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EDICIÓN | Abril 2013

En puntas de pie

Patricia Rodríguez Baier, Fundadora Ballet Parroba de Rancagua
En puntas de pie

Nació para ser bailarina de ballet y luego de doce años de estudios, lo logró. Una profesional de esta disciplina que pisó grandes escenarios y que fue parte del Ballet Municipal de Santiago hasta que enfermó de fibromialgia, un padecimiento que ataca las articulaciones, y no pudo seguir bailando. Pero ni esto ni nada la ha detenido en su sueño de cultivar la enseñanza de su vocación.

por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

 

De voz suave y encantadora, Patricia es una santiaguina que llegó a Rancagua a cumplir un sueño. Desde que tiene uso de razón que baila ballet. Y es que según esta bailarina, antes a los padres les gustaba que las niñas practicaran esta disciplina, ya que es un símbolo de femineidad. La delicadeza con que se debe aprender a realizar cada movimiento, es además un objetivo difícil de lograr, se requiere de mucha disciplina. Fue así que Patricia se enamoró del ballet, el que empezó a practicar como actividad extra programática desde los cinco años “en las monjas”, como ella le dice a su colegio. Posteriormente, siguió perfeccionándose en el Teatro Municipal de Santiago y en la Escuela de Ballet Clásico Chileno.

“Mi trayectoria recorre todo lo que es danza en general, pero dentro del área de lo clásico que es lo mío, lo que yo elegí”. Al egresar del colegio, y con la idea de tener además del ballet, su pasión, estudios universitarios, es que entró a la PUC para seguir secretariado ejecutivo, carrera de la cual se recibió para trabajar en importantes lugares como la Presidencia Nacional. “Pero llegó el momento en que tenía que optar, y mi vocación fue más fuerte y decidí dedicarme exclusivamente a la docencia de la danza clásica”.

Y es que a Patricia, luego de años de estudio, de bailar como una profesional en los mejores escenarios, se enfermó de fibromialgia. “Es una enfermedad muy complicada y terriblemente dolorosa. Ataca las articulaciones de los huesos, no pude seguir bailando”. Patricia tampoco pudo tener hijos debido a este problema. Su primera crisis la dejó por ocho meses en cama, con hemorragias, vómitos, y sin poder hacer nada; los doctores no sabían qué era, por lo que la mantenían solo con suero. “Un día los dolores fueron tan intensos, que tomé corticoides y todo desapareció”. Luego de un año, un doctor le diagnosticó la enfermedad, el cuadro era agudo, y le explicó que comprometía todas las articulaciones, entre otros problemas. 

¿Cuántos años hay que estudiar para ser bailarina profesional de ballet?
Toda la vida. Es como la medicina, son como mínimo doce años para lograr entrar al Teatro Municipal. Se van cumpliendo etapas, te preparan académicamente para bailar. Para llegar al Municipal, hay que hacer carrera adentro. Cuando se termina el período de escuela —son siete años— se realiza una audición para pasar al ballet de cámara y luego se vuelve a concursar para pasar al ballet de Santiago o Municipal.  

¿Cómo pudiste levantarte y salir adelante?
Porque nací para ser bailarina, y tal como un cantante, es una pasión que hace que te levantes y sigas en ella hasta la muerte, de cualquier forma; en mi caso, enseñando.

¿Te conformaste con la idea de no poder seguir bailando?
Sí. Era lógico, si uno no está bien, es imposible para una bailarina clásica subirse “a la punta” —zapatillas especiales de ballet—, porque es necesario el equilibrio perfecto,ya que es el dedo gordo del pie el que lleva todo el peso de tu cuerpo. Si la musculatura no responde, no se puede, y si no puedes subirte en las zapatillas de punta, no puedes bailar ballet. Así que decidí enseñar todo lo que había aprendido.

ACADEMIA CON CONCIENCIA

Fue una profesora que Patricia tuvo en el Ballet Clásico Chileno quien la llamó para invitarla a hacer clases en la primera escuela de ballet de la región del Libertador, en la comuna de Rengo. Pronto tuvo que asumir como directora de esta escuela, lugar en donde estuvo doce años. Patricia vivía en Santiago y viajaba a Rengo permanentemente. “Fue un proyecto de la municipalidad de aquel entonces, eran talleres gratuitos para todos los niños de la comuna”.

De forma paralela a Rengo, nació la oportunidad de crear una escuela en Rancagua. “Evaristo Acevedo (director de teatro)me llamó para que hiciéramos un taller de ballet en esta ciudad, el que creamos en el año noventa. De aquí nació la Academia de Ballet Parroba, y la compañía semi profesional Parroba”. Luego abrió distintas escuelas en San Fernando, Graneros, y otras localidades de la zona, pero con el tiempo y los cambios de alcaldes estas fueron desapareciendo, igual que la de Rengo. También hizo clases en distintos colegios rancagüinos.

Hace más de quince años que Patricia está dedicada exclusivamente a su escuela, ubicada en Bombero Villalobos 240, una de las calles principales de Rancagua. Allí tiene treinta y cinco alumnos, y varios niveles. Además de haber formado la compañía semi profesional de Ballet Parroba, que la conforman quince alumnos formados al alero de Patricia.

