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EDICIÓN | Mayo 2013

El miedo

Por Nicolás Larraín, Publicista y conductor radial
El miedo

Cada vez más me veo acosado por miedosos: miedo al cambio, miedo a lo distinto,
miedo a lo raro, a lo extraño, a lo desconocido, a lo que nunca se ha hecho de una determinada manera. Entonces, termino por calentarme, explotar y rebelarme contra todo.

Me tiene aburrido el miedo que nos metieron cuando chico y el que declara tanta gente en muchas reuniones sociales. Ese que dice: “Pero cuidado con ese tema que es delicado”, realmente me empelota esa frase.

Escucho un programa de radio sobre emprendimiento, en el que dicen que lo padres tenemos que hablar a nuestros hijos de emprender, que la universidad y el máster no son el único camino para tener éxito, y cada vez me encuentro con más casos de éxito de gente fuera del sistema: mi hermano Fernando, Germán Garmendia, Mark Zuckerberg, Mr. Feromonas y muchos, por no decir miles, que cada vez aparecen a nuestro alrededor. ¿Qué tienen en común todos ellos? Fueron contra la corriente. No digo que descarten de su vida la universidad y el máster, sino que hablemos algo de estos casos que ya no son tan bichos raros. Pero lo empiezas a hablar y alguien dice: “pero cuidado”, como si estuviéramos metiéndole alguna mala influencia a nuestros hijos. 

Alguna vez escuché al honorable senador, pariente lejano, Carlos Larraín, que no se debía abrir el tema de la vida humana en el Congreso porque si no “después nos meten una ley”. “Nosotros”, continuaba, “creemos que hay temas que no merecen ser tocados”. Lo único que se me ocurre etiquetar a esa situación es superioridad intelectual: solo “ellos” deciden sobre qué se debate. Y solo veo miedo a conversar, a debatir.

Escucho un debate en la tele entre Melero y no sé quién, en el cual el primero habla de sus “creencias” y el segundo habla de “razones”, y me parece que en esa definición de conceptos está la clave para entender los problemas del mundo de hoy. No es ideológica, es de Apocalípticos o Integrados, como dijo Umberto Eco el año sesenta y cinco, agrupando a la gente frente a los cambios que estaban ocurriendo con la influencia de los medios de comunicación masiva. No es de derecha e izquierda. Es de “parada frente al mundo”. Por un lado, los que estamos por abrirnos a conversar y ver qué hay que cambiar, utilizando razones para ello (Integrados), y por otro, aquellos que se resisten a esta posibilidad, augurando lo peor para el mundo si es que esto ocurriese (Apocalípticos).  

¡No más tareas para la casa desde los colegios, por favor! ¿Qué se necesita para que entendamos que eso ya es un grito universal? ¡Más música, danza y arte en los colegios, ahora ya! Todos los expertos del mundo están planteando el tema y está claro que hay tanta resistencia a esto por el miedo a la debacle de un mundo lleno de instituciones que se han demorado demasiado en cambiar a la velocidad a la que está evolucionando el mundo.

“No escribas eso, Nicolás, vas a parecer loco” y me pico más. Un argumento típico es decir: “siempre ha sido igual... antes no existía la radio, la tele, los computadores, los descubrimientos y después el sistema se va adecuando”. De acuerdo, pero la gran diferencia con esta modernidad es la velocidad de los descubrimientos. En los últimos cinco años se ha generado más información que en toda la historia de la humanidad. 

¿Saben cuál es el único argumento con el que termina la gente discutiendo conmigo? “Nico, eso que quieres cambiar siempre se ha hecho de esta otra manera, así es que no se debe cambiar, porque ha funcionado tantos años de la misma forma”. Puede que yo no tenga razón con todas mis ideas, pero cuando me dan ese argumento pienso en las cosas de la vida de hoy: celulares, ipads, tvs, autos, ropas, youtube, google, whatssap, twitter, sucralosa, sushi, wikipedia, el cine 3d, el mall, tiendas y quinientas mil más y me digo: ¿qué se hacía antes de alguna forma que ahora se sigue haciendo igual? Ustedes dirán.

 

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