Gracias a una profunda convicción en el trabajo, la perseverancia y la disciplina, hoy Luis celebra junto a su socio, Guillermo Villalobos, uno de los principales hitos en la historia de Mecamin: luego de diez años consolidándose en el mercado local, inauguraron una planta de trabajo que les permitirá entregar atención especializada y continua a sus clientes en las principales mineras del norte. Hoy, con la satisfacción de una etapa cumplida, Luis mira al futuro y nos cuenta las claves de su éxito.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Luis Varas encarna aquella frase de “cuando se cierra una puerta, se abren mil ventanas”. De hecho, nunca se propuso ser empresario y su vida transcurría tranquila, desempeñándose como ingeniero en distintas compañías de servicio a la minería de la ciudad. Pero un día, la situación en su trabajo se puso incómoda y, sin pensarlo mucho, pegó un portazo y renunció.
El sueño del pibe, creerán aquellos que han tenido las mismas ganas de decirle al jefe un par de cosas, pero la sensación de incertidumbre que lo inundó apenas traspasó el umbral de lo que era su trabajo, es algo que no le da a nadie.
“Fue un momento muy angustiante porque tampoco sobraban las pegas. Con mi edad y experiencia, no podía aceptar cualquier otra cosa, así que llegué a la casa y le dije a mi mujer, Patricia, que me iba a dedicar a los negocios. Fue una decisión más bien espontánea y basada en que me sentía preparado, gracias a un par de emprendimientos en los que había participado como empleado”, recuerda.
La situación no era fácil, pero para Luis era la única salida. En la casa aplicaron economía de guerra, se apretaron el cinturón y se lanzaron con todo a concretar este sueño de ser independientes. Era Luis, su computador, una idea y los contactos. De eso han pasado casi once años y hoy nos da esta entrevista tras el escritorio de las nuevas oficinas de Mecamin, desde donde se administran las tareas ejecutadas por casi trescientos trabajadores.
Mecamin es una empresa especialista en mantenimiento de equipos de mineras, cargadores, camiones y todos los equipos de apoyo. Trabajan 24/7 y cada vez profundizan más en el conocimiento del negocio.
¿Cómo fue empezar este emprendimiento?
Todos los procesos de partida son difíciles, porque los primeros meses no tenía ingresos, al contrario, tenía muchos gastos. La idea de ofrecer el servicio de mantenimiento a grandes maquinarias nació cuando estaba en otra empresa. Lo sugerí como una nueva área de negocios, pero no engancharon. En el momento en que estaba sin trabajo, me decidí a intentarlo, considerando que no requería grandes inversiones, sino más bien un equipo humano bien consolidado. Conseguí el terreno, que era lo que me faltaba, y partí, con un notebook bajo el brazo.Al principio facturábamos poco y nada, pero yo había planificado de tal forma todo, que tenía cubierto un año de “sueldo” gracias al finiquito y los ahorros. Ese era todo el tiempo que tenía para que Mecamin consiguiera buenos contratos.
¿Te asustaba la idea de ser empresario?
La verdad es que lo más terrible es que había personas, además de mi familia, que dependían de mí. No cumplir a mi gente, a mis trabajadores, era lo que más me preocupaba.
¿Fue muy largo ese periodo?
La primera etapa fue en realidad complicada. Fueron seis meses en que yo hacía de todo: era portero, secretaria, contador y administrador, además de gerente y dueño. Después ya empezamos a agarrar un poquito más de ritmo como empresa y comenzamos a crecer.
Me imagino que casi no dormías…
Trabajábamos mucho. Yo lideraba el equipo y mis mecánicos eran muy eficientes. Todo marchaba sobre ruedas hasta que me robaron el computador. Llevaba apenas seis meses trabajando y ese computador era mi vida. Casi me morí. Lo perdí todo y, para rematar, no tenía plata para comprar otro.
Pero al mes y medio, el tipo que lo robó ¡me llamó para vendérmelo! Como encontró información que se veía importante, pero que a él que no le servía para nada, decidió ofrecerme el equipo de vuelta, por una no tan módica suma. Aunque podría haber pagado y olvidarme del asunto, lo encontré tan injusto que llamé a Investigaciones y se hizo todo un operativo policial que me permitió recuperar el famoso notebook. Lo único bueno es que aprendí a respaldar la información en todas partes.
MECAMIN Y EL SOCIO
Luis conoció a Guillermo Villalobos Rojas hace casi cuarenta años. “Éramos buenos compañeros de trabajo y yo conocía a su hijo. Él era uno de los técnicos más reconocidos y yo era un ingeniero de la misma empresa, pero en otra área. Yo sabía que era un hombre respetado en nuestro rubro y cuando Mecamin comenzó su despegue, quise que formara parte de mi equipo, pero tenía claro que él no iba aceptar ser contratado y fue así que le ofrecí que fuéramos socios”.
