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EDICIÓN | Abril 2013

Palmas, tacones y ¡olé!

Rosita Alveal Torres, profesora de danza flamenca
Palmas, tacones y ¡olé!

Atreverse a perder el miedo y dejar toda la ferviente pasión del baile flamenco en la pista, es la principal consigna de la Escuela de Danza y Expresión de Rosita Alveal. Dramatismo, alma y profundos sentimientos se funden en esta antigua expresión artística española. Una combinación perfecta que motiva, cada año, a un grupo de mujeres de diferentes edades, a formar parte de este taller y a encontrar en este y otros bailes, una terapia de desconexión.

por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

Fue la música flamenca su musa inspiradora, la que la inició, a los dieciséis años, en la danza. Su marido, Milenko Zurita (músico y abogado) —en ese entonces su novio—, tocaba la guitarra al compás del ritmo andaluz y ella, motivada por el apasionante sonido de las notas gitanas, decidió hacer un curso de baile flamenco en la Academia de Danza de Viviana Medina, en su ciudad natal, Concepción.

Estuvo un par de años aprendiendo la técnica del flamenco y, en paralelo, formó un dúo de guitarra y castañuelas con Milenko. Realizaron diversas presentaciones y conciertos en varias ciudades del sur, hasta que Rosita Alveal (36) decidió dejar la escuela de danza para tomar nuevos cursos y talleres en Santiago.

El trabajo de su marido como abogado del SII, los llevó a trasladarse —y a tomar un nuevo rumbo— hacia el norte del país. Se instalaron en Iquique por tres años, tiempo que le permitió a Rosita crear su primera Escuela de Danza Flamenca y dar clases, especialmente a las más pequeñas. “Con mi marido formamos, también, un grupo de danza con guitarra, castañuelas e incluimos a un violinista y un cajonero. Yo incorporé, por primera vez, el baile como solista. Fue una época muy bonita”, recuerda Rosita, y agrega que en esos años ganó un proyecto FONDART con una obra de teatro flamenca, llamada Pasión negra.

Tu camino por la danza, ¿lo has construido siempre de la mano de tu marido?
¡Siempre! Milenko es abogado, pero su gran pasión es la música y la guitarra. Él me ha motivado a continuar con nuevos cursos y a seguir aprendiendo de la danza. Hemos estado juntos en esto, todos estos años, y ha sido, sin duda, una gran ayuda.

JEREZ DE LA FRONTERA

Cuando estaban en Iquique, en el año 2003, Rosita y Milenko decidieron viajar a España para instalarse por un mes en la cuna del arte flamenco: Jerez de la Frontera, en Andalucía. Ella tomó clases de danza y él, de guitarra. Un período intenso, en el que, además de especializar su formación en el baile, le permitió cultivar aún más su interés por el arte, los espectáculos y conciertos que ofrecía cada noche la ciudad andaluza.

¿Conoces, entonces, a grandes “bailaores” de flamenco?
Así es, a los más reconocidos. Primero hice un curso de bulería por soleá con Antonio El Pipa, luego, con Manolete aprendí farruca y, finalmente, tomé un curso con Elguito, quien me enseñó soleá. El flamenco tiene muchos estilos y son bien complicados; por ejemplo, el tango, la sevillana, las bulerías, las bulerías por soleadas, esta última es mi favorita, pues tiene mucho de dramatismo. El farruca, antiguamente, solo lo bailaban los hombres, es un baile con fuerza y mucho zapateo. Hoy lo bailan hombres y mujeres. La soleá es un baile más lento, donde destaca el desplante del bailarín.

Un mes de gran aprendizaje y bastante práctica ¿no?
Cada curso duraba una semana, pero eran muy intensos, de trabajo duro todo el día. Mucho zapateo... hubo un momento en que los pies me sangraban. Llegué a Chile muy delgada, porque además del ejercicio constante, especialmente en piernas y brazos, nos alimentábamos con muy poco y rápido. Fue una estadía sacrificada, pero valió la pena. 

¿Los profesores eran muy estrictos?
Bastante. Uno de ellos, cuando bailaba, se ponía en frente y me decía con dureza ¡tú no estás expresando! ¡Siéntelo! Lo repetía una y otra vez. La presión y el nerviosismo eran constantes.

¿Una experiencia qué repetirías?
¡Sin duda! Fue una experiencia única y maravillosa. Daría cualquier cosa por volver. Ver el flamenco en vivo, como lo bailan los gitanos, ¡me hizo llorar! Es una emoción tan grande... tan intensa. Después de clases íbamos todos los días, a los pubs de Jerez, a disfrutardelosespectáculos.¡Vivíelflamenco las veinticuatro horas del día!

