Sus playas de arena blanca y su oleaje furioso han hecho de este pequeño pueblo uno de los más cotizados por los extranjeros surfistas y de aquí han salido grandes deportistas nacionales de esta disciplina como Ramón Navarro. En Punta de Lobos las olas llegan a medir diez metros, un suculento regalo para los amantes de las tablas. Plagado de extranjeros, algunos de paso y otros que decidieron quedarse a vivir en este paraíso de la sexta región, Pichilemu cuenta, además, con historia, parques, restaurantes y hostales para todos los gustos.
por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.
Una de las zonas más afectadas por el tsunami fue Pichilemu (“pequeño bosque” en mapudungún), sus costas quedaron totalmente arrasadas por las olas, dejando varios restaurantes y hostales en el suelo. Hoy, después de casi un año, pareciera que nada hubiese pasado; en los pubs del litoral se escucha música, los extranjeros ya tienen copados los hostales y, por donde se mire, se aprecia vida de playa: relajo, sol, tranquilidad y, por sobre todo, esa sencillez típica de pueblo, donde todos saludan al forastero.
Nuestro anfitrión fue Franco Ferma, de Sernatur, que nos estaba esperando para iniciar el recorrido por la capital de la provincia de Cardenal Caro de la sexta región. Lo primero fue ir al centro del pueblo, ahí vimos el impresionante parque Ross, grande, repleto de palmeras, fuentes de agua, piletas con juegos de luces, y mucho verde. Un área de descanso y disfrute familiar, creado por Agustín Ross en el año 1885, para luego ser remodelado en 1987. A su lado se encuentra el impotente edificio que, en su época, fuera el casino, también construido por este empresario millonario, cuyo objetivo era convertir a este pueblo en un lujoso balneario al más puro estilo europeo. La edificación consta de tres pisos y fue construido en 1906 con materiales traídos desde el extranjero. Tardó tres años en ser terminado, y es una imitación pequeña del Torreón de Caza, del Palacio de Versalles de París.
Este casino funcionó hasta 1932, cuando perdió sus franquicias, las que fueron dadas sólo al casino de Viña del Mar. Así, recién en marzo del 2009, empezó su restauración patrimonial, siendo hoy un edificio cultural que alberga la Galería de Arte Agustín Ross Edwards, en donde se hacen diferentes exposiciones de pintura y escultura. Además, cuenta con la Biblioteca Pública y, por otro lado, se realizan distintos talleres de teatro, baile y otros. Tanto el Parque Ross como el edificio del ex casino fueron declarados monumentos nacionales en 1988.
PLAYAS Y MÁS
Pichilemu se encuentra a 126 kilómetros de San Fernando y a 177 de Rancagua, y consta de varias playas: Playa Terrazas (es la principal); Infiernillo, conocida por sus formaciones rocosas; Playa Hermosa y Punta de Lobos, la más cotizada por los surfistas de todo el mundo, Se llama así porque en su paisaje magistral hay una gran roca en donde antiguamente se posaban los lobos marinos, que hoy desaparecieron de la zona debido a la caza de los pescadores. Igualmente se pueden ver docenas de pelícanos y otras aves.
Y es aquí donde estamos, en Punta de Lobos, el viento corre fuerte, hace frío a pesar del sol que alumbra como nunca y del cielo completamente azul. No hay nubes, mucha paz y tranquilidad. Desde el mirador se puede ver el roquerío y los surfistas esperando la ola, pero al parecer este no es el mejor día, porque el mar está sereno. Cierro los ojos y todo desaparece, el olor a mar me transporta a mi niñez cuando íbamos a “Playa Blanca” en Concepción con mi mamá y hermanos, saltando las olas, sintiendo la brisa, empapada de arena.
