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EDICIÓN | Abril 2013

Luz en movimiento

Kontana Kas

Driplight. Así se llama la técnica que emplean Constanza Castaño y Carlos Garín detrás de su laboratorio de arte: Kontana Kas. Un formato en el que las pinturas, al caer la noche, cobran vida en forma repentina, y llenan todo de luz y color. Hechos de resina, pintura y LED’s, ya tienen un sitial en el sitio online de la galería inglesa Saatchi y se han transformado en un referente del arte lumínico. Su historia, y el último encuentro en Boston con Alejandro y Moira Siña, en estas páginas.
 

Por Macarena Ríos R./ fotografías José Luis Salazar

Una construcción modular, hecha de hormigón, madera y vidrio, domina el valle de Chicureo. A los pies del cerro Pan de Azúcar, donde está anclada, se desparrama la tierra, los caminos serpentean como hilos de plata por la naturaleza agreste del lugar y se pierden en el horizonte. Coni toma un tazón de té con ambas manos. Le gusta el té y el paisaje que la despierta cada mañana.

En el estudio, en la cocina, en el living, en el dormitorio, descansan algunos de sus driplights que también tiene repartidos por Estados Unidos, Europa y Argentina. A simple vista, son blancos, con textura, relieves y están hechos de capas de resina con transparencias. Pero cuando reina la oscuridad, comienza la transformación. Las obras cobran vida gracias a un dispositivo lumínico que permite controlar toda la gama de colores. El púrpura se funde con el cian, con el bermellón, con el magenta, en un hipnótico movimiento sinfín.


COLOGRAFÍA Y DRIPPING

Coni tiene el pelo corto y la voz ronca, cadenciosa. Estudió arte en la Finis Terrae, aunque rayaba con la ingeniería y la mecánica. “De chica me encantaba andar en moto y amaba armar y desarmar motores. Tal vez fue esa pasión por los materiales y las ganas de aprender a manipularlos lo que me llevó a estudiar arte”.

Y le fue bien, tan bien que ya en segundo año partió a estudiar a Cuba, gracias a un convenio que tenía la universidad. Durante un mes vivió en la casa del artista cubano Alcides Pérez, quien le enseñó el arte de la colografía: técnica de grabado en relieves. En la tierra de Fidel, jugó con diversas texturas y espesores siempre buscando ir más allá del campo bidimensional.
 
A su regreso a Chile comenzó a experimentar con la resina, “un material transparente que gracias a la superposición de capas me permitía generar verdaderos micro mundos” y comenzó a desarrollar el dripping: una ecuación de azar controlado, donde las formas se van trabajando en conjunto con la gravedad y la solidificación de los distintos materiales. Una técnica que permite controlar los espesores y los grados de transparencia, que era lo que ella estaba buscando.

Luego vinieron las exposiciones individuales y colectivas. En el Ritz, en galerías capitalinas, en estudios. Pero fue un encuentro fortuito con el arquitecto Carlos Garín Edwards, el 2010, el que gatilló la incorporación de luz como material a las pinturas de Coni y el inicio de un audaz proyecto de arte multimedia y que llamaron Kontana Kas.

En ese tiempo —para en el diseño de los primeros prototipos—, trabajaban con tubos fluorescentes y hacían los colores premunidos de filtros hechos con papel celofán y gel. Así nació Intertile, la primera obra bajo esta nueva técnica que llamaron driplight, o dripping de luz, o dripping retroiluminado y que todavía se puede ver en el Bar Taringa (Vitacura).

Bajo la premisa de que el arte sí se puede tocar, la pintura retroiluminada dio paso a las esculturas e instalaciones multimedia. La mezcla entre la artista visual y el arquitecto fue explosiva. Su proyecto “55 A1” en la desaparecida galería StuArt ganó el concurso de Focus en Nuevos Medios del Consejo Nacional e la Cultura y las Artes, la admiración y el reconocimiento de Valentina Serrati, Félix Lazo y Francisco Stuardo y un pasaje a Nueva York.


