Esta es la reseña, siempre demasiado breve, de un hombre que arriba al mundo en las pampas âde Nebraskaâ, en 1951, en una casona de pino oregón, de muchos océanos navegados y que termina anclada en un vértice de la ciudadela, frente a la Casa Administración y próxima a âla Máquinaâ, donde se elabora el salitre, viendo pasar otras sales y camanchacas, surcadas por obreros de los calichales inmensos, colocando nombres y apodos a las cosas, en ese mundo inventado de la nada, que era la industria del oro blanco.
Por Juan Vásquez, Fotografías Francisco Mora, Juan Vásquez y gentileza Luis Alberto Darraïdou
Llegó, porque allí fue concebido. En una decisión crucial, su padre, un joven médico, decide formar familia y desarrollar su promisoria carrera en esa parte del Desierto de Atacama, para lo cual le dice a Carmen Díaz Silvetti, su esposa: "Vamos, que allá va a estar como reina" ofreciéndole un reinado que, al final se transforma en el principado salitroso de oficina Santiago Humberstone, muy distante de las cortes europeas y su boato. Lo que si fue una realidad, es que en la construcción de la vida común, esa que se hace cada día, fueron plenamente felices.
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Luis Alberto Darraïdou, de raíces vasco francesas, arquitecto de profesión, pampino de nacimiento y por pasión, nos recibe en su departamento en las torres Punta Cavancha, una obra de su sello, que se inspira en un catamarán, con dos cascos enlazados y muchos escaños de alto, driza de la cual se siente orgulloso, además que está erigido acá, en el norte, desde donde siempre ha zarpado, para volver una y otra vez.
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<strong>¿Cuáles son los recuerdos de los años vividos en Humberstone?</strong><br /> Se me viene a la mente todo lo distintivos que nos hizo ser los únicos rubios, casi albos y de ojos azules.... Por ese puro mérito ocupaba un lugar de privilegio, llevando el portaestandarte para los desfiles de los 18 de Septiembre y los 21 de Mayo, mientras mis escoltas eran mucho más tostados de tez. En esa pampa, donde el viento en las tardes daba fuerte, me escapaba a jugar, debiendo padecer del dolor de oídos, que terminaba con la medicación de gotitas de las que se encargaba mi madre. Luego, cómo trajinábamos por la pampa, llegando a los negocios de los chinitos.
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<strong>¿Chinitos?</strong><br /> Sí, de chinitos, de la China que se habían establecido en Pozo Almonte, con almacenes y cocinerías, con deliciosos platos que nos encantaban. Y también partir con las nanas a la Fiesta de La Tirana y terminar saltando en las cofradías, entre chunchos, gitanos y diablos guachos. Yo andaba siempre revoloteando, haciendo alguna diablura por la casa de la administración y escuchaba de lejos la música clásica, Beethoven, Bach, Mozart, que salía de la victrola de mi papá. ¡Qué tiempos! cuántos amigos se reunían con mis padres, como Osvaldo de Castro que el presidente de la Cosatán (Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta), del padre oblato Mauricio, que sería honrado con el nombre del primer parvulario de la provincia de Tarapacá... de los ingenieros, en fin, de todos.
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<strong>Tu padre era el doctor de Humberstone y tu madre enfermera. Eso les debió obligar a un ritmo laboral intenso...</strong><br /> Sí, él, Luis Alberto como yo, era médico no sólo de Humberstone, sino de todas las salitreras de la Cosatán, como Santa Laura, Peña Chica, Peña Grande, campamento Don Guillermo y hasta de oficina Mapocho, antes que cerrara en 1949, y Victoria , donde yo le acompañaba a hacer domicilios. Ellos trabajaban juntos y eso los ponía más contentos, lograban complementarse. Mi madre, formada como enfermera de la Cruz Roja, tenía a cargo la parte hotelera, de control del hospital.
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<strong>Lindos recuerdos...</strong><br /> Vivíamos en la que llaman Casa del Dentista (en Humberstone), que en realidad era la era la casa del médico, nunca he dejado de emocionarme de recorrerla, de compartirla con mis ocho hijos. En ese tiempo el dentista de la Cosatán residía en oficina Mapocho y se llamaba Johnny Saver. Entiendo que después esa casa la ocupó un dentista (Walter Campbell). Mi padre tuvo una vida difícil Fue el último de seis de hermanos y a los doce años era huérfano. Mi abuelo murió cuando él apenas tenía meses y siendo adolescente quedó solo. Con mucho esfuerzo logra estudiar medicina. Se especializa como cirujano, y allí tiene la virtud de ser ambidiestro y muy hábil, al punto que los nudos los hacía con ambas manos. Entre tanto accidente de la pampa, en las faenas, se transforma en un precursor de la cirugía plástica que entonces no era la farandulera de ahora, sino que era reconstructiva.
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<strong>Mencionabas la amistad con Osvaldo de Castro....</strong><br /> Mi padre era muy amigo de Osvaldo de Castro y siempre dijo que fue una persona preocupada por el bienestar de todos quienes trabajaban en las salitreras. Por ejemplo, la compañía tenía un avión, en el que tan luego, a sugerencia de mi padre, partía a Estados Unidos a buscar alguna medicina o se usaba como ambulancia para salvar vidas. Si hasta para apoyar la alimentación servía el avión: llegaba de Argentina con carne fresca, lo mismo que de Punta Arenas con cordero magallánico.
