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EDICIÓN | Mayo 2013

Una utopía posible

Mapocho pedaleable
Una utopía posible

Cada día son más los ciclistas que se toman las calles y veredas. Cada vez más santiaguinos se movilizan en dos ruedas para llegar a sus trabajos y, paradójicamente, cada vez son menos las opciones para que este desplazamiento sea eficiente. Dos arquitectos han planteado la opción de aprovechar el lecho del Río Mapocho y transformarlo en una zona de esparcimiento, edonde ciclistas y peatones encuentren un espacio. Parecía una utopía, hasta hace algunos días, cuando miles de personas se “tomaron” el río y demostraron que era posible.

 por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A. y gentileza BEAP consultores

En diciembre de 2007 se publicó el primer estudio de Marca Ciudad Santiago y los resultados fueron sorprendentes: solo el 1,6% de los capitalinos mencionó al Río Mapocho como uno de los símbolos importantes de la ciudad. O sea, este cauce fluvial, que recorre todo Santiago y que debiera ser fácilmente reconocido por sus habitantes, es un espacio poco valorado por la ciudadanía.
 
Tomando este dato y considerando los evidentes problemas de congestión y atochamiento existentes en la ciudad, los arquitectos Tomás Echiburú y Osvaldo Larraín desarrollaron un innovador proyecto al que bautizaron “Mapocho pedaleable”. En términos simples, consiste en recuperar el lecho del río en el tramo que este se encuentra canalizado (desde Lo Saldes hasta Estación Mapocho) y habilitar ahí un corredor al interior del cauce del río, donde ciclistas y peatones puedan circular libremente, sin semáforos ni cruces.
 
“Lo que queremos es recuperar el espacio público de un paisaje urbano que merece ser valorado. El río ya es una caja de hormigón, el recorrido ya está hecho. Solo hay que terminarlo y crear los accesos”, explica Tomás Echiburú.
 
Aunque contaban con el respaldo de las municipalidades de Santiago y Providencia, el único ministerio que se interesó en el proyecto fue el de transportes, que hizo una licitación aún sin resultados. Por lo que hasta hace algunas semanas se trataba de una utopía, de una idea que solo podría llevarse a cabo si es que la ciudadanía se manifestaba a favor. Y eso ocurrió —con creces— el sábado 4 de mayo. Ante el llamado de varias organizaciones, se realizó un piloto de lo que sería el trayecto y se abrieron 2,5 kilómetros para el tránsito de ciclistas y peatones. La respuesta fue increíble: más de cuatro mil personas llegaron a disfrutar de una jornada de deporte, esparcimiento y vida al aire libre. O sea, por ganas y entusiasmo, esta iniciativa no se queda atrás.
 
 
DE LOS TAJAMARES AL RÍO LIMPIO
 
Los tajamares de Badarán y Toesca se construyeron a fines de 1700, estableciendo el río Mapocho como un paisaje y espacio de esparcimiento libre y abierto a todos los habitantes. La idea de esas construcciones fue, por un lado, permitir el surgimiento de este tipo de espacios, y por otra, contener el río en caso de crecidas.
 
Una vez que el país se independizó, la ciudad comenzó a crecer y muchos de los desechos comenzaron a ser lanzados al río, transformándolo en un espacio sucio y maloliente. Fue entonces que Benjamín Vicuña Mackenna decidió canalizarlo, para evacuar las aguas y darle a Santiago apariencia de capital moderna. Con esto la ciudad comenzó a crecer a “espaldas” del río, se eliminaron las bajadas y empezó a verse como un foco de delincuencia e insalubridad.
 
El río era tierra de nadie y, por lo mismo, nadie se opuso cuando se construyeron autopistas por el borde y el lecho del río. Pero hace varios años que el proyecto Mapocho Urbano Limpio de Aguas Andinas eliminó la descarga de aguas servidas que iban a parar al río, conduciendo los desechos a plantas de tratamiento, donde el agua es limpiada y devuelta al cauce, lo que implica una gran oportunidad de recuperar el lecho como un lugar público.
 
 
LA IDEA
 
El “Mapocho Pedaleable” plantea aprovechar el tramo canalizado del río. La idea es aprovechar el interior cuando el nivel del caudal lo permita y construir los accesos que faciliten un desplazamiento fluido desde el nivel de la calle hacia el interior de la caja. Este proyecto solo es aplicable a las zonas del río que se encuentran canalizadas, no para aquellas zonas en que el Mapocho aún cuenta con su fondo natural.
 
Aunque revolucionaria, no se trata de una idea nueva. En Barcelona, por ejemplo, el Río Besós hasta hace algunos años estaba abandonado y convertido en un basural, hoy presenta una ciclovía y explanadas de pasto. Otras iniciativas similares funcionan en otros lugares del mundo, como el Sena, en París, o el Tíber, en Roma, cuyas riberas fueron acondicionadas como corredores que acogen formas alternativas de transporte.
 
¿Y qué pasa con las crecidas e inundaciones? Según Osvaldo Larraín, la caja del río está diseñada para acoger crecidas que ocurren cada cincuenta años (la última fue en 1982) y se encuentra subutilizada el resto del tiempo. Solo algunos días del año, por lo general muy pocos —cinco o diez a lo sumo—, el agua abarca el ancho total del cauce. El resto del tiempo queda vacío, sin uso e inaccesible, ya que los muros de casi cinco metros de alto que lo protegen hacen imposible acceder al lecho y en todo el trayecto canalizado solo existe una bajada formal.
 
De materializarse este proyecto, existiría un corredor de siete kilómetros, con la infraestructura necesaria para que peatones y ciclistas transiten juntos, libre de cruces con automóviles y donde el ruido de la ciudad desaparece. Las plazas de acceso se ubicarían en los parques, que contarían con la señalética necesaria para informar si es apropiado o no ingresar, por ejemplo, tras grandes lluvias o crecidas. Así de simple, si el río crece o llueve mucho, el corredor se cierra hasta que todo vuelva a la normalidad.
 
Qué es lo que falta para que esto sea una realidad. Según los ideólogos del “Mapocho Pedaleable”, sólo voluntad política. Para Osvaldo Larraín es necesario aunar los intereses de las comunas que se verían beneficiadas (Quinta Normal, Santiago, Independencia, Recoleta, Providencia, Las Condes y Vitacura) para establecer una propuesta conjunta y, sobre todo, se requieren ciudadanos activos e interesados que exijan a sus autoridades medidas concretas. 
 
Y como ya quedó demostrado que existen miles de santiaguinos comprometidos con el proyecto, Tomás Echiburú pretende seguir hasta el final: “Tenemos listos todos los estudios para entregarlos al próximo ministro de Obras Públicas. Si eso no nos funciona, seguiremos haciendo eventos para llamar su atención”.
 
 

“La caja del río está diseñada para acoger crecidas que ocurren cada cincuenta años y se encuentra subutilizada el resto del tiempo. Solo algunos días del año, por lo general muy pocos, el agua abarca el ancho total del cauce. El resto del tiempo queda vacío, sin uso e inaccesible”.

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