Es el único lugar de Chile donde se puede vivir esta experiencia y ¡por cierto que lo es! Es una mezcla de turismo, trekking, aprendizaje, desconexión, misticismo y renovación. Son dos rutas guiadas por un antiguo minero de la zona, dos rutas que invitan a conocer este mineral cristalizado de variados colores, infinitas formas y diversas propiedades. Para muchos, la “piedra del poder”.
por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
¿Qué hace que una piedra pueda ser la protagonista de nuestro recorrido? ¿Qué tiene de especial este mineral, que atrae a turistas y residentes por conocerlo? Tal vez, usted se esté preguntando esto y mucho más. Pues bien, para la gran mayoría de los que se aventuran en esta ruta, el argumento está en que es una innovadora oportunidad de hacer turismo minero y, para los más esotéricos, lo que representa el fino y transparente cuarzo: un cristal de “pura energía”.
Decidimos formar parte de esta experiencia y tomamos contacto con el artífice de esta travesía, que por cierto, son dos: Ruta del Cuarzo 1 y Ruta del Cuarzo 2.
Hace más de doce años que Luis Castillo Rivera se dedica a subir y bajar el sendero que conoce como la palma de su mano. Es minero formado por su abuelo, él le enseñó todo lo que sabe y se lo agradece. Desde que era muy pequeño, lo acompañaba a trabajar en el sector de Mina Estrella, al interior del Valle de Elqui. “Estas minas tienen más de setenta años. Durante ese tiempo, el cuarzo que se extraía era vendido a Cristalería Chile y luego, a Manganeso de Atacama. Pagaban muy buen precio, pero con el tiempo nació la idea de hacer turismo y de darlo a conocer a los visitantes”, comenta Luis, durante el viaje por la ruta 41, camino al Valle.
Partimos al revés de lo que suele hacer el alma mater de esta iniciativa, y dejamos lo más atractivo para el final. Nuestro destino es la Ruta del Cuarzo 2.
A unos veinticinco kilómetros de La Serena, en la localidad de Quebrada de Talca, viramos hacia la derecha y nos dirigimos hacia el cerro. Son seis kilómetros de pavimento hasta el sector los Corrales y luego dos más por un camino de maicillo, en buen estado y apto para un vehículo normal.
Nuestro guía no da tregua a su relato y tampoco nosotros, a nuestra curiosidad. “Todas estas tierras son de la comunidad, pero yo tengo mesurado un trayecto otorgado por el Estado. La ley minera da el derecho de tener propiedad en el sub suelo, y en mi caso está delimitado y pago una patente anual. Nadie puede entrar acá para explotar el mineral, porque es mío”, recalca Luis, quien a sus sesenta y un años tiene cuerpo y alma de deportista, incluso, ha perdido la cuenta de cuántas veces ha guiado a miles de turistas por ambos trayectos.
MOCHILAS DE ENERGÍA
Un trazado entre cerros, majadas, maitenes y vestigios de vertientes van marcando el recorrido. Nos detenemos un instante, alertados por Luis, para observar un maray abandonado. Acto seguido, explica que en esa roca se molía, antiguamente, el mineral.
Después de unos minutos, llegamos a los pies de un cerro. Luis nos indica que ahora comienza la acción. Los rayos de sol golpean nuestros rostros y a las miles de piedras de cuarzo esparcidas por el suelo. Están por todas partes y algunas más brillantes y luminosas que otras, parecen a la distancia verdaderos restos de nieve. Por algo, los griegos pensaban que este mineral era agua congelada, de ahí la etimología de la palabra cuarzo, que proviene de kristallos y significa hielo.
Fascinados con la idea de llevarnos unas cuantas en las mochilas, Luis observa sonriente y nos comenta que el cerro está lleno, que no lo hagamos para no subir con carga. Y así es, en cada paso nos vamos encontrando este mineral formado por silicio y oxígeno.
Sorprendidos, emprendemos la ruta 2 cuesta arriba. Son quince minutos de trekking, pero nuestro paso se hace más lento, al ir recogiendo los diferentes tipos de cuarzo que van apareciendo… es inevitable y muy tentador. “El color se lo da el manganeso y el hierro. La familia del cuarzo es muy amplia, por nombrar algunas: turquesa, feldespato, moscovita, crisocola, epidota, amatista, citrino, rosa, cristal de roca, ojo de tigre, azul, blanco…”, y Luis continúa con la larga lista, mientras sube el cerro con una energía envidiable.
De pronto, nos encontramos con una gran roca de cuarzo. Pregunto si tiene nombre y Luis cuenta que aún no la bautiza. Al rato nos comenta que esa piedra tiene mucho cristal y que ahí hay una veta. “Una vez intentaron romperla, dejaron unos tiros porque querían ponerle dinamita, así que lo tape con tierra y dejé un cartel para que no la tocaran”. Le comento, entonces, que hay que nombrarla la “Intocable” y asienta con una sonrisa.