De vuelta a la realidad, seguimos rumbo. Franco nos lleva a conocer los restaurantes, es hora de almorzar. La primera parada es en Casa Roja (www.casaroja.cl) ubicada en la Avenida Ortúzar 2015, un espacio para toda la familia. Su dueño y chef, Cristián Ureta (30), “el flaco” para los amigos, nos espera y atiende como reyes. Por dentro, el local posee grandes cuadros pintados por su hermano, y lo que más destaca es una pared recubierta por piedras que dan forma a diferentes olas. Luego de una cerveza bien helada y un pisco sour espectacular (receta familiar), el chef nos trae un carpaccio de salmón, una pizza con salsa de rúcula, exquisita, y unos fetuccinis con salsa de mariscos… un siete, absolutamente recomendable. Lástima que el tiempo apremia y no alcancemos a probar el volcán de chocolate…
De aquí partimos hacia el sector costero, en donde nos esperaban en el Surf Hostal (www.surfhostal.cl), en la Avenida Eugenio Díaz Lira 164. Aquí se combinan dos cosas: el hostal, moderno y con habitaciones sencillas con vista al mar, y enfrente se encuentra el restaurante de este lugar. Un espacio tipo chill out, con barra, mesas y sillones para descansar mirando la playa. Cuenta con un área con arena, tumbonas y una gran fogata, perfecta para el sour de la puesta de sol. Más allá, aún más cerca del mar, dos espectaculares jacuzzis entre medio de decks o terraza de madera. El agua con que el invitado se relaja es la misma del mar que, a través de instalaciones especiales, se calienta para darse un baño de ensueño, mientras se toma una copa de champaña y se disfruta de unas exquisitas machas a la parmesana.
De esta estupenda experiencia nos vamos a conocer las cabañas “Guzmán Lyon” (www.guzmanlyon.cl), ubicadas en la calle San Antonio 48, más familiares, con habitaciones, living, comedor, cocina y una terraza con vista al Pacífico y a una laguna cercana. Son treinta y un cabañas de distintos tamaños; además, el lugar cuenta con sala de juegos, piscinas, sala de reuniones, terrazas con quinchos y centro de internet.
Las cabañas Dunamar —(www.dunamar.cl), ubicadas camino a Cahuil—, llaman mucho la atención, porque su arquitectura pareciera ser una calle de Valparaíso. Están una al lado de la otra, todas pintadas de amarillo, fucsia, verde, morado, colores fuertes que no pasan desapercibidos. Lindas habitaciones, unas más pequeñas y otras familiares para diez personas. El lugar cuenta con una piscina en común, dos hot tubs, o tinas calientes de madera con hidromasajes, y sala en donde se hace el buffet de desayuno.
ARTESANÍA & SAL
Pichilemu es conocido por tener la mejor artesanía en arcilla de la región, pero esta no está precisamente en el centro de la ciudad. Por eso, luego de las cabañas de Dunamar, seguimos camino a Cahuil (“Lugar de gaviotas” en mapudungún), un pequeño poblado rural que está a quince kilómetros al sur de Pichilemu. Aquí no hay luz eléctrica, por eso hay que llegar antes de que se ponga el sol. En el sector de Pañul está el puesto “Los troncos”, en donde las artesanas María Jorquera y Carolina Cornejo nos muestran cómo es el arte ancestral de la arcilla: vasos, jarrones, maceteros son algunos de los productos que moldean con sus manos de forma perfecta, al igual que lo hicieron sus madres, abuelas y toda la generación de sus antepasados.
Continuando camino, nos dirigimos a las salinas de Cahuil. Se sabe que los indígenas de tiempos inmemorables la cultivaron de forma muy rudimentaria; hoy en cambio, con la tecnología, se ha ido perfeccionando la producción, trabajo al que se dedican la mayoría de los pobladores de este lugar. Imposible no comprar un saquito de sal para cocinar en la casa…
Ya nos vamos, y al pasar por el centro me llama la atención una tienda de surfistas ubicada frente al Parque Ross en una tremenda casona colonial. Aquí, en DreamStyle, (www.dreamstyle.cl) venden las mejores tablas, trajes y accesorios para el deporte acuático. Así, con mi saquito de sal, y unos pantalones “patas de elefante” que encontré en esta tienda, con Danny, nuestro fotógrafo, nos despedimos de Franco para irnos a casa con el pensamiento de volver, por lo menos un fin de semana, a disfrutar con la familia y, quién sabe, a aprender a surfear.
NUESTRO DATO
Sernatur, región del Libertador General Bernardo O’Higgins,
Germán Riesco 277, oficina 154, Rancagua. Fono: (072) 230413
www.sernatur.cl
“Pichilemu consta de varias playas: Playa Terrazas (es la principal); Infiernillo, conocida por sus formaciones rocosa; Playa Hermosa y Punta de Lobos, la más cotizada por los surfistas de todo el mundo”.