Primero, proponer alguna forma de religión universal, es decir una oferta pacificadora y ecuménica insuperable, o a lo menos difícil de ser resistida. Segundo y consecuentemente con lo primero, disponer de un ejército universal desplegado hasta los últimos confines justamente para evitar que su oferta de paz fuese alterada, puesta en duda o resistida. Tercero, proveer una administración global basada en el control desde una metrópoli que pasaba a ser símbolo y eje de ese poder y orden universal; capital que se enriquecía por consecuencia y se convertía en modelo de un universo civilizado desde ese eje imperial. Cuarto, un imperio que se precie de tal, impone su moneda, la que pasa a ser la moneda del universo; será el modo cambiario que impondrá como sinónimo de estabilidad y facilidad comercial, moned