Lo suyo es el interiorismo, pero no cualquiera. Al momento de crear un concepto, le interesa que los objetos comuniquen, que exista interacción entre muebles y usuarios. Y para lograrlo utiliza avanzadas técnicas de diseño.
por Mónica Stipicic H. / fotografía gentileza Cristóbal Karich.
Hijo de artistas, la creatividad rodeó siempre su vida. Su papá es músico y su mamá pintora, pero ninguna de las dos cosas entusiasmaba especialmente a Cristóbal. A él le interesaba crear, construir, meter “las manos en la masa” y, sobre todo, inventar.
Estudió Diseño Industrial en la Universidad de Chile y desde los primeros años empezó a interesarse por el interiorismo, por la creación de objetos y la forma en que estos se relacionan con el entorno.
Ex alumno de la Alianza Francesa, domina a la perfección el idioma y tiene doble nacionalidad, por lo que la opción de vivir un período en Europa, recién egresado de su carrera, le pareció muy atractiva. “Me fui por azar, pero una vez allá empecé a trabajar en arquitectura interior y a buscar lugares en que pudiera desarrollarme profesionalmente”, explica. Ya lleva ocho años viviendo allá.
En París postuló a una beca y entró a estudiar Diseño e Innovación. Un año de Diseño de Objetos Comunicantes y tres de Diseño, Innovación y Búsqueda de Nuevas Ideas.
¿Objetos comunicantes?Sí, es el concepto de “mobiliario inteligente” que, además de bonito y funcional, implique alguna experiencia sensorial. Hace unos cuatro años empecé a cuestionarme por qué nadie hacía mobiliario interactivo, comencé con pequeños experimentos.
Bajo ese concepto, Cristóbal creó, entre otras cosas, un sillón con tapizado capitoné, en que cada uno de los botones de la tela posee sensores, que se van hundiendo cuando una persona se sienta. “Y cuando te levantas, tu silueta queda marcada por varios minutos en el sillón… la idea es dejar una huella de tu paso por un lugar, con un lado casi poético”, dice.
¿Es posible comunicar a través de todos los objetos?Efectivamente. Por ejemplo, cuando mi hija empezó a tener algunas nociones del tiempo, pero no entendía muy bien el tema de la hora, se me ocurrió diseñar un reloj con movimiento. La idea es que se deslice por un riel a medida que vaya avanzando el día y, al mismo tiempo, se va iluminando gradualmente. También desarrollé un sistema de audio, un dispositivo para escuchar música que se activa con el movimiento de la mano, que se modifica físicamente; es un cilindro con un sensor de distancia y un motor que hace que suba o baje sólo con acercar la mano. Los equipos de música son feos, la gente los esconde… ¿por qué no pueden ser objetos? El desafío pasa, además, por desarrollar artículos que necesiten manual para funcionar.
¿Hay mercado para comercializar estos productos?
Sí, pero no es un tema fácil. Este dispositivo musical, por ejemplo, está en manos de una empresa en China que está tratando de bajar los costos y poder sacarlo al mercado por un precio accesible. Y eso no lo decido yo, sino que la marca que lo va a comercializar. El problema es que un proyecto puede quedar parado por eso, o simplemente ser desechado… cuando yo diseñé esto no existía el Kinect, el Wii ni ninguna de estas innovaciones tecnológicas que existen hoy y que funcionan con movimiento del cuerpo, y el riesgo es llegar tarde.
DISEÑO INDEPENDIENTE
Durante sus años como estudiante parisino colaboró con muchas empresas, y en el camino se dio cuenta de que la forma en que trabajan las grandes industrias no es la única que permite realizar diseño de calidad. “Tiene un lado bueno y uno malo. Es entretenido conocer cómo funcionan las empresas, pero la lata es que hay que cuadrarse a su manera de trabajar. Ellos no se van a adaptar a ti y en esa etapa creíamos que la única forma de conseguir ideas innovadoras era que no nos pusieran frenos”.
“Cuando terminé de estudiar tenía diez proyectos en los cuales trabajar, en iluminación, mobiliarios y pisos innovadores. Hice un parqué flexible, de madera, pero con uniones móviles que al pisarlo se va deformando. La idea, en ese caso, fue trabajar con los sentidos, que algo visualmente parezca rígido, pero al contacto esa percepción cambie radicalmente”, aclara.
Existe un objeto que se ha transformado en un verdadero icono en la carrera de Cristóbal. Y curiosamente no se trata de ningún objeto comunicante ni con alta tecnología. El Punch Mug es simplemente una taza. Una taza que hoy se comercializa en todo el mundo.
¿Y cómo surgió lo del Punch Mug?Es una historia que tiene varios años. El 2006, quedé preseleccionado para un concurso de cerámica en Milán con el boceto. Un par de años después empecé a darle vueltas a la idea de producirla realmente y conseguí un ceramista que hizo los moldes. Las primeras dos mil las vendí directamente y a través de mi página web (HYPERLINK "http://www.karich.cl"www.karich.cl), pero, aunque me fue bien, no me veía dedicándome a eso. Fue entonces cuando hice el contacto con una feria en Nueva York, donde me instalé con stand solo con tazas, pensando que, además, se trataba de un producto súper adecuado para la cultura americana. Vendí como setenta, pero lo interesante es que se me acercó un gringo que ofreció hacerlas y comercializarlas. Me mandó un mail, firmamos un contrato y le entregué la exclusividad de un solo modelo, con la condición de que yo pudiera seguir haciéndolas por mi cuenta también. Empezamos el 2009 y, a fines de ese año, la taza ya se vendía en todo el mundo.
¿Eso significó un salto en tu carrera?
Sí, de hecho el primer impulso es decir “voy a hacer un montón de cosas y venderlas igual”. Pensé: vendo diez como esta y vivo tranquilo. Pero en el camino descubrí que no es tan fácil, que las ideas buenas no aparecen todos los días. Pero seguimos contactados, siempre le estoy enviando ideas, pero no es tan sencillo crear objetos divertidos, de uso diario y cercano a la cultura americana. Pero por uno que sale, hay miles que no se hacen…
¿Te interesa hacer de tus diseños, algo accesible?Creo que hoy en día hay para todos. A veces veo cosas horribles y mucha gente que las compra. Ya no me atrevo a asegurar que algo pueda o no funcionar porque es feo o raro. Solo vale creer uno mismo en lo que hace; si crees en tu proyecto no es imposible tener éxito, aunque muchas veces eso implique gastar tu propia plata en un principio, irte de Chile y tomar riesgos que la mayoría de la gente no está dispuesta a correr.
¿Se puede hacer diseño desde Chile?
Sinceramente, no creo. O sea, es posible hacer diseño en Chile, pero no desde Chile para el resto del mundo. Cuando estoy allá tengo reuniones todo el tiempo en distintas ciudades. Y si mandas algo a Italia, el tipo te dice “ok, vente y conversamos” y hay que partir a Milán en un par de días. Y si no te resulta no vuelves llorando porque te gastaste cinco mil dólares en el trámite, sino que solo un viaje en tren. No es posible hacer un producto en serie que fabriques acá y mandes a Europa, porque hay costos de traslado, internación y otros que hacen que los valores se multipliquen.
¿Qué hacen entonces los diseñadores chilenos?Acá hay gente muy buena y una de las alternativas es concentrarse en el mercado local, que sí existe. Hacer productos chilenos para venderle a los chilenos, no pasarse la vida mirando para afuera.
“Si crees en tu proyecto no es imposible tener éxito, aunque muchas veces eso implique gastar tu propia plata, irte de Chile y tomar riesgos que la mayoría de la gente no está dispuesta a correr”.