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EDICIÓN | Mayo 2013

El paso siguiente

Andrea Zondek, creadora de Fundación TACAL
El paso siguiente

No basta con rehabilitarse. No basta con visibilizar y aceptar la discapacidad. La inserción es la clave y el trabajo es el único camino para validar y empoderar a las personas. Eso lo sabe esta mujer, que durante veintiocho años ha trabajado para que todos, absolutamente todos, tengan una razón para levantarse cada mañana.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló.
“Hola, jefa”. El saludo se repite en cada una de las mesas de trabajo. Repartidas en una gran planta libre, grupos de personas trabajan afanosamente. Algunos arman tacos de papel, otros le ponen pegamento a cucuruchos de papas fritas, hay un equipo que dobla y embolsa paños de cocina y otro que retira etiquetas en pequeños potes plásticos reciclados.
 
Andrea Zondek es la ex directora del FONADIS (Fondo Nacional de Discapacidad), es la mujer del ex intendente Marcelo Trivelli y es mamá de Fernanda, Javier y Damián. Pero mucho antes de todo eso es la creadora de Fundación TACAL. La fundadora de este espacio, donde decenas de hombres y mujeres discapacitadas aprenden un oficio, descubren el valor del trabajo y se preparan para salir al mundo a valerse por sí mismos.
 
Cuando salió del colegio no sabía muy bien qué estudiar. Se decidió por terapia ocupacional sin saber muy bien de qué se trataba. Eran los años setenta, nadie hablaba de discapacidad, los minusválidos no se veían en las calles y nadie había escuchado hablar de la Teletón. “Me dieron un barniz de todo lo que significa la rehabilitación y de cierta forma me prepararon para lo que significa aprender haciendo, que es la base de mi trabajo”, recuerda.
 
Una vez egresada, entró a trabajar en un hospital público en el área de rehabilitación. Todo iba bien hasta que se le ocurrió hacer un seguimiento de aquellos pacientes dados de alta, para ver cómo se estaban reinsertando en el mundo. Lo que vio la conmovió. “Estaban todos deprimidos, no había posibilidades laborales ni de movilidad. Siempre me acuerdo del caso de un hombre joven, amputado de ambas piernas, al que subían a una carretilla para llevarlo a la plaza… un hombre inteligente, con todas las capacidades del mundo para trabajar. Fue tal mi nivel de frustración que volví al hospital y renuncié de inmediato”.
 
¿Ahí empezaste a darle vueltas a la idea de la fundación?
Tenía claro que la idea era finalizar lo que había partido. O sea, ¿para qué alguien se rehabilita?... para poder insertarse. Estoy segura de que no hay nada peor en el mundo que estar todo el día desocupado; el trabajo no solo es importante en términos de ingresos, sino también de dignidad, de valoración, de cómo pararse frente al resto.
 
¿Cómo recuerdas los inicios?
El año ochenta y cinco partí a CARITAS, a hablar con el padre Baldo Santi para contarle mi idea. No conocía a nadie, pero logré presentar mi proyecto y conseguimos financiamiento desde Alemania. Pero ellos exigían que una parte del aporte fuera a nivel nacional. Así que mi siguiente paso fue el Hogar de Cristo, donde Sergio Ossa nos cedió una casa en comodato por diez años (la misma que ocupan hasta el día de hoy). Así se inició Trabajo y Capacitación Laboral, TACAL. Al principio como una sociedad y, después de los noventa, como fundación.
 
¿De dónde salieron los primeros alumnos?
Partimos con las escuelas especiales. Descubrimos que no había nada después de eso, así que sus egresados fueron los primeros en trabajar con nosotros. El primer convenio que conseguimos fue para doblar bolsas de basura y envasar agua destilada.
 
¿Cómo te presentas frente a las empresas? ¿Como un lugar de inserción laboral para discapacitados?
No. Mi trabajo es igual que el de cualquiera y vale lo mismo. Nosotros ofrecemos calidad, cantidad y cumplimiento de los plazos. Eso nos ha hecho ganar prestigio por la calidad de nuestro trabajo, por ejemplo, con empresas como Banco Estado, a quienes les compaginamos y armamos cartolas y cuponeras de pago. Lo hemos hecho por doce años y jamás hemos tenido una queja.
 
 
IMITACIÓN, APRENDIZAJE
 
El que a su paso todos le digan “jefa” no es casual. Acá no hay “tías” ni “tíos”, la edad mínima para participar es de diecisiete años, solo adultos, que buscan romper el esquema de escolarización en que siempre se mueven los discapacitados. TACAL no es un centro de rehabilitación.
 
