Un país en vías de desarrollo no puede olvidarse de las personas que aún no tienen un techo para pasar la noche. Sigan apoyando el Desafío, hay mil formas, y como dice Jaqui: “vamos a la acción”. Mi papá estaría orgulloso de saber que lo que empezó como su desafío, ahora es de todos nosotros.
Ha sido toda una experiencia esto de escribir una columna. Me ha servido mucho para poder transmitir todo lo que han sido mis experiencias en Desafío Levantemos Chile.
Pero ha llegado el minuto de despedirme, por la simple razón de que estoy emprendiendo nuevas aventuras y desafíos en mi vida.
Y como la Fundación no para, tampoco quiero que dejen de tener esta ventana libre de información. De a poco les he estado presentando jóvenes líderes de Desafío que están cambiando nuestro mundo, cada uno desde un área específica y creo que ha sido una buena oportunidad para que ellos puedan mostrarse también. Por lo que esta columna seguirá a cargo de distintos jóvenes que ansían compartir sus propias vivencias.
Esta vez he preferido terminar con un tema que incomoda y que a mí me llega al corazón.
Estoy hablando de lo que se vive todas las semanas durante “Noche Digna”. Todos los lunes se junta un grupo (que crece sin parar) fuera de la Posta Central en Santiago para acompañar a las personas en situación de calle. Este grupo está liderado por la gran Jaqui Rojas. Es a ella quien le he pedido que cuente su experiencia en esta oportunidad:
“Escribo esta columna desde la rabia, la impotencia y también de la esperanza por todo lo que queda por hacer. En Santiago, desde que empezó abril sólo hemos tenido pocos días de frío, y ya murió una persona el primer día que empezaba el mes. Don Jorge un anciano de 78 años que vivía en la Escalera de la Posta Central. Con sus años ya era difícil que pudiera resistir un invierno más, o las heladas de la madrugada, y lamentablemente este lunes cuando lo fuimos a ver nos dijeron que hace algunos días que no aparecía. Buscamos por todos los centros asistenciales y no lo encontramos, hasta que llamamos al Instituto Médico Legal.
No puedo dejar de emocionarme con esta historia. Me encantaría poder abrirle de una u otra forma los ojos y la conciencia a la gente que no quiere mirar. Nunca más debe pasar en nuestro país que se siga muriendo gente porque no tiene un techo. La gente que está afuera de la Posta Central o de otros Centros Asistenciales no puede dormir adentro; aunque esté lloviendo torrencialmente o haga mucho frío, por lo que nos encontramos con ellos en rincones, sentados en cualquier parte.
Ellos no piden ayuda, sólo esperan una oportunidad y que se les escuche. Es verdad que muchos de ellos tienen problemas de abandono, de drogadicción, alcoholismo o algún trastorno, pero no por eso debemos abandonarlos, todo lo contrario con amor se pueden lograr muchas cosas. En menos de un año hemos logrado sacar a cinco personas que ya están con un trabajo estable y viviendo en una pieza. La ayuda que necesitan va más allá de dar un bono o subsidio de pobreza, se debe empezar por dignificar y escuchar. Ellos necesitan afecto, contención, y un techo.
No podemos quedar indiferentes o hacernos los tontos. Ellos están todo el año. No solo ahí se necesitan frazadas, ropa o una sopa caliente, son los 365 días. El año pasado murieron veintitrés personas de frío. Debemos prevenir antes, ponernos una mano en el corazón y darnos cuenta que está sociedad debe hacer algo, y que ese sueño debe partir por nosotros para hacer el cambio necesario y darle el ejemplo a nuestros hijos.
No hay sueño imposible, no hay esperanza perdida, solo quieren una oportunidad de ser escuchados y queridos. Son parte de nuestra sociedad, sociedad que muchas veces sólo ve lo que quiere ver hasta que pasa una desgracia. Recién ahí tomamos conciencia, pero está vez debemos decir: ¡Basta, no es esto lo que queremos y pongámonos una mano en el corazón para tomar acción!”.
No dejan de conmoverme las historias que todas las semanas se viven a través de Noche Digna. Me acuerdo de una madrugada que acompañé a mi papá a la Plaza de Armas, frente a la Municipalidad de Santiago. Hacía muchísimo frío, estábamos ahí para mostrar a la gente como es dormir en la calle. Para eso llevamos un refrigerador y lo pusimos en la Plaza para que las personas que pasaran por ahí se dieran cuenta de que dormir en la calle es lo mismo que dormir en un refrigerador. Fue sólo una forma de decir que necesitamos hacer algo, ¡que todavía necesitamos hacer algo!
Un país en vías de desarrollo no puede olvidarse de las personas que aún no tienen un techo para pasar la noche. Sigan apoyando el Desafío, hay mil formas, y como dice Jaqui: “vamos a la acción”. Mi papá estará orgulloso de saber que lo que empezó como su desafío, ahora es de todos nosotros.