Son cien metros de ascenso hasta la mina. Es un gran orificio, de no mucha profundidad. Luis toma un combo y comienza a golpear la roca. Aparecen los trozos de cuarzo y obsequia a cada uno de los integrantes del grupo, una muestra. Descansamos apreciando el paraje desde lo alto y luego, comenzamos a descender… ahora sí, con las mochilas cargadas y varios trozos de cuarzo en las manos.
RUTA 1: BAJO LA TIERRA
Tomamos nuevamente la ruta 41, esta vez en dirección a La Serena. Ingresamos por Altovalsol y nos internamos por un camino secundario hacia el cerro. Desde la capital regional, son dieciocho kilómetros hasta esta localidad.
Con entusiasmo damos inicio a la Ruta del Cuarzo 1. Nos motiva saber que ahora estaremos bajo tierra, ¡rodeados de paredes de cuarzo! Dejamos el vehículo a los pies del cerro y nuevamente trekking, pero esta vez son cuarenta minutos de caminata hacia la mina. Reconforta constatar que la madre naturaleza nos acompaña y en el camino nos ofrece unos exquisitos copaos, fruto idóneo para saciar nuestra sed. A la sombra de eucaliptus y álamos saboreamos los copaos y continuamos con energía.
Mientras ascendemos, Luis nos cuenta entretenidas historias sobre avistamientos de ovnis, de sitios arqueológicos y de los nombres de las aves que sobrevuelan el lugar. El sendero está bien marcado y cada cierto rato, nos detenemos a admirar la majestuosidad del valle. Así, el tiempo transcurre rápido y entre anécdotas e historias, Luis nos pasa unos cascos de seguridad y con sorpresa nos vemos frente a una pequeña entrada que nos conducirá a las entrañas de la tierra.
El ingreso hacia el socavón es oscuro. Hay que inclinarse y bajar con cuidado. Son aproximadamente diez metros, los que unen este pequeño túnel con la mina. Al final del sendero, vuelve la luz a través de un gran orificio. Los rayos de sol iluminan entonces, nuestras atónitas miradas.
¡Estamos rodeados de cuarzo! Lentamente y en silencio, observamos que bajo esas paredes amarillentas cubiertas por la tierra, reposa el mineral cristalizado. Los murallones alcanzan los cincuenta y cinco metros de alto y desde el centro de la mina podemos apreciar el azul del cielo… el más limpio del Hemisferio Sur.
Sin descansar, Luis toma un combo y una cuña en cada mano y comienza a golpear la roca. “Yo siempre hago lo mismo. Cuando llegamos a la mina me pongo a trabajar, saco varias piedras de cuarzo y las regalo”. Mientras lo hace, continúa su relato. “Hace unos años, unos chinos me ofrecieron por esta mina, un millón de dólares. No se las quise vender, porque sé que vale mucho más”.
¿Tampoco la quiere explotar?
¡No! Yo quiero mantener esta mina para continuar con el turismo. ¡Esto es lo que me gusta hacer! Además vivo mucho más tranquilo trabajando en esto, que adentro de una mina. En verano, especialmente, aprovecho de ahorrar para vivir el resto del año. También vendo piezas grandes de cuarzo, es muy cotizado por la gente de otras ciudades. Hace poco me encargaron una cama cubierta de piedras de cuarzo para un spa… lo utilizan como terapia.
¿Le han propuesto algún proyecto formal con esta ruta?
El Gobierno Regional me propuso que trabajara con ellos y la verdad es que a mí me interesa hacerlo en forma particular. El turismo minero es una idea que nació de una iniciativa propia y quiero continuar haciéndolo hasta que la salud me lo permita.
¿Usted siente la energía del cuarzo?
¡Claro! La gente toma una piedra de cuarzo y ese es el que se deja. Yo siempre digo que el cuarzo es quien elige a la persona, hay una conexión especial que entra por la vista. El cuarzo es un fundente, se utiliza para las fundiciones de cobre y el cristal de roca sirve para fabricar instrumentos ópticos, vidrios, etc. Pero lo que lo hace realmente atractivo y por eso a la gente le atrae esta ruta, es porque tiene propiedades curativas, energéticas y es un protector. Los terapeutas lo utilizan mucho… ¡son piedras mágicas!
Mientras Luis continúa golpeando la roca, observo a pocos metros, un numeroso grupo de piedras de cuarzo. Hago el experimento y me dejo seducir por uno de ellos. Ninguno es igual a otro… sigo mi intuición y tomo al elegido. Lo pongo entre mis manos y tras un largo rato, en el que todos disfrutamos del silencio, nuestro guía nos invita a regresar.
Terminamos nuestra aventura, con mochilas cargadas de energía y con un recuerdo imperecedero de esta novedosa travesía minera.
“La gente toma una piedra de cuarzo y ese es el que se deja. Yo siempre digo que el cuarzo es quien elige a la persona, hay una conexión especial que entra por la vista”.
Nuestro dato:
Luis Castillo Rivera
Guía turismo Ruta del Cuarzo 1 y 2
Celular: 83888890 – (051) 628962
Ruta 41 km 16 Valle de Elqui, Región de Coquimbo
Recomendaciones: Iniciar la ruta temprano en la mañana, viajar en vehículo propio, usar ropa cómoda, zapatillas, protector solar y llevar una botella de agua.