El joven realizador viñamarino se asentó hace tres años en su ciudad natal, tras haber cumplido varios de sus sueños. Lleva más de una década trabajando en dirección, producción ejecutiva y dirección de fotografía en proyectos de alto nivel en Estados Unidos (Miami y Nueva York) y hasta la fecha continúa ganando numerosos premios en los festivales de cine chilenos y extranjeros. Hoy está concentrado en promover su más reciente obra Pena de muerte, galardonado documental, basado en los crímenes de los psicópatas de Viña del Mar.
Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.
A Tevo Díaz (40) siempre le gustó el cine, desde chico paseaba en bicicleta por el sector de los Ponientes en Viña del Mar inventando historias, no se perdía película en el Cine Arte (gracias a su amigo Edgard Doll, hijo de los dueños) y era un lector empedernido, ingredientes que alimentaban su espíritu cinéfilo. En aquellos años jamás pensó que, de grande, trabajaría con directores de Miami y Nueva York y ganaría importantes premios en festivales de cine nacionales y extranjeros.
Su vínculo con el cine se da por distintas aristas, pero sin duda una que está muy en boga es la que tiene relación con los psicópatas de Viña del Mar. Tras una conexión muy personal con el tema y una importante investigación de años, Tevo decidió llevar adelante Pena de Muerte, documental que desde una mirada muy particular, da a conocer los hechos de sangre ocurridos en los años ochenta en la Ciudad Jardín, tocando a víctimas y victimarios.
A fines del 2012, Tevo ganó con esta cinta el Gran Paoa y otras distinciones en el último Festival Internacional de Cine de Viña del Mar, y continúa postulando a otros galardones en Chile y el extranjero. Canal 13 también se interesó por el tema y en estos meses está en plena producción de una serie nocturna. Este thriller para televisión, estará centrado en el caso de la serie de crímenes que empezaron a remecer a la Región de Valparaíso a principios de los años ochenta y que repetían el mismo patrón de muertes. Cuenta con las actuaciones de Francisco Pérez-Bannen, Cristián Campos, Mario Horton, Francisca Lewin y Mónica Godoy, entre otros.
¿Canal 13 te llamó para participar en esta serie?
Un productor me llamó para ver mi documental y las imágenes de archivo. Me invitaron a participar, pero no es lo que más me interesa. Sí creo que es fantástico que se haga la serie, pues mientras más se hable del tema, tendremos más luces de lo que realmente pasó.
EL POETA ANÓNIMO Y LA CIUDAD DEL FUTURO
Pieza inconclusa para piano mecánico y Ojos Negros, ambas del director Nikita Mikhalkov, son películas que le marcaron desde muy joven y para siempre; tal como los libros El Tesoro de la Juventud y El Juego de abalorios de Herman Hesse, entre otras obras del mismo autor. “Mi interés por leer se produjo porque en mi casa había una biblioteca del tamaño de una pared. Pero estaban todos los libros desordenados, yo era como genio de la computación, tuve de los primeros Atari 600 XL, estudié Basic y Logon e inventé un programa (similar a un kardex) para ordenarlos y clasificarlos. Una vez que terminé, empecé a leer los libros y no paré más”.
Cuando egresó del Colegio SSCC Padres Franceses de Viña del Mar, estudió un año de ingeniería en la Universidad Católica de Valparaíso, pero descubrió que no iba por ahí su camino, así que se fue a Santiago a cumplir su sueño. Estudió comunicación audiovisual y cine en el Instituto ARCOS.
¿Cuál fue tu primer trabajo audiovisual?
En 1996 hice el documental Señales de Ruta, sobre el poeta Juan Luis Martínez, cuya obra es muy conocida en el extranjero. El creó un libro (El poeta anónimo) lleno de citas que te remitía a otras publicaciones. Postulé a un FONDART, gané y con estos fondos llevé a cabo mi primera realización audiovisual. En el documental, rodado en cine, aparece Volodia Teitelboim, comunista acérrimo, y Miguel Serrano, el nazi acérrimo, en un diálogo de opuestos que aterriza lúdicamente en la poesía de Martínez. Un productor que trabajó conmigo lo vio terminado y me dijo que el documental era pésimo. Yo le creí, perdí las esperanzas, lo guardé por años en un closet y me puse a buscar trabajo.
¿En agencias de publicidad, como muchos cineastas de la época?
