Cuando sus dos hijos eran más chicos, Esther y su marido, Carlos Bastías, les inventaban un juego. Iban al desierto y en un lugar cualquiera enterraban un tesoro. Era un simple tarro de leche, lleno de pastillas y dulces. La gracia estaba en que marcaban ese sitio en clave “mapa del pirata”, con pistas y señales. Un par de semanas después, volvían al lugar a buscar el preciado botín, contando pasos, usando brújulas y disfrutando a concho.
Es evidente que Esther Croudo Bitrán disfruta viviendo rodeada por el desierto más árido del mundo. Encuentra casi mágico el simple hecho de estar acá, doblándole la mano a un entorno hostil.
Nació en La Serena y luego partió a Santiago a cumplir su sueño de ser ingeniera comercial. “Yo estudié en la Universidad de Chile y la impronta de mi alma mater era formar futuros gerentes, entonces yo salí mentalizada para llegar a ser la encargada de la Coca Cola para Latinoamérica”.
Con ese pensamiento, y por amor a su marido desde hace más de veinte años, aterrizó en Antofagasta. Llegó justo en medio de la tragedia del aluvión y casi de inmediato fue a Radio Máxima a ofrecer su ayuda “en lo que fuera”. Así, respondió teléfonos, coordinó entrega de donaciones, puso en contacto a parientes. Estuvo donde las papas queman y casi de inmediato conectó con la esencia de los antofagastinos. Tal vez eso le facilitó adaptarse más rápido a esta nueva vida.
Comenzó una exitosa carrera bancaria y los hijos fueron cada vez más demandantes. Tuvo la posibilidad de consolidarse en lo profesional y cumplir su sueño de universitaria. “Sin embargo, hubo un momento en que tuve que cambiar el switch y ordenar mis prioridades. Yo elegí ser mamá presente y, por lo tanto, renuncié a mi trabajo”, declara Esther.
¿Fue difícil elegir?
Llevaba un par de años trabajando y la verdad es que estaba muy bien considerada. Pero no quería perderme los maravillosos momentos del crecimiento de mis hijos. Y bajé las revoluciones. Me fui a la Universidad de Antofagasta a hacer clases media jornada. Mis niños eran chiquititos y necesitaba ser dueña de mi tiempo.
Pudiste cumplir el sueño de muchas mujeres…
Es casi un lujo, la verdad. Y es que ser mamá y profesional es muy complicado. Tratar de compatibilizar los horarios, pedir permisos para no faltar a los actos del jardín o del colegio. Nosotras tenemos doble trabajo hoy día: rendir en el trabajo, rendir en la casa y ser perfecta siempre. Nos debemos sacar el sombrero ante nosotras mismas, somos súper esforzadas las mujeres.
Y hoy ¿cuál es tu objetivo?
Tengo un montón de experiencia y tiempo para entregar. Sigo haciendo clases en la universidad, hago cursos de capacitación, invento proyectos y, además, asumí la presidencia del Centro Cultural Estación Antofagasta.
Agenda completa
Es que soy una convencida de que cualquier persona tiene algo que aportar a la sociedad. Siempre hay algo que hacer fuera de las cuatro paredes de nuestras casas. Se puede ayudar a una institución, compartir nuestros conocimientos, invertir nuestro tiempo... siempre hay algo que hacer por el otro.
¿Y cómo enfrentas a las personas que sienten que no tienen nada que hacer?
Es que vivimos en un mundo híper fácil, súper consumista, muy desechable y las personas no buscan en qué invertir su tiempo ¡Hay tanto que hacer! Por ejemplo, Antofagasta es una ciudad que hay que descubrir, recorrer, conocer.
¿Sientes que no se dan el tiempo?
Es que quizás no se dan cuenta de que Antofagasta es la tierra de las oportunidades, donde hay mucho que encontrar en todo ámbito de acción, desde lo comercial hasta lo intelectual. El problema de Antofagasta tiene que ver más con el centralismo que con nuestra ciudad. Hay que cambiar la actitud.
CULTURA EN ACCIÓN
Hoy en día, Esther asume la presidencia del Centro Cultural Estación Antofagasta, que amparado bajo el FCAB, tiene un propósito: generar un espacio participativo y que rescate la identidad regional. No es un museo, no es una sala de exposiciones, es un lugar donde se busca que los propios habitantes de esta zona conozcan, entiendan y valoren lo que es nuestro.
“Más allá de las metas corporativas, mi objetivo personal tiene que ver con proyectar lo nuestro hacia el mundo, lo que decía Adriana Zuanic respecto a globalizar lo local, es decir, identificar nuestros rasgos característicos, sentirnos orgullosos y exportarlos el extran- jero”, señala Esther.