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<strong>Es decir que era más que un médico</strong><br /> También se preocupó de la educación. En Humberstone funcionó desde 1952 el primer <em>Kinder Garden</em> de la entonces provincia de Tarapacá, en gran mérito de los curas oblatos, que recibieron el apoyo de don Osvaldo, quien trajo a las primeras parvularias egresadas de la Universidad Católica a trabajar, acá, con los niños de la pampa. También para la Escuela G-35 se buscaba contratar a los mejores profesores egresados de las escuelas normalistas. De hecho yo tuve una educación que me permitió llegar con ventajas al Saint George, en Santiago. Al respecto, también debo señalar que fui un alumno precoz en esa querida Escuela G-35, entré cuando apenas tenía cuatro años, creo que más que para educarme, mi prematura inscripción fue para disciplinarme, tenerme ocupado.
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Pero bueno, continuando con don Osvaldo, el mismo campamento de Humberstone, contó con una serie de innovaciones, de aspectos que buscaban cualificar la vida.... Por ejemplo, tenía varias calidades de viviendas, todos los sectores contaban con alcantarillado y agua potable, a la vez que los espacios trataron de ser armoniosos, concebidos para ser funcionales, pero sin perder de vista lo principal, de aportar a las personas, las familias y donde cabían muchas alternativas para hacer más grata la estadía, que siempre se sintió que sería para mucho tiempo.
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<strong>Debían ser frecuentes los viajes a Iquique, el puerto grande....</strong><br /> Bajábamos a Iquique bien seguido, nos veníamos a Cavancha, donde me bañaba en las pozas del Saladero (donde hoy está caleta de pescadores), o me arrancaba a la Poza de los Caballos, donde los milicos del "Granaderos", en calzoncillo, restregaban los caballos... Al final, terminaba rojo como páncora (jaiba, cangrejo).... me envolvían en leche de magnesia y terminábamos en un local del centro tomando helado de canela, que hasta hoy es mi preferido. Miro esta ciudad (y lo hace desde la vista panorámica, de puerto a Bajo Molle, que tiene su departamento, mientras reflexiona en voz alta) y la siento mía. La veo hermosa, llena de potencialidades... que debemos subsanar cosas, claro que sí, pero a no dudarlo que se merece que hagamos siempre más por ella. Cuando me aboco a mis proyectos que diseño y que me absorben me doy algún tiempo para estar en Iquique, disfrutarla.... Sentir que con algo contribuyo y me siento con la disposición y la fuerza para seguir haciéndolo.
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<strong>Y a no dudarlo que está haciéndolo: de hecho el edificio Punta Cavancha es de su diseño, al igual que otro innovador proyecto inmobiliario al norte de la ciudad, el edificio Esmeralda. ¿Qué define al profesional, al arquitecto de hoy?</strong><br /> Un claro afán de hacer bien las cosas, de asumir que la arquitectura está muy presente en la vida diaria y que la forma de disponer los espacios, las estructuras, las terminaciones, en fin, todo lo que hace la construcción, debe ser siempre en función de cualificar, de aportar a potenciar la zona de localización, sea esta una ciudad o un espacio rural. De tener pertinencia, en todos los sentidos... en fin, de contar con un conjunto de condiciones para que, después pueda decirse, esta es una obra bien hecha, bien pensada, que ha cumplido con los propósitos que inspiraron su creación.
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<strong> Pero no sólo diseños marcan tu trabajo. También has realizado importantes restauraciones...</strong><br /> Claro, con todo lo que admiro las obras clásicas, ha sido muy especial para mí trabajar en la restauración del ex Congreso Nacional y del Palacio Bruna, de los salitreros Bruna y Sampaio, en Santiago. También en calle Aníbal Pinto de Iquique, restauramos la casona que hoy ocupa de Aguas del Altiplano, toda una joya de pino Oregón. Lo importante, es que cuando se restaura exista la mayor concordancia entre el proyecto original y la nueva obra, ciñéndose en lo posible a los materiales y hasta la técnica y, cuando esto no es posible, señalarlo, dejar el testigo que algo debió cambiarse, porque fue estrictamente necesario. En ese sentido soy muy exigente y detallista, porque, al final las grandes obras, son sumas de pequeños detalles y de terminaciones prolijas y dedicadas.
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<strong>A propósito de las buenas terminaciones, ¿qué sueñas para Humberstone, la ex oficina de tu nacimiento?</strong><br /> Mi sueño fue haberla conservado entera. Mi vocación es estar siempre dispuesto a aportar y, de esa forma, algún día volver a ver esa casa donde nací, con mi madre, con mis hijos y mis nietos, para hallarla como en mi niñez, remozada en todas sus maderas que conforman las habitaciones, el patio, su garaje, en ese antejardín que tiene un enrejado más, para que yo, ese niño de mucho antes, no se escapara a jugar por ese desierto en las tardes de viento y terminase, con dolor de oídos.
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<strong><em>"Mi vocación es estar siempre dispuesto a aportar y, de esa forma, algún día volver a ver esa casa donde nací, con mi madre, con mis hijos y mis nietos, para hallarla como en mi niñez".</em></strong>
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