Para María Luz Dubrí, el emprendimiento nace de una decisión que poco tiene que ver con el dinero. Ella afirma que la fuerza que impulsa estas iniciativas, se relaciona con la necesidad de trascender y ser parte de “algo grande”. Si se hacen las cosas bien, el dinero es una consecuencia, es su premisa.
Su historia se remonta al año noventa y ocho, cuando entró a trabajar para la Compañía Minera Los Pelambres, de Antofagasta Minerals. Su trabajo era muy similar a lo que hoy realiza como empresa, pero la gran diferencia fue que su jefe de entonces no visualizó esta tarea como una oportunidad de negocios y al terminar el contrato, tomó sus cosas y se fue, dejándola a ella y a sus compañeros sin trabajo.
“Como Los Pelambres iba a entrar en operaciones, pensamos que era buena idea ofrecer nuestros servicios en gestión de personal. Nos recibieron encantados, pero había un problema: nosotros éramos tres y solo había dos cupos. Fue una decisión que tomamos en conjunto y con muchas emociones involucradas. Era idea de todos, pero de los tres yo me había separado y tenía un hijo, la otra persona era casado con dos hijos y la tercera persona vivía aún con sus padres y no tenía hijos. Entonces dijimos aquí hay un tema de necesidad y ella, María Elisa Cortés, fue tan comprensiva que cedió su lugar.”
Qué decisión más incómoda…
Fue muy fuerte, pero ella entendió los motivos y como el mundo es redondo, seguimos ligadas y hoy es parte de mi equipo de confianza. Luego de eso, parte SERCOL trabajando con dos personas, del 2000 al 2003. En ese minuto, no nos notábamos como empresa, éramos solo dos pasábamos inadvertidos. Pero te juro que había algo que sí marcaba la diferencia: yo tenía una necesidad imperiosa de ser distinta.
¿Cómo querías diferenciarte?
El trabajo era único y no teníamos competencia, por lo tanto, quedaba adoptar una postura de empresa, con imagen corporativa y todo. Yo le decía a mi compañero: “quiero que compremos unas chaquetas para que nos veamos diferentes”. Mi socio no estaba de acuerdo, no lo encontraba necesario y, en algún momento, lo conversamos y le ofrecí comprar su parte. Tan amigos como siempre, me quedé como única dueña e integrante de SERCOL. Tuve que contratar a una persona, pero andábamos felices, bien uniformados. Compré una camioneta, le puse el logo y empecé a buscar más trabajo.
Y así empezó el éxito...
Los servicios se fueron multiplicando y a poco andar tuve que contratar más gente, comprar otra camioneta y empezamos a crecer y a crecer. El año 2007 estuve un año en Santiago, trabajando como consultora, y pude dejar que SERCOL caminara solita. El año 2008 me llegó una invitación de SQM para que nos hiciéramos cargo de toda su faena acá en el norte. Y ahí me di cuenta de que había algo que yo no había considerado: que tenía muchos deseos de crecer, pero que no tenía ninguna intención de entrar a procesos de licitación.
¿Cómo así?
Es que entendí que el servicio que dábamos era tan bueno, que lo único necesario es explicar nuestra propuesta y ahí el cliente decide si la acepta o no... puede sonar un poco soberbio, pero la verdad es que para que funcione, también es fundamental que el mandante se comprometa. Por eso la negociación es cara a cara y no a través de procesos estandarizados. Siguiendo esta premisa, fui a Santiago, hablé con la persona del proyecto, le expliqué cómo nos haríamos cargo de todos sus contratistas, considerando que SQM tiene al menos diez faenas. En ese mismo momento recibí el ok y me vine al norte. Fue todo muy rápido, creo que era la región donde la empresa tenía que estar.
EL ORIGEN
SERCOL nace en la Región de Coquimbo, en la faena de Los Pelambres, una zona donde las empresas colaboradoras presentan múltiples necesidades, ya sea de permanencia en la operación misma, como en traslados, contratos y relaciones humanas. Por ello, uno de los valores que se ofrece a los clientes es trabajar con gente de la zona. “Acá en el control de contratistas es muy importante el contacto que tienes con la comunidad y por eso necesitas gente que sea de ahí, que sepa cómo moverse de un cerro a otro”, destaca María Luz.
El aterrizaje en Antofagasta fue vertiginoso y de trabajar con un equipo pequeño, de pronto sumaron cincuenta funcionarios. Se instalaron en Antofagasta por el ofrecimiento de SQM y de pronto la llamaron de Minera Esperanza. Eran treinta mil trabajadores que había que controlar.
¿Por qué crees que te invitan directamente a hacerte cargo?
Las relaciones laborales tienen que ver con la visión de las empresas mandantes. Nosotros formamos un equipo íntimamente relacionado con los administradores de contrato y debemos estar muy sintonizados para lograr los objetivos conjuntos, que finalmente se traducen en condiciones más seguras y eficientes para todos los trabajadores.
