Siempre le gustaron la educación, los niños y, a la vez, el teatro y la gestualidad. Y de pronto, encontró en el masaje infantil una forma de comunicación que hasta ahora muchas madres y padres solo conocían por instinto. En este nuevo lenguaje, se mezclan todos los ingredientes para formar nuevas generaciones en el amor y el respeto. Ahora que se acerca el Día de la Madre, descubra cómo potenciar el poder sanador de las caricias que les regala a sus hijos.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías por Andrés Gutiérrez V.
¿Recuerda cuando era chico o chica y un nanai de la mamá podía aliviar cualquier dolor? Cabezazos, rasmillones y golpes de cualquier tipo eran aliviados cuando recibíamos un cariñito de mano de nuestras madres. Y si tiene niños, seguro ha repetido esta experiencia obteniendo similares resultados: el calorcito del abrazo entre padres e hijos es una especie de remedio mágico a muchos males.
Pero aunque esta cercanía debiera darse de manera intuitiva, la vertiginosa vida que llevamos muchas veces parece castrar nuestras emociones: cada vez tenemos menos tiempo, más preocupaciones y poco contacto físico. María Eugenia Azócar espera aportar desde su conocimiento para que esto se revierta.
“Aprender a conectarse con los hijos ayuda a que el tiempo que estamos con ellos, aunque sea poco, nos permita generar un lazo profundo y amoroso. Que los niños desde su más tierna infancia, sientan el cariño de quienes los crían”, señala.
¿Cuál es su propuesta?
Enseñarnos una nueva forma de comunicación con bebés desde recién nacidos, hasta el año de vida. Con eso, sentamos las bases de una larga vida de conexión intensa.
María Eugenia es licenciada en educación y sicopedagoga de la Pontificia Universidad Católica y especialista en Masaje Infantil y Apego Materno. “Siempre tuve vocación de profesora, por eso quise especializarme en sicopedagogía. Me gustan los niños y siento que tienen mucho que aportarnos, que pueden enseñarnos a mirar la vida de manera más simple. Además, muchas veces son tan frágiles, necesitan tanto cariño, tanto apoyo, que sentí que podía desarrollarme en esta área”, nos cuenta María Eugenia.
Mientras estudiaba, su familia comenzó a formar el Holding Educacional Magíster, donde trabajó en su área, la sicopedagogía, y luego, como coordinadora educacional. Enfrentar esta nueva tarea la impulsó estudiar un post título en administración, como una forma de adquirir más herramientas de trabajo.
¿Tantas cosas en tan pocos años?
Me gusta mucho mi trabajo, pero como asumí responsabilidades siendo tan chica, después de algunos años decidí tomarme un tiempo para organizar mis temas. Trabajar con niños es sumamente delicado y, por eso, quería sentirme en paz conmigo misma, y como hasta ese momento lo único que sentía pendiente era estudiar algo relacionado con teatro, me tomé un año sabático y me fui a Barcelona a hacer algunos cursos, fue una etapa súper entretenida.
¿Estabas en una especie de búsqueda?
Quería desarrollar la parte creativa, artística, de expresión. Potencié mis habilidades, enfrentando nuevos desafíos en disciplinas que no pensé que existían, como el coaching, por ejemplo. Pero sobre todo y lo más importante fue descubrir esto del apego materno, que de verdad me maravilló.
¿Cómo te enteraste de esta carrera profesional nada de tradicional?
Cuando estaba en Europa tuve una amiga que vivía en Irlanda, donde está muy difundido el tema de los masajes infantiles y su importancia. Allá es muy normal…tal como te compras un auto y le sacas el seguro al tiro, allá tienes una guagua y tomas el curso de masaje infantil. Súper difundido y súper valorado, cosa que aquí todavía no pasa.
¿Pero es necesario hacer un curso?
Los masajes infantiles se dan históricamente, desde hace millones de años. Es una tradición que se transmite de generación en generación y las abuelas instruyen a las madres. Eso no es muy común en nuestra cultura y menos hoy, donde las distancias y los tiempos son diferentes. Hay muchas mujeres que forman su familia lejos de su ciudad de origen y no tienen el apoyo familiar. Se ven enfrentadas solas a la maternidad, ya sea porque su marido trabaja por turnos o por otras circunstancias. En ese contexto, un curso es importante para comenzar este vínculo que debe ir perfeccionándose a diario.
¿Este vínculo es lo que se conoce como apego materno?
Exacto, es ese lazo que se genera entre la madre-padre y el hijo y esto es un proceso a lo largo del tiempo, no se da de un día para otro. Uno de los beneficios más importantes para los padres es empoderarlos en su rol. Se les enseña desde cómo tomar a su hijo para calmarlo, hasta la presión apropiada para un masaje que reconforte al niño y no lo altere o le cause molestias.
FANS DEL APEGO
Aunque no tiene hijos, siente una conexión especial con las necesidades de los niños. Por eso, cuando su amiga le contó de esta nueva alternativa profesional, no dudó ni un momento y supo que eso era lo que quería hacer.
