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EDICIÓN | Mayo 2013

Una guerra y dos pueblos

Por Floreal Recabarren Rojas
Una guerra y dos pueblos

En los conflictos bélicos se acentúa el estudio en los combates, el aniquilamiento de soldados y las conquistas de pueblos y ciudades. Poca importancia se les asigna a las personas que vivían en estos lugares.

Ahora que rendimos homenaje a los héroes del Combate de Iquique, poco se detalla en los libros de historia, el estado de progreso en que se encontraban los pueblos de Iquique y Antofagasta, al comenzar la guerra.
 
Sobre Iquique, algunos afirman que era un simple campamento, carente de los más elementales servicios. Después de momentos prósperos sucedieron tiempos difíciles. La escasez de agua era el problema más grave. Para complicar aún más la existencia de los iquiqueños tuvieron que soportar dos fenómenos naturales: en 1868 un terremoto destruyó casi todo y al año siguiente el terremoto y el tsunami que concluyó con lo que había quedado en pie.
 
Estamos a mitad del siglo XIX. La carencia se había reducido y el gobierno central destina dinero para construir una iglesia, puesto que la anterior había sufrido un incendio. En este tiempo se explota el huano de aves, que se exportaba a los europeos que lo necesitaban para la agricultura. Pero el salitre comienza a mostrarse, pronosticando un porvenir auspicioso. El ferrocarril empieza a estirar sus rieles hacia las oficinas.
 
 
El salitre, y el evidente progreso de Iquique incentivaron la inmigración, que no era mirada con buenos ojos por las autoridades, gracias a la fama de ladrones que habían adquirido los chilenos. Los llamaban “hordas salvajes” o “extranjeros indeseables”. A mitad del siglo XIX más de mil chilenos residían en Iquique.
El gobierno peruano evaluó la importancia que había adquirido Tarapacá y la transformó en provincia, cuya capital fue Iquique, ciudad que se desarrollaba a pasos agigantados.
 
 
ANTOFAGASTA BUSCANDO SU DESARROLLO
 
Antofagasta apenas llevaba una década de existencia. El salitre todavía era una promesa, pero el ímpetu de los ingleses ya había construido parte del ferrocarril para el traslado del salitre. No obstante esta circunstancia, Antofagasta se mostraba como un buen punto estratégico para acantonar las tropas que debían enfrentarse con las bolivianas y peruanas. Estas circunstancias fueron básicas para planificar el conflicto bélico: había que conquistar Iquique fundamentalmente porque el salitre estaba produciendo importantes recursos económicos. Y Chile vivía un periodo de vacas flacas.
 
Los estrategas nacionales, determinaron situar en Antofagasta a las tropas y aprovechar el hecho que tenía un cable submarino para comunicarse rápidamente con la autoridad central. De acuerdo a estas consideraciones la escuadra chilena avanzó hacia el norte y bloqueó al puerto de Iquique, lo que significaba que no podían traer materiales del extranjero, y mucho menos, exportar salitre. El hundimiento de la Esmeralda y el sacrificio de Arturo Prat fueron decisivos en el triunfo de las armas nacionales.
 
 

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