¿Cómo han avanzado con la compañía?
Hemos hecho muchísimo. Primero, esta es una compañía que tiene a todos sus alumnos becados, con el compromiso de que ellos deben aportar cultura a la región de O´Higgins. No pueden faltar, y no lo hacen;aquí estamos todos los sábados. Así preparamos un repertorio que logramos mostrar en grandes presentaciones en el Estadio Nacional, en la cúpula del Parque O´Higgins, también hemos trabajado con la Presidencia de la República, entre otros. 

¿De qué se trata el repertorio?
Es bien amplio, tenemos para los niños todos los cuentos de Walt Disney llevados al ballet. Para los adultos mayores, una programación especial que se llama Reminiscencia del mil novecientos, que son todos momentos de la época llevados al ballet. Dentro de nuestro repertorio en sí, abarcamos lo clásico, el neoclásico, el contemporáneo, lo moderno y el jazz.

TOCANDO PUERTAS

Hoy, Ballet Parroba puede decir que es el mejor grupo de danza de la región, premio que le fue otorgado para el bicentenario por el Consejo de la Cultura de la zona. “Urge que la gente sepa que existimos. He ido miles de veces a pedir una entrevista con el alcalde de Rancagua, Eduardo Soto, y nada. El alcalde José Miguel Urrutia de Machalí sí nos dio la oportunidad de presentarnos en la plaza. Fue precioso, porque en esa oportunidad las autoridades vieron algo que no tenían idea que existía en la región. Pero necesitamos que nos conozcan, que nos abran las puertas, porque aquí hay mucho talento. La compañía, por ejemplo, tiene una coreografía llamada La Catedral, una composición de Marcelo Vidal, rancagüino, que vive en esta ciudad y que seguramente no tiene idea de esto.

¿El ballet está en crisis?
El ballet es cultura y la cultura está en crisis, sobre todo en esta región. Eso para mí fue y es un desafío. El tema es que para que la gente valore algo, tiene que verlo.

¿Qué otorga el ballet?
El ballet es una disciplina, contempla valores, constancia, que quedan para toda la vida. Todas mis alumnas son excelentes estudiantes universitarias. 

¿Cuál es tu mayor preocupación?
Veo con temor la poca preocupación que existe hoy en los directores de colegios, dueños de academias, o en los encargados de cultura de las municipalidades,que no confirmansi sus docentes son realmente profesionales. No miran los currículos, y si lo hacen, no verifican si estos son reales. De hecho, hay profesoras que hacen clases de danza solo por haber cursado un taller en el Municipal. No hay compromiso. Entonces, cuando se trabaja con niños, y con sus cuerpos, y no se tiene la ética profesional o responsabilidad para hacerlo, a mí eso me asusta. El problema es cuando llega a mi academia una niña de doce años a quien la han hecho subirse a zapatillas de puntas sin tener la mínima preparación muscular para ello; eso es peligroso, la columna tiene que estar preparada, y el talón también. Esto se logra después de años, el ballet no es como una cueca, que te aprendes la coreografía y punto. Aquí se trabaja con la sensibilidad de cada alumno. 

¿Cómo tiene que ser una verdadera maestra de ballet?
Para ser profesora es necesario conjugar muchas cosas: la parte académica, saber bailar, conocer el repertorio, en fin. Hay que dominar la técnica. Hay que haberse subido a un escenario, y saber que son mínimo tres años lo que te demoras en poder subirte en las zapatillas de punta. Cuando uno estudia danza tienes que estudiar todo el cuerpo, tus músculos, tus huesos, porque es lógico, yo tengo que saber cómo tratar un esguince, por ejemplo. Si no conoces tu cuerpo, no puedes dominarlo.

¿El baile que protagonizaste y recuerdes con mayor orgullo?
Cuando bailé el pas de deux (paso de a dos, se baila en dúo) del Cascanueces en el Teatro Municipal.

¿Has tenido alumnos que han podido irse a bailar al Municipal?
Sí. Pero las mamás no han querido. Prefirieron que siguieran estudios universitarios. Una pena, una tremenda falta de cultura.

¿Qué les dirías a esas mamás?
Que se perdieron una excelente oportunidad con sus hijas, porque yo creo que, hoy en día, hay que seguir la vocación. Porque uno puede ser una muy buena profesional, pero si en la vida tú naciste para ser bailarina, cantante o músico, por mucho que te esfuerces por ser médico o ingeniero, siempre va haber una espina adentro del alma, algo que no anda bien, una frustración que no te deja ser plenamente feliz. 

¿Qué esperas de tu compañía?
Quiero que las autoridades de la zona abran los ojos, nos conozcan, para que el ballet Parroba sea el ballet oficial de la región. 

¿Qué hay que seguir, lo que dice el cerebro o el corazón?
El corazón, nada más. Ahí está la vocación.

 

“…Si en la vida tú naciste para ser bailarina, cantante o músico, por mucho que te esfuerces por ser médico o ingeniero, siempre va haber una espina adentro del alma, algo que no anda bien, una frustración que no te deja ser plenamente feliz”. 

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