Es que no me gustaba la publicidad, no me interesaba vender champú ni nada parecido, yo tenía un rollo demasiado especial con mi oficio. Quería ocupar lo que sabía para hacer cosas más trascendentes. Finalmente no encontré nada en mi área en Santiago y terminé trabajando de mozo en el restaurante Santa Fe de Viña del Mar. Paralelamente, seguí escribiendo guiones, entre ellos, la historia de un western futurista que quería filmar en las dunas de Reñaca.
¿Lo rodaste?
Claro, se llamó Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida), y de hecho las escenas de la ciudad del futuro las grabamos en la ENAP. A este proyecto se sumó un tipo que conocí un día en el Cine Arte, se llamaba Cristián, quien había estudiado en la Escuela de Cine de Cuba y vivía en Miami. Rodamos el corto, donde actuó Arnaldo Berríos y nosotros mismos. Este tipo me entusiasmó para que nos fuéramos a Miami, luego a Los Angeles y termináramos de armarla allá. Pero poco antes de viajar tuvimos un problema, pues él se emborrachó y dejó la grande. Yo le pasé la mitad de la película, ya que él había ayudado a financiarla, partí a Miami igual, y le dije que allá nos juntáramos para hablar. Nunca más supe de él y jamás pude terminar la película porque, tal como me enteré muchos años después, él incluso perdió el material.
¿Qué hiciste en Estados Unidos?
No conocía a nadie allá, obviamente, primero trabajé de copero y me fui abriendo espacio de a poco en lo mío. Conseguí trabajo en filmaciones como asistente de producción. Conocí a un colombiano que era director y me metí en el mundo de la video música. Participé como eléctrico, grip (el que mueve la grúa) y truck dish (una suerte de arsenalero) en videos de Chayanne, Ricky Martin, Alejandra Guzmán, Luis Fonsi, Julio y Enrique Iglesias y muchos artistas más. Me convertí en freelance y me moví por Miami en estas producciones.
¿Pudiste retomar tus proyectos personales estando allá?
Sí, conocí a un director norteamericano de videos que tenía ganas de trabajar en algo distinto y le ofrecí mi documental sobre Juan Luis Martínez. Se entusiasmó, le encantó y me ayudó a terminarlo. Ellos lo mandaron el Festival de Cine Independiente de Nueva York, clasificamos y partimos para allá. Nos fue espectacular, en el 2000 ganamos el premio al mejor documental extranjero y ese mismo año, seguí logrando premios con este mismo trabajo en el Festival Internacional de Cine de Valdivia, el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar y en el Festival Internacional de Documentales de Santiago, FIDOCS.
¿Te radicaste en Nueva York?
Sí, tomé todas mis cosas y me fui a Nueva York. Allá trabajé como eléctrico y gaffer (el que dirige la iluminación) y, el 2007, me convertí en director de fotografía y empecé a dirigir video música y documentales de otra gente. En cine me tocó trabajar en varias cintas con Danny Glover, Jack Black, Mia Farrow, Harrison Ford, Glenn Close, en Los Ángeles, Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
Hasta el 2010…
Es cierto, ese año decidí regresar a Chile a hacer lo que mejor sé hacer. Entre otras cosas, dar vida al documental Pena de muerte.
PENA DE MUERTE
Cuando era niño, Tevo tenía de mascota un loro, a quien llamó Macabeo, y cada vez que lo sacaba a pasear atraía la atención de los transeúntes y también de los carabineros de la Primera Comisaría de 4 Norte en Viña, quienes lo invitaban a pasar, le daban bebida, le conversaban, pues les hacía gracia “el chico del loro”.
“Una vez, cuando tenía nueve años, venía del colegio y muy cerca de mi casa vi a un tipo que tenía toda la cara quemada. Me pidió agua y yo arranqué súper asustado. Meses después lo volví a ver, ¡pero entrando a mi casa! Mis papás andaban de viaje por Europa. Partí corriendo donde mis amigos carabineros de 4 Norte y les dije que había un tipo entrando a casa. Ellos llamaron a mi abuela y ella justo lo vio por la ventana y pegó un grito. Me subieron al furgón y al llegar a casa, ya no estaba. Pero pasó el tiempo y un día un oficial me llamó para que entrara a la comisaría, yo no sabía para qué. Entré a una pieza donde sobre una tarima había tres delincuentes esposados, uno de ellos era el tipo quemado. ¡Estaban pidiéndome que lo identificara! No me atreví, me dio terror, él me estaba mirando, así que dije que no reconocía a nadie”. Este es uno de tantos episodios vinculados con los carabineros que protagonizó Tevo en su niñez, que fueron quedando guardados en su mente.