UN ENCUENTRO INESPERADO

El viaje a la cosmopolita Nueva York del 2012 les permitió estrechar lazos con el mundo artístico, exponer en galerías, viajar a Boston, visitar el laboratorio multimedia del MIT, compartir con Janna Longracre, directora del MASS Art, y conocer a los artistas lumínicos nacionales Alejandro y Moira Siña —Sinalightworks—, referentes mundiales del arte cinético. Los Siña viven en Boston hace más de treinta años, y en un acto desprendido les abrieron las puertas de su casa-estudio. Algo totalmente impensado para la joven pareja.

¿Qué aprendieron de los Siña?
A trabajar en equipo, a generar obras modulares que puedan conectarse entre ellas y que los proyectos pueden enviarse a través de packaging inteligente. La conexión que logramos con ellos fue asombrosa. Una verdadera fuerza magnética que nos conectó más allá de lo técnico.

¿Lo más emocionante?
¡Mil cosas! Exponer en la galería Local Project de Nueva York, y participar como los únicos extranjeros en un evento de iluminación llamado “Iluminated, Festival of Lights and Music” y que congregó a veinticuatro artistas lumínicos.

“Fue muy especial ser los únicos latinos en el festival y ver nuestra obra en el hall de entrada, interactuando con la gente”, recuerdan. “Una experiencia inolvidable”. Solo un dato: a la noche inaugural asistieron tres mil personas.

¿La mayor satisfacción?
Conocer a Moira y a Alejandro. Compartir con ellos, aprender de ellos, experimentar juntos y poder desarrollar proyectos en conjunto, como el de Iluminate, que fue el primero que desarrollamos y expusimos junto a Sinalightworks.

¿Qué rescatan de su paso por Estados Unidos?
La enorme acogida que tuvimos, el real interés que despertó nuestra obra. Estar en contacto con el arquitecto Juan Pablo Lira de Focus Lighting (estudio de iluminación especializada para proyectos arquitectónicos) quien a su vez nos contactó con Sinalightworks. Esa fue la puerta de entrada a un mundo insospechado, formado por académicos y artistas, un crisol gigante. Nos invitaron a dar una clase, una especie de workshop ante cientos de universitarios apostados en un auditorio del Massachusetts College of ART and Design. ¡Imagínate! Por primera vez pudimos mostrar qué hacíamos en cuanto a arquitectura, arte y diseño integral.


SAATCHI ON LINE

El 2012, Saatchi —la famosa galería londinense que creó un portal de ventas online: saatchionline.com— llamó a cien curadores a nivel mundial. Cada uno debía escoger diez obras. El objetivo: descubrir artistas emergentes. La curadora rusa, Christina Steinbrecher, eligió Intertile, la única obra sudamericana en su colección. “Por este trabajo nos contactó una coleccionista argentina”, comentan con orgullo. “Queremos irnos a Europa pronto y esto nos sirvió para tantear terreno”.
 
¿El próximo paso?
Con Sinalightworks estamos impulsando unos proyectos en Boston y también en Santiago. Una especie de alianza entre “primos de luz”. Moira y Alejandro nos invitaron a participar y desarrollar la iluminación del hall central y la cafetería del Teenager Center de Boston, el nuevo centro cultural de Brookline orientado a los jóvenes. Y dentro de poco, instalaremos la obra Air Lines de Sinalightworks en el hotel Director en Vitacura.

¿Y qué hay de las instalaciones?
Estamos desarrollando en nuestro laboratorio multimedia, un proyecto que reúne las artes y la música con la intención de poder llevar nuestro material de manera nómade por el mundo. Tenemos una invitación para llevar este concepto a Europa, partiendo en el centro cultural de Barcelona para después trasladarlo a otras ciudades.

¿El secreto del éxito?
Te tiene que apasionar lo que haces y entender que el arte es hacer bien las cosas.

Se miran y sonríen. “Bueno, y trabajar. Trabajar mucho y olvidarte del ego”.


“(En Boston) Nos invitaron a dar una clase, una especie de workshop ante cientos de universitarios apostados en un auditorio del Massachusetts College of ART and Design. ¡Imagínate! Por primera vez pudimos mostrar qué hacíamos en cuanto a arquitectura, arte y diseño integral”.

 

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