no es precisamente el “menos es más”. Sus modelos preferidos son de Valentino y los sombreros que luce son generalmente de la diseñadora Fabienne Delvigne. Por su personalidad y temperamento extrovertido, simpático, alegre, marca una impronta en sus tocados y pamelas, demostrando gran osadía y con ribetes de exageración. Es muy argentina, lo cual personalmente me parece regio, ella se puede dar ese lujito. No tiene un cuerpo perfecto, ni la figura casi anoréxica de las anteriormente mencionadas, pero sabe sacarse mucho partido. Su sonrisa permanente, la soltura y el buen ojo para la moda, la han convertido en una dama muy querida, que ya es considerada de las más estilosas. Insisto una vez más, todo está en la actitud.