La primera etapa para entrar es una entrevista en que los especialistas de la fundación evalúan habilidades. La idea es conocer a la persona, saber si tiene ganas de trabajar —porque está comprobado que de nada sirve este proceso si los postulantes no llegan por voluntad propia— para poder establecer sus potencialidades de acuerdo con la discapacidad que presentan.
 
Se ven cosas muy dramáticas. “Llega mucha gente sin ningún diagnóstico previo o con evaluaciones equivocadas. Una vez llegó un joven con un informe que decía: Deficiencia Mental Profunda; Idiota. Así de fuerte. Me acuerdo que me senté al lado de él y me puse a contar unos papeles, se los pasé y él hizo lo mismo. Me imitó varias veces y ahí me di cuenta de que no tenía ninguna deficiencia, sino que era completamente sordo… Por eso siempre les digo a los que trabajan conmigo: acá no hay diagnósticos previos”.
 
¿Cuánto tiempo pasan las personas en TACAL capacitándose?
Entre seis meses y tres años. Somos una OTEC y, como tal, los SENCE duran quinientas horas presenciales y trescientos cincuenta de práctica. Nosotros les conseguimos las prácticas y hacemos un seguimiento cercano. Un cincuenta y tres por ciento de los que se capacitan con nosotros se queda trabajando formalmente. Con eso rompes el círculo de la pobreza; estamos hablando de familias con ingresos familiares bajísimos y ninguno de nosotros gana menos del mínimo. Que estas personas estén trabajando es una ganancia por todos lados: hay menos hospitalización y medicamentos, más fuerza laboral y menor carga para el Estado.
 
 
CUANTIFICAR LA DISCAPACIDAD
 
Sin ninguna militancia ni participación política activa, fue su labor en TACAL la que llevó al ex presidente Lagos a ofrecerle la dirección del FONADIS. Para Andrea fue una gran oportunidad de estar todos los días en terreno, viviendo de cerca la realidad de los discapacitados y poniendo en práctica lo aprendido en años de trabajo por la inserción.
 
“Armamos un equipo muy entretenido y complementario en que logramos visibilizar la discapacidad. Mostrar que la rehabilitación es mucho más que la Teletón y, por primera vez, cuantificar esta realidad en Chile”, explica.
 
¿Nunca antes se había contado la cantidad de discapacitados?
No, el 2004 fue la primera vez a través de un acuerdo entre el FONADIS y el INE. Recién ahí supimos que el 12,9% de los chilenos vive con algún grado de discapacidad, que se define como una deficiencia que le impide participar. Eso significa uno de cada tres hogares. También comprobamos que la relación entre discapacidad y pobreza es muy alta y el nivel de escolaridad muy bajo: solo la mitad termina la enseñanza básica, un diez por ciento la educación media y uno de cada veinte puede llegar a la universidad.
 
¿Eres partidaria de las políticas de discriminación positiva para lograr mayor participación?
Sí, siento que hay que avanzar en mayor cultura y eso se logra sólo con medidas de este tipo. Hay dos mociones en el parlamento que proponen un dos por ciento reservado para personas con discapacidad en empresas que tengan cincuenta o más trabajadores. 
 
Tú trabajas en la inserción, pero lo cierto es que todavía hay trabajo pendiente en rehabilitación…
Exactamente. Hoy solo seis de cada cien personas recibe la rehabilitación que necesitan; y eso incluye a la Teletón y las mutuales. Falta mucho por hacer, hay mucha más cobertura para niños que para adultos.
 
TACAL ya tiene veintiocho años, ¿no te preocupa saber cómo funcionará cuando ya no estés?
Siempre me ha preocupado y, por lo mismo, hemos ido avanzando para que camine sola. La Fundación tiene un directorio del cual yo no formo parte, somos autosustentables y tenemos control de gestión, porque estamos seguros de que este tipo de organizaciones no puede depender de la caridad. Nuestros aportes y trabajos voluntarios nos han servido para crecer, pero para el día a día tenemos un modelo de negocios. Nuestro objetivo es ser la mejor OTEC del mundo y mantenernos gracias a eso.

 

 

“Hoy solo seis de cada cien personas recibe la rehabilitación que necesitan; y eso incluye a la Teletón y las mutuales. Falta mucho por hacer”.

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