Estudió licenciatura en arte en la Pontifica Universidad Católica. Es rancagüina, y a través de distintos Fondart ha realizado esculturas que se pueden apreciar en esta ciudad. Esculturas que como una obsesión que se repite en la mente de la artista, son el reflejo de un pensamiento profundo hacia el paso del tiempo y las huellas que este deja en el cuerpo. Hacia la soledad, hacia la mujer, hacia la poesía y el misterio de la vida.
¿Por qué elegiste la escultura?
Creo que ella me eligió a mí. En mi carrera estaba en los ramos básicos, me atrapó y nunca más la dejé.
¿De qué se trata tu cuento, tu obra?
Mi trabajo siempre gira alrededor de ciertas preguntas que se repiten a través de las generaciones, y cuya respuesta queda enredada entre el misterio y la poesía. El eterno transcurrir del tiempo y las huellas que su paso deja en el cuerpo y el alma como testimonio de lo vivido. La soledad de sabernos viajeros siempre de paso, y que cada comienzo es también el fin de algo. Nuestro equipaje nos limita e impide disfrutar el trayecto, en un viaje cuyo final tratamos inútilmente de postergar. Solo la fuerza del espíritu puede ir más allá de la materia, y trascender hacia una armonía máxima donde, como en la naturaleza, todo tiene su razón de ser. La magia del misterio se repite incansable de modo único, como en las infinitas posibilidades del arte a través del tiempo.
REFLEXIÓN DE MUJER
Ver una escultura de Ximena —suelen ser mujeres casi de tamaño real— es ver la reflexión y es sentir la inmensidad de un mundo repleto de gente que no tiene tiempo para pensar, para disfrutar.
En Rancagua se pueden apreciar: Encuentro sobre el agua, que se encuentra en el bandejón central de la calle Alameda con Illanes. Más arriba, obra que realizó como homenaje a Betsabé Carrasco, “la reina de las fiestas de Rancagua”, quien murió en los años cincuenta. Esta obra tiene como finalidad que las personas puedan sentarse a reflexionar, pensar, en la madre, la abuela, la hija. Un espacio para sentir. Se encuentra en el Parque de la Juventud. En el bandejón central de la Alameda —tramo Alcázar y Almarza— está la obra en la que trabaja actualmente: Boceto de mujer.
¿Encuentro sobre el agua es una obra dedicada al poeta Oscar Castro?
Realicé una serie de obras sobre la poesía de Oscar Castro, por ejemplo, “Las Rondas”. Era como buscar la primavera, con texturas muy sueltas, ritmos, y procurando usar gamas de colores en la materia, como se da en la naturaleza. Al exponer este trabajo se me propuso que hiciera una obra de gran formato para instalar en el Paseo Oscar Castro. Para ello, quise invitar al paseante a conocer el lugar, y me pareció que el nombre de la obra Invitación al valle era lo más apropiado. Al estar sobre un soporte de agua quieta, esta refleja todo lo que la rodea: el cielo, las hojas, la lluvia, pasan a ser parte importante de la obra. El nombre Encuentro sobre el agua surgió después. Fue realizada en una mezcla de cemento, enriquecido con granito y otros aditivos. Esto me permitió jugar más con los colores del entorno. En la obra, los protagonistas están tan inmersos en la naturaleza que los rodea, en sus pensamientos, que no necesitan a nadie más; sin embargo están juntos y pareciera que al mirarlos el paso del tiempo se detiene.
¿Cómo nació la obra a Betsabé?
Esta obra nació por la iniciativa de un grupo de jóvenes que querían hacerle un homenaje a una niña que murió quemada—por un loco“ que le incendió su disfraz de hawaiana— en la Plaza de Rancagua, durante la Fiesta de la Primavera. Así, cada año en la primavera estará presente el espíritu de esta niña adolescente: Betsabé Carrasco. En ella se quiso simbolizar, también, el espíritu de los jóvenes que quieren trabajar voluntariamente por la paz y por el futuro.
¿De qué se trata Boceto de mujer?
Para esta obra busqué, con trazos muy sencillos, hacer un boceto que trabajara el concepto de la mujer: la madre, la compañera y la musa de los sueños. El carácter de la región agrícola y minera está marcado con fuerza por el concepto de mujer que encarna la fertilidad y, a través de ella, la continuidad de la vida, la entrega generosa de esta tierra, abundante en recursos. Esta mujer, nuestra madre tierra, fecunda, real y mítica, llamada Pacha Mama, Lola entre los mineros, y para los habitantes de la ciudad de Rancagua, declarada magistralmente por nuestro poeta, Oscar Castro, como “puerto sin mar ni orilla, tripulantes que reconocen en ella su mascarón de proa que marca el recorrido hacia el mar”.
¿Dónde y cuáles han sido tus mejores exposiciones?
Las que he hecho en la sala Sergio Larraín, en el Instituto Cultural de Las Condes, Diez años de escultura en el Parque de las Esculturas, Museo abierto de la Fundación Andes, en el Museo de Bellas Artes, Cincuenta años de escultura en Chile, en el Centro Cultural Mapocho, Extremo Sur, en el Centro de Extensión de la Universidad Católica. 75 mujeres en la escultórica nacional en Soech. Y actualmente soy parte de una exposición itinerante de Fundación Andes que se llama Arte joven ahora, y en estos momentos estamos en el Museo de Bellas Artes.
¿En qué consiste tu trabajo, cuáles son los materiales que utilizas?
Por lo general, realizo un original, modelando greda u otro material blando, y traspaso mediante el sistema de molde y vaciado a otro material. Muchos de mis trabajos deberían ser traspasados a metal, pero por el costo, generalmente los termino en hormigón, que es muy dúctil y aporta cierta calidez. Ocasionalmente trabajo alguna piedra blanda, como el mármol.
¿Tus escultores favoritos?
Miguel Ángel, Rodin...
¿Tu escultura favorita?
Cualquiera de Los Esclavos de Miguel Ángel, y de Rodin, La Catedral y Los Burgueses de Calais.
¿El país más escultórico que hayas conocido?
Italia, sin duda.
¿La poesía, la escultura y Rancagua?
Un día descubrí que en la obra de escritores y poetas, como Oscar Castro, había respuestas a muchas de las preguntas sobre la identidad de esta ciudad. Rancagua comenzó a ser para mí el puerto sin mar y sin orillas, surcado por ese viento helado, el viento “bueno”, que es todo un desafío para los pulmones. Y los rancagüinos, tripulantes que sueñan con volver al mar. La poesía fue como una vía de escape para mí: fue recuperar la comunicación con el espíritu que nos une: de a poco descubrí que los colores y sabores de esta tierra que nos rodea estaban expresados con maestría y con delicadeza en la obra de Oscar Castro, pero también de muchos otros poetas que amaron y aman esta tierra. Comencé a ver que una respuesta potente a la falta de identidad que se respira es la poesía: lugar de encuentro de todas las artes.