La mejor cadena de solidaridad de género entre mujeres es cuando una madre educa a su hijo varón en el valor de los detalles, en la capacidad para decir lo que siente y en el más profundo respeto hacia la identidad femenina.
Dentro de un taller de mujeres, me llamó la atención una conducta femenina que he estudiado en varias investigaciones y que me sigue sorprendiendo. Me parece increíble cómo las mujeres, cuando nos enteramos que nuestras parejas nos engañan, nos enfurecemos con la otra mujer y no con el hombre que hizo con nosotras el compromiso de fidelidad.
Llega a ser divertido cómo excusamos, haciendo quedar a los hombres como “embrujados”, “embaucados”, como si fueran entes sin voluntad, donde las garras de esas mujeres los atraparon sin que ellos pudieran hacer nada. Esto genera una conducta de protección frente a los hombres que me parece inexcusable y que, a la larga, los hace quedar como “bobos” y no como infieles.
No puede ser que la rabia se dirija a la otra mujer, la que, en el fondo, es víctima igual que yo, o mejor dicho, protagonista de la historia igual que yo, y con la cual, en una de esas, debiera brindar por el “desgraciado”, entendiendo que nos engañó a las dos.
Este sentimiento de justificar al hombre y de poca lealtad femenina, genera a perpetuidad la conducta machista en el hombre.
Es lo mismo que pasa cuando una mujer es agredida por su pareja y ella, como siempre, lo protege. No le cuenta a nadie que está siendo golpeada, porque siempre le cree al hombre que es la última vez y no quiere que sus amigos y familiares le “agarren mala” a su pareja, y por eso se queda callada.
No me debiera importar si el resto de los míos termina odiando al sujeto, de él dependerá el volver a recuperar la confianza de ellos, pero nosotras no tenemos por qué protegerlos, ni menos justificarlos en sus acciones.
Estas dos conductas son un pequeño reflejo de cómo las mujeres protegemos a los hombres y les impedimos hacerse cargo de sus errores, con lo que ellos quedan indemnes sin posibilidades de aprender a cuidar lo que tienen.
Por eso, la mejor cadena de solidaridad de género entre mujeres es cuando una madre educa a su hijo varón en el valor de los detalles, en la capacidad para decir lo que siente y en el más profundo respeto hacia la identidad femenina, porque quien se lo va a agradecer, sin duda, es su futura nuera.