¿Crees que van bien encaminados?
Siento que nuestra primera etapa, la de darse a conocer, está bastante cumplida. Ahora, debemos consolidarnos y lograr que no solo las personas vengan a las exposiciones, sino que se sientan como en su casa, que participen en talleres, que los artistas en- cuentren acá un lugar donde desarrollarse. Ojalá que los creadores de otros lugares que nos visiten, participen e interactúen con los gestores locales, como una forma de dejar capital cultural instalado aquí. Y lo otro, como definición, es privilegiar el trabajo con gente de acá, de Antofagasta.
MUJERES EMPRESARIAS
Otro de los trabajos que enorgullece a Esther es el que ha logrado hacer asesorando a micro y pequeños empresarios. Su foco está en las mujeres y en los niños, para quienes ha desarrollado talleres de capacitación, charlas de liderazgo y una serie de otras actividades pensadas para potenciar los talentos.
¿Cómo ha sido esta experiencia?
He conocido mujeres muy potentes, muy choras, llenas de valor. Hay mucho poder en la mujer chilena y en la mujer antofagastina, sobre todo, porque deben vencer muchas barreras, mucho machismo. De hecho, me recuerdo de una señora que vendía sándwiches cuando el mall estaba en plena construcción. Ella iba con toda su mercadería y se ponía en un pequeño puestito. Pero siempre se daba el tiempo para asistir a las charlas de emprendimiento. Llegaba regia, muy arreglada y hablaba de tú a tú con grandes empresarios. Sin achicarse, preguntaba por rentabilidad, intereses y otros temas muy técnicos que daban cuenta de lo interesada que estaba en hacer crecer su negocio, meta que ha logrado y hoy ya está mucho más establecida.
Personas de ideas fijas y mucho esfuerzo...
Es que esas mujeres empresarias me sor- prendieron gratamente. Compartir con ellas es una experiencia muy bonita, es gente muy valiosa. Hay mil historias, pero todas ellas tienen algo en común, que son esforzadas, o sea, salen adelante a pesar de todo; pueden no saber calcular costos, pero ellas se manejan súper bien para hacer florecer su negocio.
¿Logran adquirir algunos conocimientos de economía?
Una vez, una chica que trabaja con papeles reciclados de cáscaras de verduras, hizo un pequeño análisis y descubrió que gastaba mucha plata en movilizarse en colectivo y decidió comprarse un auto. La miré y le dije: “eso es gestión”. Cuando tú miras tus cifras y dices esto lo puedo invertir en otra cosa es maravilloso, porque vas a despegar.
Hasta te emociona hablar de eso...
Es que hay tantos casos de éxito también. Mujeres que han mejorado su calidad de vida, la de sus familias y la de sus hijos, porque han profesionalizado su emprendimiento. Capacitar mujeres emprendedoras es, lejos, una de las pegas más lindas, porque tiene una serie de consecuencias positivas. Aunque el año pasado mis Emprendedores del Futuro, puros niñitos, también me dieron grandes satisfacciones.
¿Cómo fue ese acercamiento a los más chicos?
Me llena el alma trabajar con personas que se nota que están ansiosas de recibir oportunidades. Son proyectos en que tú estás transmitiendo, enseñando, pero al final la que gana es uno.
¿Y se puede meter “el bichito del empren- dimiento” en los niños?
Aunque no lo creas, ese bichito existe y se conoce como el gen emprendedor. Y hay gente que tiene ese gen emprendedor y hay otras que no, lo que no significa que para todos es valioso conocer cómo se inicia un negocio, porque quizás algunos se convertirán en grandes comerciantes y otros podrán arreglárselas para vivir o moverse en este sistema económico en que vivimos.
¿Alguno de tus niños te confesó sus ganas de ser empresario?
Yo soy bien tecnológica y mantengo contacto con mis estudiantes por facebook y correo. Y, a veces, ahí me cuentan sus proyectos. Uno me dijo una vez: “tía, cuando sea grande yo quiero ser empresario porque quiero ganar en dólares y poder usar todo el día el computador”, o sea, tienen la noción de mover el dinero, de usarlo como un vehículo para cumplir sus sueños.
¿Es un trabajo de grandes satisfacciones?
Enormes. De repente, ellos con dos o tres palabras te dan el agradecimiento más maravilloso que tú puedes esperar, como decir: “tía, yo quiero ser emprendedor, quiero ser ingeniero...” y empiezan a tener metas y eso es espectacular. Es tan maravilloso trabajar con la gente. Creo que por eso estoy tan agradecida de Antofagasta, porque me ha permitido nutrirme de las personas con las que me he relacionado. Todos han hecho que mi vida laboral sea espectacular.