¿Qué tiene el flamenco que te provoca esta emoción, hasta las lágrimas?
Es un baile que trasmite mucho sentimiento. La expresión de amor, alegría, tristeza, desamor, rabia, soledad, ¡lo tiene todo! Después de años de práctica logras transmitir, a través del cuerpo y la expresión del rostro, cada una de estas emociones.

¿Resulta difícil lograrlo?
En mi caso, lo logré después de algunos años de estudio y práctica. Yo soy tímida, pero con el flamenco, ¡me transformo! Lo esencial en esta danza, es sentir la música, entregarse. Antes me preocupaba de los pasos, pero después de mi viaje a España, me di cuenta de la fuerza y energía de las gitanas al bailar. En muchas ocasiones las vi llorar, mientras bailaban y eso es muy intenso.

¡A BAILAR!

Con las maletas cargadas de trajes, peinetas, zapatos, castañuelas y sueños, Rosita regresó a Chile para retomar sus clases y enseñar a sus alumnas todo lo aprendido. Estuvo un año más en Iquique, hasta que nuevamente su marido le avisó que lo trasladaban a Antofagasta. Durante cuatro años de permanencia en esta ciudad, Rosita se dedicó a su academia, a realizar variadas presentaciones y eventos, a través del Centro Español, y a estudiar diseño de vestuario.

¿Haces tus propios trajes, entonces?
¡Sí! Mi madre es modista, así que aprendí mucho de ella. Estudié diseño para complementar lo que ya sabía de confección. Yo hago todos los trajes para la academia, incluso diseñé una pasarela de vestuario flamenco que se llamaba España en el alma. Ahora estoy preparando una nueva colección otoño-invierno, todo inspirado en el flamenco. 

¿Y en qué momento te radicas en La Serena?
Mi marido pidió el traslado, porque siempre nos gustó esta ciudad. Llegamos en el 2009 y, durante ese año, me dediqué a la familia, a mi casa. Un año después, inicié las gestiones para presentar mi trabajo y tuve mi debut en la Feria del Libro. A los meses, instalé mi academia en una casona, en el centro de la ciudad. Partí con treinta alumnas y yo sola hacía las clases.

¿Así es como decides formar esta escuela de danza e integrar a otros profesores?
Compré esta casa fuera del centro. Mi objetivo era independizarme, tener más espacio para enseñar otros bailes e incorporar a nuevos profesores.

A la Escuela de Danza y Expresión de Rosita Alveal se integró la profesora de danza árabe, Nicol Hayal. Juntas participaron en el Certamen Latinoamericano de Danza, con un duelo artístico de baile flamenco y árabe, y obtuvieron el segundo lugar de la competencia realizada en Santiago. El año pasado, Rosita volvió a presentar este espectáculo Flamenco v/s Árabe en el Teatro Municipal, pero esta vez con la profesora Sahira Hazim.

¿Qué otros bailes se imparten en tu escuela?
Además de flamenco básico y avanzado y danza árabe, hacemos clases de pop dance, baile entretenido y burlesque. Aprendí esta técnica con la profesora Martika Teese. La verdad es que a las mujeres les llama mucho la atención aprender este estilo. Mi idea es que el burlesque sea un baile sensual y elegante. Hicimos una presentación el año pasado y resultó muy bonito.

¿Cómo ha sido la experiencia de enseñar danza en esta ciudad?
Me encanta esta ciudad y no pretendo irme, pero cuesta a veces que las personas sean constantes, que se atrevan... que se animen a bailar. Nuestros horarios de clases están pensados para que asistan después del trabajo o del colegio. Las iniciamos en abril y terminan con una gala en diciembre.

¿También das clases gratuitas de promoción?
Sí, porque me interesa que la gente conozca nuestro trabajo y que se motiven mucho más. A fines de abril se celebra el Día de la Danza, así que tenemos programado dar clases de todos los estilos, sin costo. Están todos invitados a bailar.

Una buena alternativa para liberar el estrés...
Me fascina bailar y transmitir lo que esto provoca. El baile da seguridad, permite expresar, desconectarse, vivir en armonía, liberar tensiones, sanar el espíritu. Tengo alumnas que llegan con depresión y, al poco tiempo, se sienten espectacular. Además de los beneficios que aporta al cuerpo tonificándolo, acá lo pasamos muy bien... ¡es una excelente terapia!

 

 

“El baile da seguridad, permite expresar, desconectarse, vivir en armonía, liberar tensiones, sanar el espíritu... Además de los beneficios que aporta al cuerpo tonificándolo, acá lo pasamos muy bien... ¡es una excelente terapia!”

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