Estamos en el segundo mes del año, en plenas vacaciones, y deberíamos aprovechar este momento para enfatizar los vínculos afectivos y disfrutar de todos los momentos que nos genera la vida al aire libre.
Ojalá podamos construir unas buenas vacaciones y no sintamos que tenerlas o no depende más de la suerte que de nuestro trabajo personal para lograrlo.
Intentemos darnos tiempo para nosotras(os) mismos, tiempo para el silencio, tiempo para las parejas —si las tenemos—, tiempo para los hijos si existen, tiempo para trabajar y disfrutar del trabajo, para cambiarnos si no nos hace felices.
Tiempo para ser protagonistas de nuestras vidas y no víctimas de ellas, tiempo para entender que ‘ser’ tiene menos letras que aparentar. Tiempo para tomar decisiones que nos den libertad del alma y no que la quiten a pasos agigantados.
Démonos tiempo para jugar, disfrutar, besar, amar, perdonar y para pedir perdón.
Decidamos darnos tiempo para estar con quienes amamos, para usar los espacios de nuestras casas en su totalidad, para rescatar aquellas cosas guardadas, por pequeñas que sean.
Tiempo para agradecer, para centrarnos en lo que tenemos y no en lo que nos falta. Tiempo para entender que vinimos a aprender a amar, a dejar huella y ser felices.
¡Tiempo para sonreír!
En realidad, estas cosas debiéramos aplicarlas todos los días y durante todo el año. Pero creo que las vacaciones pueden ser un buen momento para comenzar, ¿no les parece?
Ah, y no digamos más que no tenemos tiempo, lo que tenemos son otras prioridades. Si yo veo una teleserie, tengo una hora para estar en mi casa y disfrutar de los míos; lo que pasa es que yo preferí ver la teleserie.
¡Démonos tiempo!
“Intentemos darnos tiempo para ser protagonistas de nuestras vidas y no víctimas de ellas, tiempo para entender que ‘ser’ tiene menos letras que aparentar”.