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EDICIÓN | Mayo 2013

De la tierra a la mesa

Huertas Familiares
De la tierra a la mesa

Existen desde la prehistoria, pero hoy, están marcando una tendencia. Requieren poco espacio y su cuidado es simple; ornamentan, permiten ahorrar dinero, pero lo mejor de todo, es que a escasa distancia se encuentra la hierba, fruta o verdura fresca que irá directamente al paladar ¡Bienvenidas las huertas a los hogares!

 

Por Verónica Ramos B. / Fotografía Patricio Salfate T.

¿Hay algo mejor que un pollo al tomillo preparado con la hierba recién cortada o una lechuga crespa con ciboulette extraída del propio jardín? Quienes han experimentado la sensación de plantar, cuidar y cosechar sus alimentos saben a qué me refiero. Para algunos tiene una magia y una mística especial, sin embargo, siendo un acto tan antiguo y tan propio del hombre, por diversas razones no es común denominador entre los seres humanos.

Pareciera ser más cómodo comprar la verdura en el supermercado o la feria. Vivimos el tiempo de lo inmediato y la paciencia se acaba rápidamente, sin embargo, quienes sí han optado por las huertas en sus hogares, afirman que este sistema se incorpora de manera natural y forma parte de un estilo de vida. Los entendidos señalan que las complicaciones de tener una huerta se deben al desconocimiento de las personas.

La autosustentabilidad, el ahorro, el saber de dónde provienen los vegetales y la manera cómo han sido cuidados, así como el consumo de productos frescos, son algunas de las poderosas razones que invitan a cultivar una huerta, dentro o fuera de la casa. Sí, porque incluso en departamentos, aprovechando las terrazas o lavaderos, se puede disponer de maceteros o jardineras con una exquisita variedad de hierbas y verduras de menor tamaño.

Quienes viven en casa o parcela, pueden cultivar en un reducido espacio del jardín, ojalá cercano a la cocina e iluminado. En una pequeña extensión, es posible plantar hortalizas, hierbas, leguminosas, frutas, incluso flores aromáticas para ornamentar.

El cómo hacer una huerta, no tiene mayor ciencia, existen talleres, cursos y capacitaciones comunitarias que entregan indicaciones muy fáciles de realizar. Internet también es una buena fuente informativa para primerizos en el tema. El ingrediente principal es tener el ánimo, la paciencia y la disposición para dar el primer paso del cultivo. La cosecha suele ser la parte entretenida de esta técnica, los niños son quienes más disfrutan sacando lechugas, zanahorias, rúgula, cilantro, cebollín, tomate cherry, espinacas, repollos, acelga, ciboulette y un sinfín de verduras. 

 

JARDINES SUSTENTABLES

Yorka Muñoz vive en una parcela en las afueras de La Serena. Hace un año que, pacientemente y con amor, cultiva sus verduras favoritas en un vivero y en una huerta que la ha ido ampliando, a medida que ha visto los resultados. Todo es para el consumo propio de su familia. Frambuesas, frutillas, murtilla, ciboulette, salvia de mesa, berenjenas, orégano y otras hierbas aromáticas conforman su huerta, que ocupa muy poco espacio. En el vivero, una tina antigua descansa en el centro, rodeada de mango, tomate cherry, pera, corazón de buey y peperón chino, entre otros.

Al ingresar a su casa, cuelgan de los muros una serie de ollas antiguas, que también aprovecha para el cultivo de poleo. “Todos los espacios y materiales son aprovechables. La huerta se hizo con madera reciclada, para cercar y proteger las verduras de los gansos y los perros. Este año coseché cerca de diez kilos de frambuesas y las hice mermelada ¡Esto es maravilloso!, porque en un supermercado el kilo de frambuesa es carísimo, entonces el ahorro es significativo”, cuenta Yorka.

