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EDICIÓN | Agosto 2011

Cuerpo de mujer

María Paz Rodríguez, grabado
Cuerpo de mujer

Sus grabados son la expresión de su alma, y su alma habla por sí sola: fragilidad, sentimiento, pasión y delicadeza, son algunos de los sinónimos que, a primera vista, delatan sus figuras en papel, dibujos que privilegian las curvas del cuerpo de una mujer. Una mujer que expresa, sin mostrar su rostro, las penas, alegrías y experiencias de la vida. Aquí la historia de los pinceles, la punta seca, los tintes y las planchas de cobre, de la mano de María Paz, una artista por esencia.

Por María José Pescador D. Fotografías Danny Bolívar U.

María Paz siempre estuvo ligada al arte; su madre, Rose Marie Budge, era pintora y desde pequeña caminaba entre pinceles y óleos. “En mi casa los lunes había clases de dibujos, con alumnas y modelo. Pero yo nunca me imaginé que podía ser buena pintora, nunca lo pensé”. Por lo mismo decidió estudiar Literatura en la PUC, una carrera ligada al mundo de las letras, pero también al de las artes. Pronto se casó y se trasladó a vivir a Rancagua, ciudad en la que tuvo a sus cinco hijos y en donde lleva quince años. “Un día mi marido me dijo que quería pintar, entonces le regalé un set de óleos… ahí nació mi curiosidad y decidí abrir la caja yo primero para pintar un retrato de mi hijo chico; cuando lo vio mi mamá quedó impresionada, le encantó”.

De esta manera María Paz decidió juntar a algunas amigas que les interesaba el tema de la pintura para que su madre les hiciera clases una vez a la semana, durante todo un día. “Aquí fue cuando mi mamá me dijo que yo tenía pasta para pintar”. Las clases con su madre se extendieron por cuatro años, en donde María Paz fue descubriendo lo suyo, la figura femenina, hasta que su mamá falleció. “Estuve casi un año sin pintar; de hecho, hasta el día de hoy que no abro un frasco de óleo, el olor me trae muchos recuerdos, es algo superior a mí, es el olor de toda mi vida, de mi infancia, de mi mamá, de mi casa…”.

“Por esas cosas del destino, escuché la palabra “grabado”, y al principio no me llamó mucho la atención por el tema de que puedes hacer muchas copias y, en fin, no sabía mucho al respecto, así que me dediqué a investigar”. Sus primeras incursiones en esta técnica fueron autodidactas, y con la ayuda de libros especializados e internet, empezó a hacer grabados de forma artesanal. “Hacía una plancha, que primero fue en madera, la entintaba y ponía sobre ella el papel y con una cuchara de palo hacía la impresión”.

Luego de un año de investigaciones, María Paz —que también trabaja en la viña Ventisquero— conoció a quien fuera su primera profesora de grabados, Consuelo Maira. “Aprendí muchísimo con ella; me enseñó por unos ocho meses todas las técnicas posibles con planchas de aluminio, hasta que se fue a vivir a Australia. Lo mejor es que me dejó su prensa”. Pero el no tener profesora no fue un impedimento para seguir su propio camino, inventando, haciendo talleres con algunas amigas que también gustaban de esta técnica e implementó, en una pieza de su casa, un pequeño taller.
 

TALLER 99

Hace un par de años que aterrizó en Rancagua —al principio como un proyecto experimental— el famoso Taller 99, lugar en donde María Paz obtuvo clases de la reconocida grabadista Soledad Castillo. “Yo llegué con una carpeta con ciento ochenta grabados, pero ella me hizo empezar todo de nuevo, hasta que conocí el cobre, tenía mucho interés en trabajar esta plancha”.

¿Cuál es la diferencia tanto en el material, como en la técnica y en el resultado final de ambas planchas (aluminio-cobre)?
El aluminio es un material poroso y blando, en cambio el cobre es un material duro, entonces tienes más perfección al dibujar las líneas. Por otro lado, el ácido que al menos yo ocupaba en aluminio es muy fuerte —ácido muriático— y es menos controlable que los que se utilizan en cobre —percloruro—, porque el primero reacciona mucho al calor y a la concentración. El resultado final es que en una plancha de cobre el dibujo es más fino, las líneas son más perfectas; además, con esta se pueden hacer muchas más copias que con el aluminio y, por lo mismo, es harto más cara”.

La primera exposición en donde María Paz mostró su obra fue hace tres años, en la ex galería del espacio San Damián, en Rancagua, se tituló “Acrílicos y Alquimia”. “Expuse tanto lo que había hecho en forma experimental como lo que aprendí con Soledad Castillo. Me fue súper bien, y aprendí varias cosas, como por ejemplo, que a la gente no le gusta comprar un grabado si no está enmarcado, las personas buscan un cuadro decorativo. También que el blanco y negro tampoco gusta mucho, siendo que las mejores obras de Goya son en blanco y negro…”.
 

PRESENCIA DE MUJER

“Kilómetro 99” fue la segunda exposición que María Paz realizó recientemente en el nuevo Taller 99 que se trasladó del centro de Rancagua a un espacio más amplio y con sala de exhibición en Requínoa. “A esta muestra vinieron grandes artistas ligados al taller en Santiago, de los que recibí las mejores críticas, dentro de las cuales me dijeron que siguiera en la línea de la figura humana, del cuerpo de mujer que es lo que más me gusta hacer”.

¿Por qué el cuerpo de una mujer?
Una vez la pintora Isabel Cousiño me dijo que lo curioso de mis obras es que siempre retrato el cuerpo de una mujer, pero sin cara. Y eso es porque creo que la expresión de la mujer no necesita mostrar un rostro para demostrar el sentimiento que proyecta: un cuerpo recogido, por ejemplo, da esa sensación de angustia, de pena. Eso es lo que me gusta, uno sabe, sin necesidad de hacer un dibujo exacto —puedes hacer un hombro y el brazo solamente, o bien la curva de la cadera, la espalda, entre otros— y se nota inmediatamente que es la sombra, el reflejo o el detalle del cuerpo de una mujer y lo que este quiere decir.
Hace un año, María Paz decidió construir un taller más profesional y apartado de la casa. Así proyectó un lugar para pasar, si es que así lo quisiera, las veinticuatro horas del día. El espacio es amplio y de estilo moderno, consta de una gran mesa de trabajo en isla, cocina, living, un área especial en donde está la prensa y los materiales, un baño y una habitación de descanso. Aquí hace ventas y exhibiciones de sus últimas obras. Pero pronto esta grabadista saltará a Santiago, sus cuadros ya están a la vista en la tienda Ecogourmet —El Rodeo esquina El Espino, La Dehesa, Santiago— y por otro lado le ofrecieron una exposición en una reconocida galería de la capital. “Es algo que está en pañales, pero se viene, y se va a llamar ‘Presencia de Mujer’”.

 


“Una vez la pintora Isabel Cousiño me dijo que lo curioso de mis obras es que siempre retrato el cuerpo de una mujer, pero sin cara. Y eso es porque creo que la expresión de la mujer no necesita mostrar un rostro para demostrar el sentimiento que proyecta”.

 

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