Nació en Santiago pero vivió toda su vida en Concepción. Acá se inspiró con la belleza del verde y del mar cerca de Talcahuano, pero también conoció el lado oscuro: no tener dinero para costear talleres de pintura, artistas que se negaban a enseñarle gratis y puertas que se cerraban porque no tenía un nombre, ni contactos, ni estudios formales. Le tocó una realidad desagradable, pero él se vengó retratándola lo más bellamente que pudo.
Monserrat Quezada L. / Fotografías Sonja San Martín D.