¿Tener una huerta obedece a una filosofía de vida?
Cuando me entero de lo que uno come afuera, de los químicos que contienen los alimentos y de los precios excesivos versus lo que tengo en mi casa, no hay comparación. Son alimentos limpios, frescos, sabrosos y gratis, ¡qué mejor! Este es un ejemplo también para mis hijos, porque es una forma de vida.

¿Es una tendencia?
Hace años, pero yo siento que falta una conexión más profunda con la tierra. Hay quienes marcan la pauta y se convierte en una moda ¡No podemos pensar solo en comprar! Debe haber un cambio de conciencia respecto al consumismo.

Un aporte sustancial en la incorporación de huertas familiares son los proveedores. La ingeniera agrónoma, Carolina Valenzuela, partió con una productora de almácigos en La Serena, junto a su marido, en el año 2000. En el intertanto, tuvo la idea de crear huertas para su casa, amigos y familiares. “Por una necesidad de las personas, ampliamos la variedad de siembras como: lechuga morada, albahaca, hierbabuena, radichos, cilantro, perejil, espinaca, tomillo, betarraga, acelga, cebollín, rúgula y mucho más. Preparamos las bandejas almacigueras con diez variedades de cada producto, son cien en total. Es un trabajo a pedido y la entrega es a domicilio”, comenta entusiasmada Carolina, quien cuenta con su propia página web para ofrecer sus productos www.huertasurbanas.cl.

¿Cuáles son los requisitos para tener una huerta?
No es necesario ser ingeniero agrónomo para hacer una huerta, es muy simple. Yo entrego estas cien unidades y las personas ya tienen lista la tierra, dividida en pequeños cuadrados. Las plantas pequeñas, como lechuga o hierbas, van en las primeras filas y las más grandes, que pueden ser tomates, apios y repollos, deben cultivarse atrás. Los cebollines deben ir más juntitos y las zanahorias requieren un poco más de profundidad. Yo entrego también un formato con las indicaciones que son muy sencillas. Del riego, necesitan lo mismo que cualquier planta.

¿Cómo ha sido la recepción de la gente?
Muy buena, porque se dan cuenta que de manera simple tienen sus propias verduras y frescas. Ahora estoy haciendo unos catálogos con formatos de huertas para regalo. Los envuelvo en una arpillera y los entrego. ¡Es un obsequio creativo, original y muy útil!

EL LADO VERDE

Rodrigo Pereda y Natalia Gómez son kinesiólogos y tienen dos niños, que son los que más disfrutan embarrándose, regando y cosechando la huerta que cultivaron en casa hace dos años. Es de uno por tres metros y de ella extraen tomate, acelga, papas, rocoto, ají, entre otros. “Comer alimentos sanos, sin manipulación genética, salir de la cocina y sacar tus propios alimentos con sabor y aroma natural, es lo que nos mueve a tener esta huerta”, señala Natalia, quien agrega que este año se cambiarán de casa para tener una huerta más grande: “queremos tener casi una feria en nuestro hogar”, dice entre risas.

Luz Marina Gómez inició hace tres años un emprendimiento basado en la producción de stevia. Con el tiempo, la demanda se expandió a hierbas, luego vegetales y así nació “Mi lado verde”. En el amplio jardín de la casa de su madre, en Coquimbo, construyó un invernadero y dio vida a las huertas. 

Cuenta con una producción limitada de almácigos y utiliza también el intercambio de semillas. “Nuestras madres y abuelas tienen la cultura de las huertas, pero hoy vemos que niños y jóvenes, que tienen mentalidad ecológica y mayor conciencia del perjuicio de los químicos, son un segmento importante para llevar a cabo esta iniciativa. Esto también es un ahorro y una satisfacción de ver como una planta pequeñita creció bajo tu cuidado”, cuenta Luz Marina, quien ofrece a sus clientes una amplia variedad de productos en su página web www.miladoverde.com.

La invitación es a tomarse unos minutos del día… animarse junto a la familia y disfrutar de la frescura y sabor natural de las verduras y hierbas. Una técnica ancestral que toma fuerza cada día. ¡Manos a la tierra!

 

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