Hace un par de años, el centro de Santiago se transformaba en el escenario de una pequeña gigante de vestido verde que se duchaba en la calle con una manguera gigante, que dormía en una cama gigante y usaba un pijama gigante. Su visita se debía a que un rinoceronte, también gigante, se había escapado y ella tenía que encontrarlo, pues este estaba dejando la escoba en la ciudad. Al parecer le gustó el lugar y tiempo después decidió volver, acompañada de su tío el señor Escafandra.
Yo tenía muchas ganas de ser su amiga, así que la visité en las dos oportunidades. Estos enormes personajes tenían vida gracias a un señor llamado Jean Luc Courcoult y a su compañía francesa de teatro callejero, llamada Royal de Lux. Opinión muy personal, creo que es una de las mejores compañías itinerantes del mundo. Todas las personas que conozco recuerdan la visita de la Pequeña Gigante, incluso la presidenta de ese entonces, tomó desayuno con ella.
Pero no conozco muchas personas que recuerden la primera vez que Jean Luc y su compañía nos visitaron: fue el año 2004, llegaron al Liceo Pedro Montt aquí en Valparaíso ofreciendo dos funciones simultáneas entrelazadas al precio de una: Hamlet y El enfermo imaginario. El caos y el asombro fueron totales.
Les cuento esta historia como preámbulo, porque hace un par de días aterrizaron en esta ciudad alrededor de treinta artistas provenientes de todas partes del globo, para desarrollar un proyecto multidisciplinario: conciertos, instalaciones, ofrecer charlas, realizar intervenciones en la ciudad, entre otras actividades. Se presentarán en el Parque Cultural Ex Cárcel, no obstante veremos intervenciones en otros puntos de la ciudad. Se trata de Of Bridges & Borders, un libro editado en 2009, donde treinta y siete artistas y escritores del mundo muestran, a través de puentes, el movimiento de las sociedades, las aceptaciones, los países, los acercamientos, las interacciones de unos y otros. Al tiempo deciden hacer una exposición del libro, muy por el contrario de lo que normalmente ocurre, pues generalmente después de la exposición viene el catálogo. Incluso se sumaron nuevos artistas.
Después de montajes por varios países hoy podemos ver un mural gigante del artista chino Ai Weiwei, o una serpiente enrollada en los rieles del detenido ascensor cerro Monjas, ese ascensor que prácticamente pasaba entre medio de las casas. Son intervenciones sociales de impacto, que vale la pena no solo verlas, sino investigarlas e involucrarse con el trasfondo que representan. Podría seguir infinitamente relatando y describiendo. Más vale una visita. Lamentaría que dentro de algunos años nadie recuerde, siquiera, que este grupo extraordinario desembarcó un día en Valparaiso y muy poca gente se conmovió.
Hasta el 26 de mayo. Avíspese…