En año electoral la televisión se acuerda de la política. La Red, que ha decidido abordar un público más joven con hincapié en las redes sociales y aprovechando un canal en Youtube para concentrar su programación, funde en este espacio de debate su moral y estética. Eso significa ser un poco chascones, pasados para la punta, y poner al periodista Freddy Stock al frente, que ha devenido en la política tras militar en el periodismo de espectáculos por lustros. Quizás por lo mismo, ver un capítulo de Red Social y su hora al aire recuerda un poco a los programas de farándula. Incluso la disposición del set y sus participantes —bautizado como “el panel inestable”— es exactamente igual.
Comparado a símiles como Estado Nacional de TVN, donde las facciones políticas se representan con la lógica binominal, una de las cualidades de Red Social es ampliar el espectro, en particular hacia la izquierda. La mayoría de los panelistas no supera la treintena, lo cual redunda en ciertos detalles: son más enérgicos y menos calculados en sus intervenciones, también algunos intentan majaderamente construir un personaje. Entendible y hasta válido, pero también un sufrimiento para el telespectador. Como son desconocidos para el gran público, se extraña en pantalla más información sobre quién habla, profesión y cargo, más allá de seguir su cuenta de Twitter.
Las notas introductorias a los temas de la semana son lamentables. Informes mediocres cargados de frases hechas y moralinas hacia la política, confundiendo de manera imperdonable el reporteo con la columna de opinión. El desempeño de Freddy Stock era bastante más jugado cuando hablaba de espectáculos que en la arena contingente. A ratos parece espectador de su propio espacio.