Hace unas décadas, las investigaciones arqueológicas en nuestro país se centraban mayormente en sitios prehispánicos, y mostraban un escaso interés en las ocupaciones históricas. En estos últimos años esta realidad ha cambiado, y hoy en día los elementos culturales dejados por las personas que vivieron durante la época colonial, republicana e incluso en el siglo XX, son estudiados de la misma manera científica y sistemática que los yacimientos de mayor antigüedad.
De lo anterior destacan los restos de vajilla de mesa y de diversos utensilios de cerámica y vidrio utilizados por la gente en el pasado para satisfacer diferentes necesidades de su vida cotidiana. Estos objetos de producción artesanal, semi industrial o industrial fueron fabricados para ser vendidos, lo que constituye una ventaja para su estudio e interpretación, pues muchas veces en los mismos objetos se encuentran los datos acerca del lugar y la fecha en que fueron manufacturados.
El Museo Regional de Rancagua custodia variadas piezas de estos tipos de los siglos XIX y XX, y que corresponden a objetos de función ornamental o doméstica, cuyo uso tenía una distribución más bien restringida a la clase social de mayor poder adquisitivo. Otros eran de más fácil acceso y, en conjunto, reflejan los bienes que las familias de la época utilizaban en su diario vivir. Estas piezas fueron donadas por familias de la zona o adquiridas por el propio museo en sus inicios y buena parte de ellas, sino todas, estuvieron en exhibición durante largo tiempo en las ambientaciones del salón, comedor, escritorio y Sala de la Independencia en la Casa del Ochavo.
Esta colección se ha enriquecido notablemente en las últimas décadas como resultado de las excavaciones arqueológicas realizadas en la cuenca del Cachapoal, pues entre los materiales culturales recobrados figuran elementos propios de la vida colonial, republicana y subactual, donde destacan piezas completas y fragmentadas de mayólica, gres, porcelana, loza y de vidrio.
Invitamos al lector a reflexionar sobre la valoración que como sociedad damos a estos bienes almacenados en el museo, y sobre la valoración que como individuos, otorgamos a los bienes portátiles, materiales e intangibles, que cada uno está creando o hemos heredado de nuestros padres y abuelos, relatos, fotografías, diarios de vida, piezas de loza, vidrio, y que revisten interés y significado personal. Pues, en última instancia, estos bienes forman parte de nuestro patrimonio personal y familiar.