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EDICIÓN | Mayo 2013

El inconsciente colectivo

Claudio Goycoolea, pintor
El inconsciente colectivo

La sociedad es el tema que trasciende a este tremendo pintor rancagüino. Casi como
una obsesión, todas sus pinturas envuelven historias a veces ciertas, otras imaginativas, todas similares en cuanto a la forma: dibujos extremadamente estilizados de hombres, mujeres, niños, animales, edificios, pasajes, casas.
Aquí, el expresionismo de la nueva era.

por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

Diferentes rostros en un óleo. Todos hombres. Todos con facciones distintas y todos fumando. Distintos tipos de pescados, en otra obra, unos con grandes dientes, otros más pequeños, algunos con enormes ojos. La entrada a un burdel, el paisaje del campo, los bares, las calles, las tragedias, son los temas que con tremenda magnificencia relata Claudio en sus obras. “Me acuerdo que estando en el puerto de Valparaíso, en donde hice una exposición del lugar, vi un cesto lleno de pescados. De ahí nació la idea de pintar esta obra que la titulé Cabeza de pescao”.

Ver un cuadro de este pintor, recuerda al que para él es uno de sus referentes: Pablo Picasso. Quizás hay un cierto cubismo, pero sin duda lo que más llama la atención es el fuerte expresionismo que hay en todas sus obras. Además de su mirada especial al pintar, ya que todo adopta una forma única, estirada, alargada, que recuerda inmediatamente a esas figuras del Greco. No cabe duda que la pintura es una posta, y quizás Goycoolea tomó el bastón de dos de los grandes pintores del mundo –Picasso, el Greco- de distintas épocas, para juntarlos en sus obras, con su propia mirada crítica de la sociedad actual.

En el patio trasero de una casa antigua ubicada en la población Rubio de Rancagua, Claudio pasa sus tardes pintando. Aquí tiene su taller. Llegó hace años a Rancagua para estar más tranquilo y cerca de la familia de su mujer. Su casa repleta de antigüedades, es perfecta para la estampa de este destacado pintor, un poco tímido, bastante humilde para haber ganado importantes premios y haber realizado exposiciones por todo el mundo. Hace años ya que sus obras viajan a España, Francia, Estados Unidos, Perú, Austria u Holanda.

¿Cómo definirías tu pintura?
Como un expresionismo figurativo, por ponerle un nombre.

¿Qué temas trabajas?
Todos los que tengan que ver con la realidad.

¿Las temáticas que te generan más curiosidad?
Han sido épocas. Empecé pintando paisajes, la playa, después mi barrio, la bohemia, la gente en los bares de Valparaíso. Después tuve una etapa en donde realicé una serie en donde plasmaba los problemas de la época, del gobierno militar: las protestas, las marchas. La idea era mostrar los hechos, el cambio social.

¿Piensas los temas antes de trabajarlos o es algo que nace espontáneamente?
Nacen de forma inconsciente, es una forma de describir lo que está pasando en el momento. Es lo que se está viviendo.

Tu trabajo ha ido evolucionando hacia lo social, ¿por qué?
No lo sé.


MURALES EXPLOSIVOS

Mientras nos muestra su obra, nos cuenta que desde pequeño vivió la magia del arte, con un padre fotógrafo y poeta, que le permitió acercarse al mundo de la bohemia artística, y conocer distintos pintores. “Siempre me gustó la pintura, pero no fue hasta los dieciocho años que decidí dedicarme a esta por completo”.

Estudió arte por tres años en la Universidad de Chile, y por décadas solo se ha dedicado a pintar. Desconocido para algunos, este artista, de pelo largo, barba, bigotes y anteojos, empezó a hacer fama viviendo ya en Rancagua cuando se ganó su primer Fondart, 2001.

Contar La tragedia del humo: Testimonio de una época, ocurrida en el campamento minero Sewell –hoy patrimonio de la humanidad-, con un enorme mural, fue el primer concurso que ganó y la primera obra de dimensiones gigantescas –posee seis metros de ancho por tres metros y veinte centímetros de largo- que le tocó realizar en el muro de un edificio de dicho lugar. Para crear su obra, Claudio estudió acuciosamente el caso, fue al lugar más conocido como “el corazón de los Andes”, y se interiorizó de una de las catástrofes más grandes ocurridas en el tema minero en Chile, plasmando luego de manera magistral aquellos momentos: mujeres llorando, hombres desesperados, muerte, pena, llanto, un mural de colores grises, oscuro, que genera lo que busca: impresionar al visitante.


EL INCONSCIENTE

Para Goycoolea, lo más relevante de su obra es el tema social, ese que está en el inconsciente colectivo, ese que no nos detenemos a ver, y que para los ojos del artista es una manera de plasmar lo que ocurre en cada época, consiguiendo que quien ve uno de sus cuadros, reflexione al respecto, y profundice sobre lo que es la vida misma.

Sin duda una de las obras más importantes que ha realizado y que también fue otro proyecto Fondart que ganó, se tituló La educación, y fue realizado el 2012, un óleo sobre paneles de madera terciada. Un tema no menor que le vino como anillo al dedo pues justo se propuso en medio de la revuelta social de los estudiantes. Son cuatro cuadros que juntos alcanzan los tres metros noventa centímetros de alto, por cinco metros de largo.

¿Qué se ve en la obra?
La educación básicamente en la región. Es la historia del niño desde su primer día de clases hasta que entra a trabajar.

¿Cómo ha sido vivir del arte?
Difícil al principio, pero gracias a los proyectos Fondart y buenos clientes hemos salido adelante.

¿Crees que cada día hay menos interés por el arte?
Todo lo contrario, creo que es al revés, y va en aumento. Las nuevas generaciones vienen con ganas de saber, conocer y experimentar el arte sin miedo.

 

“Los temas que propongo nacen de forma inconsciente, es una forma de describir lo que está pasando en el momento. Es lo que se está viviendo”.

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