En los ochenta, cuando en el diario La Estrella de Valparaíso publicaron la foto de los dos carabineros que serían ejecutados por el caso psicópatas, Tevo reconoció claramente a uno de ellos, como uno de los uniformados que solía jugar con él y su loro en su niñez. Este recuerdo influyó muchísimo en su decisión de llevar adelante el documental Pena de muerte.
¿A quién reconociste?
A Jorge Sagredo, uno de los inculpados por el caso y que murió fusilado en enero de 1985, sentenciado por diez asesinatos y cuatro violaciones. De hecho, después supe que Carlos Topp Collins, el segundo inculpado, también trabajaba en ese retén, pero yo no me acodaba de él. Hubo otro hecho que me llevó a conectarme con el tema. Revisando mis agendas de juventud, encontré que había pegado las fotos de las diez víctimas de los psicópatas y escrito una semblanza sobre cada uno… ¿por qué lo hice? No sé.
¿Qué fuentes empleas en el documental?
En Estados Unidos, junto a un amigo, nos fuimos a la Biblioteca de Nueva York y encontramos el libro El cronómetro de la muerte, de Ricardo Ruiz, sobre los psicópatas de Viña. Una vez en Chile, lo entrevisté y empecé a recopilar material. El 2010 gané un fondo audiovisual de gobierno para financiarlo y seguí contactando a los involucrados, al inspector jefe, el neurosiquiatra que elaboró un perfil de los acusados, abogados, víctimas y parientes y construí un relato que va de la mano con la recreación, archivos, animaciones, testimonios y música incidental.
¿Quiénes lo protagonizan?
Pena de muerte es un documental sobre una investigación policial y establezco un diálogo entre cuatro disciplinas. Está basado en cuatro pilares claves, el primero es el detective Nelson Lillo, quien se encargó de encontrar a los culpables; el neuropsiquiatra Simeón Rizo Castellón, nicaragüense, que estuvo en esa época en Viña y colaboró a crear el perfil del posible asesino; la abogada querellante de las familias de las víctimas, Laura Soto, y el periodista Ricardo Ruiz Lolas, autor del libro sobre el tema.
¿Y qué pasa con los cabos sueltos?
El proceso judicial duró cinco años y fue uno de los más enredados de la historia chilena, por ende hay cabos sueltos y se sabe que los culpables de los diez crímenes no actuaron solos. Hubo muchos sospechosos, por ejemplo, el empresario Luis Gubler, detenido por seis días y liberado por falta de méritos. Lo más fascinante de esta historia, es que no hay certeza de nada, es un entramado de mitos y rumores. No se sabe quiénes son los verdaderos culpables, la película es abierta en ese sentido. Si me preguntas qué pienso yo de lo que ocurrió realmente, te puedo decir que solo sé que nada sé.
¿En qué estás hoy?
Monté mi compañía que se llama Trebol3 Producciones. Lo más reciente son los videos promocionales internacionales para CORFO y mi rol en la producción del documental We are Sudamerican Beats. Fui director de fotografía en las películas chilenas Baby Shower (Pablo Illanes), La pasión de Miguelangelo (Esteban Larraín) y del documental Última esperanza (Alex Moya). Estoy en dos proyectos de series para televisión, sigo haciendo clases en las escuelas de cine de la Universidad de Valparaíso y la Universidad de Viña del Mar. Continúo viajando a Nueva York, al menos cuatro veces al año; postulando y ganando fondos de financiamiento público. Estamos armando un plan de negocios para meter nuevos proyectos en el mundo privado. Lo positivo es que volví a Viña, mi ciudad natal, fui papá por segunda vez hace muy poco, estoy enseñando lo que sé y haciendo realidad mis propias realizaciones.
“Participé como eléctrico, grip y truck dish en videos de Chayanne, Ricky Martin, Alejandra Guzmán, Luis Fonsi, Julio y Enrique Iglesias y muchos artistas más. Me convertí en freelance y me moví por Miami en estas producciones”.