“Fue todo mágico. En febrero me enteré que existía este curso maravilloso, en marzo estaba inscrita y en abril ya estaba haciendo clases. Ahí me cambió la forma de enfrentar la vida, como de mirar un poco más allá de lo terrenal.
¿Qué te pasa en lo personal cuando haces estos cursos?
Cada vez logro entender de mejor manera las señales del bebé. Voy agudizando el ojo y poniendo atención a lo que el niño quiere. En parte, las clases las va guiando el niño porque yo no puedo obligarlo a que la mamá le haga el masaje. La guagua debe estar receptiva, tranquila, despierta, atenta a lo que está pasando.
¿Las guaguas son las protagonistas de la clase?
Es muy entretenido porque lo que primero se potencia es el contacto visual. Se instauran señales y así los niños ya saben lo que va a ocurrir: la mamá se echa aceite en las manos y se las frota frente a la carita del bebé y le pregunta con todas sus letras: “hijito ¿quieres que te haga un masajito en tus piernas?” Y es increíble lo que ocurre porque las guaguas te responden. El que no quiere va a estirar las manos y las piernas y va a mirar para el lado. Así de simple, te está diciendo no quiero, no es mi momento, no estoy de humor. Y si están entregados, con los brazos abiertos y relajados, lo único que quieren es que la mamá les haga un masaje y hasta se sonríen.
¿Crees que aprender y enseñar esta técnica te ha ayudado en lo personal?
Exactamente, ahora hay muchas cosas que entiendo mejor en la relación con los niños. Miro desde donde ellos pueden estar mirando el universo, desde dónde se paran frente a la vida y, por ello, entiendo cuando responden de una manera u otra a ciertas situaciones. Una guagua que está llorando no llora porque sí, no llora porque manipula, llora porque tiene hambre, se siente solo o algo les pasa. Las guaguas se estresan, a las guaguas les da mucho miedo estar con gente que no conocen, las alteran los ruidos excesivos o los cambios bruscos. En la clase ese es uno de los principales objetivos: lograr que las mamás o papás perciban las necesidades de su guagua, para aprender a calmarla.
¿En tus clases participan papás?
Yo he tenido tres papás en clases y son súper involucrados, aunque les da un poquito más de nervios tomar a las guaguas, pero se van relajando. El masaje es una excelente instancia para lograr establecer el vínculo de apego, lo que es fundamental para que el niño sienta que sus necesidades tanto fisiológicas como emocionales están cubiertas.
¿Por qué crees que se ha masificado dar importancia al apego?
Es que se ha comprobado que generar un contacto directo entre padres-madres e hijos, entrega una seguridad absoluta a la guagua desde el nacimiento. Desde el apego del parto, hasta el que se genera con los masajes ayudan a criar un niño fuerte, que logra fortalecer su sistema inmunológico, auto regular su sueño e incluso autoregular su propio ánimo. De repente están muy desorganizados emocionalmente y tú le haces un masaje y vuelven al estado de tranquilidad. Un niño que tiene una buena relación de apego en la infancia, va a ser un niño más seguro, un niño que tiene más confianza en sí mismo, un niño que podrá crear vínculos de apego con otras personas y podrá desarrollar su inteligencia emocional o las habilidades sociales.
¿Y si ya no lo hiciste cuando pequeño y tienes hijos más grandecitos?
Creo que cualquier momento es bueno para empezar a fortalecer los lazos de amor. Por ejemplo, hacer un masaje en los pies mientras el hijo está viendo tele, genera un momento íntimo que sirve para preguntarle por su día, cómo le fue en recreo, con qué amiguitos compartió. Así, poco a poco, se construyen confianzas para toda la vida.
¿Cuándo son los cursos?
Periódicamente los publico en mi página www.apegomaterno.cl. También hago cursos a domicilio o se juntan grupos de mamás amigas y se organizan para tomar el curso juntas, en algún lugar que nos acomode a todas. Se conversa un tema, se comparten experiencias. Es muy entretenido. Las clases se dividen en cuatro sesiones de una hora ode una hora y media.
¿Y cómo ha sido la experiencia hasta ahora?
Maravillosa. Se genera un ambiente de amor inexplicable, porque todos quienes participamos, lo hacemos con el convencimiento de estar realizando algo positivo por estas guaguas. En cada clase vamos descubriendo un cierto repertorio de conductas, que son sus estrategias para que la mamá se acerque y lo tome en brazos. En todas las sesiones confirmo que, desde recién nacidos, necesitamos sentirnos amados y protegidos. Y es más lindo aún cuando ese amor y protección viene de nuestros padres, que son nuestros primeros y principales referentes.
“Generar un contacto directo entre padres-madres e hijos, entrega una seguridad absoluta a la guagua desde el nacimiento. Desde el apego del parto, hasta el que se genera con los masajes ayudan a criar un niño fuerte y seguro en sí mismo”.