¿Cómo podríamos explicar lo que significa esto de gestión y control laboral?
La verdad es que no es fácil hacer un resumen porque la gestión de empresas contratistas no solo se trata de control de accesos o manejo de recursos humanos.
Es fundamental visualizar todos los detalles para entender la logística que me permite manejar las cosas de mejor forma. Mi producto es manejar el resguardo subsidiario, solidario y civil de las empresas colaboradoras. ¿Cómo hago yo para cumplir con eso?: con experiencia. Con trece años de trayectoria y trabajando en Antofagasta Minerals con proyectos de treinta mil personas, nunca hemos tenido grandes conflictos y hasta hemos contribuido para que las empresas reciban reconocimientos por sus relaciones laborales.
¿Descubrieron la fórmula?
Separamos nuestra actividad en cuatro partes: control de ingreso, permanencia, procesos de desvinculación y relaciones laborales. Es decir, desde que un trabajador ingresa a una faena, nos preocupamos de todos los detalles que tengan que ver con él, para que se sienta seguro
y protegido. Un valor agregado es que estamos alineados con las direcciones del trabajo de cada región, lo que ayuda enormemente a que la empresa mandante cumpla con las exigencias legales en todo momento.
SELF MADE WOMAN
María Luz hoy cuenta orgullosa que no tiene estudios superiores. Llegó hasta cuarto medio y no quiso seguir. “No estudié porque no lo sentía. No puedo decir que no tenía recursos o motivación, porque a mí me criaron los abuelos y me eduqué con una profesora normalista. Entonces era atroz, porque creo que todos esperaban que siguiera una carrera, pero no quise y me dediqué a trabajar”.
¿Y cuándo te diste cuenta de tu vocación de empresaria?
Yo creo que desde niña tenía un bichito comerciante. Hasta vendía paletas de jugo a escondidas. Había algo ahí que era natural, me gustaba hacerlo.
¿Alguna vez te pesó no estudiar?
En realidad, me dolía el ego. Pero cuando empecé a avanzar y a darme cuenta de que mi instinto y mi capacidad de aprender no tenían nada que envidiar a otros, me relajé. Hoy día te puedo decir que tengo cuarto medio y que estoy orgullosa de lo que he logrado porque soy experta en lo que hago, soy una de las personas que más conoce cómo trabajar o cómo gestionar las empresas contratistas.
¿Cómo llegaste a esto?
Se dieron todas las circunstancias. En el pueblo donde yo vivía, lo único que había para trabajar era una faena minera, propiedad del grupo Antofagasta Minerals. Partí como secretaria y me gustó mucho conversar con los trabajadores, conocer la historia de “los viejos”. Tenía veintiún años y después de tres años salí, busqué en otro lado, trabajé en una tienda y hasta vendí huevos de codorniz. En ese lapso nació mi hijo, que es mi razón de ser, y hoy día tiene veinticuatro años. Él es todo, es mi motor, es mi compañero, mi partner.
¿Resultó el negocio de las codornices?
No mucho, la verdad, así es que me puse a buscar trabajo. Desde Punitaqui me fui a Illapel y lo más cercano era minera Los Pelambres. Como mi hijo estaba un poco más grandecito, me fui a terreno y ahí empezó todo. Conocí el mundo de las empresas colaboradoras y me fue interesando el tema, me interioricé en legislación laboral y me gustó. Pero lo más atractivo fue que sentía que no era un tema tan conocido, era la oportunidad de brillar.
¿Y la familia?
En realidad, mi familia es pequeña. Mis abuelos me criaron y ya no están. Tengo dos hermanos y, además de mi hijo, heredé los hijos de quien fue mi pareja durante muchos años y que tampoco está. Ellos están siempre conmigo, los siento parte de mi vida.
¿Cómo te sientes en lo personal con el crecimiento que has tenido?
Orgullosa y satisfecha. Siento que mi vida va fluyendo y eso es muy gratificante, porque muchas veces el camino parecía cuesta arriba: mujer, sola y sin título... pocos apostaban por mi éxito. Sin embargo, soy como un caballito de carreras y me enfoco en un objetivo y no descanso hasta conseguirlo. Aunque he sufrido algunos reveses, la vida ha puesto en mi camino a personas maravillosas en quienes confío y que han sido pilares fundamentales en mi desarrollo como ser humano, como madre y como empresaria. Mi equipo de trabajo es de lujo, son personas con cualidades muy especiales y les agradezco profundamente confiar en mí. Lo mismo y multiplicado por mil, a las empresas que conocen y valoran nuestra gestión. Estoy en un momento de consolidación de esta organización que nació de un sueño y que hoy puedo decir que se ha cumplido. Aunque aún faltan muchas metas que alcanzar. Esto es solo el principio.