“En el momento en que estaba la empresa, necesitaba a alguien con más conocimiento técnico, que se manejara en terreno, que supiera de las máquinas. Esto fue el 2005, cuando en la empresa trabajaban casi cincuenta personas. Hoy somos alrededor de doscientos ochenta trabajadores”, relata Luis.
¿Fue difícil convencerlo?
No mucho, en realidad… Creo que Guillermo fue más arriesgado que yo, porque él tenía posibilidades distintas y la verdad es que no buscaba un nuevo trabajo. Y quizás incluso podría haber visto otra cosa, pero también creyó en esta historia de partir haciendo algo solos, confió en esta visión.
¿Es difícil incorporar a alguien con más experiencia en un negocio que ya está armado?
Quizás en algunos puede no resultar, pero con Guillermo compartimos criterios sobre cómo debe funcionar el negocio y eso facilita todo. Además, desde el principio tuvimos los roles bien definidos y ambos somos muy respetuosos del criterio del otro. Yo tengo un respeto único por Guillermo, que es un hombre que le ganó a la vida. Nos respetamos por lo que hacemos, confiamos el uno en el otro y eso es la base de nuestra relación. Guillermo es un hombre profundamente bueno y trabajar con él me provoca mucho orgullo.
PERSEVERANCIA Y MADUREZ
Como todo padre, a Luis le cuesta soltar las riendas de este tan especial “hijo”. De hecho, reconoce que sufre un poco cada vez que debe confiar en que otros hagan ciertas tareas. “Cuando partes de cero con un trabajo es difícil soltarlo, es como llevar a un hijo al jardín. Pero así como es complejo, también es necesario porque las obligaciones son muchas y el tiempo escaso”, recuerda Luis.
¿Cuál es la clave para aprender a delegar?
Buscar a las personas adecuadas, que compartan tu visión de negocios, que tengan el mismo estándar. Cuando éramos menos, teníamos más posibilidades de compartir, lo que ahora se hace más complicado. Por eso es importante que quienes te representan ante los proveedores, los clientes y tu propio equipo, tengan muy claro cuáles son los objetivos centrales de la empresa.
Su crecimiento ha sido rápido…
Es que cuando tú haces las cosas bien, no podría ser de otra forma. Nuestra prioridad es que nuestra gente trabaje feliz y segura. Trabajamos en forma honesta, no hemos tenido accidentes y, además, nos hemos especializado en nuestro trabajo.
¿Cuáles crees que han sido las principales claves de su crecimiento?
Yo creo que tiene que ver con la madurez y lo que esperamos de la vida. Guillermo tiene sesenta y cinco años y yo cincuenta y cuatro, entonces ya no estamos jugando. No podemos ni queremos volver a empezar, así que nuestra única opción es hacer que la empresa funcione. Mecamin ha demostrado ser una respuesta para muchas necesidades que existían en la zona y, por lo tanto, nuestro foco es que el servicio sea cada vez mejor y más integral.
Apostaron entonces por la especialización…
Cuando uno parte, muchas veces recibe ofertas para hacer “la pega completa”, pero creo que es mucho mejor, en todo aspecto, tener un área de especialización desarrollada a fondo. Por eso para nosotros fue tan importante el proceso de las certificaciones, pues aprendimos a buscar la excelencia en todo momento. Nos ayudaron a pensar qué queríamos de nuestro futuro como organización y, de esta forma, a convertir nuestros sueños en proyectos.
¿La inauguración de la planta fue uno de estos sueños?
Exacto. Con este hito estamos cerrando nuestro primer plan y ahora debemos construir el siguiente. Es altamente satisfactorio ver cómo, poco a poco, todo lo que has imaginado, se convierte en realidad. Y sobre todo, reconocer en toda la gente que trabaja contigo, el mismo espíritu de superación que uno tiene.
Y en lo personal, ¿qué característica tuya ha sido un aporte al crecimiento de Mecamin?
Creo que es una virtud/defecto, porque a veces puede ser terrible: soy muy porfiado. Obsesivo, tozudo y todos los sinónimos juntos, pero cuando tengo una idea o creo que se puede hacer algo de determinada forma, no puedo sacármelo de la cabeza hasta que se concreta. No siempre los resultados son positivos, pero cuando me enfrento a un desafío, siento que tengo la obligación de terminarlo. Hay que ser muy disciplinado y aperrado para lograr terminar lo que uno se ha propuesto. Si uno se traza un camino, tiene que recorrerlo. Puede que nos equivoquemos, pero por lo menos lo intentamos.
“Soy muy porfiado. Obsesivo, tozudo y todos los sinónimos juntos, pero cuando tengo una idea o creo que se puede hacer algo de determinada forma, no puedo sacármelo de la cabeza hasta que se concreta. No siempre los resultados son positivos, pero cuando me enfrento a un desafío, siento que tengo la obligación de terminarlo”.