Con su intensidad dramática y la riqueza de su timbre vocal, la chilena Verónica Villarroel ha sido una de las más prestigiosas cantantes-actrices de la actualidad.
Quién podría imaginar que alguien que se encuentra en el máximo esplendor de su carrera, podría cuestionarse el abandonarla en su punto de mayor desarrollo. Verónica Villarroel, la gran soprano,
se enfrentó a sí misma hace algunos años, para cuestionar su deseo de seguir o no su carrera en la ópera.
“Durante muchos años me pregunté si seguía o no con mi carrera, estaba muy confundida... esto era como la vida misma: una constante de decisiones. Qué decido hacer con mi vida, qué decido hacer con mi instrumento y qué pretendo hacer en el futuro...”, comparte Verónica. Pienso que uno de los desafíos más grandes que hoy tenemos como mujeres, es aprender a dialogar con nosotras mismas, lo que nos permite observarnos, preguntarnos y cuestionarnos.
Sin duda, el “ejercicio” del diálogo interno es un desafío, porque vivimos insertas en un sistema que nos impulsa a mantenernos muy ocupadas, evitando el contacto con nosotras mismas, con nuestro mundo interior. Debo ser honesta y decir que el “sistema” no es el único responsable, nosotras también contribuimos a copar nuestra agenda para no tener tiempo para escucharnos, para hablarnos. Postergamos esos minutos a solas, porque quizás duele o cuesta...
Por ello, revisar las preguntas pendientes, explorar los conflictos sin resolver y enfrentarnos con nuestras verdades, es revelador y a la vez, sanador.
¿Qué quiero hacer con mi vida?
¿Soy feliz haciendo lo que hago?
¿Estoy satisfecha con quien he llegado a ser?
¿Mantengo el rumbo o decido “virar en u”?
¿Vivo la vida que me toca o la que escojo vivir?
No tengamos miedo de cuestionarnos. Hacerlo es parte necesaria de la vida de toda mujer. Buscar nuestras propias respuestas nos permitirá resolver y decidir.
Recordemos que es en estos instantes de diálogo íntimo con nosotras, en los que el silencio también nos habla y las respuestas finalmente llegan.