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EDICIÓN | Marzo 2013

Soy super conservadora en muchas cosas

Tere Hales
Soy super conservadora en muchas cosas

No le molesta que la consideren la niña símbolo de la sensualidad, pero sí que no le den más oportunidades de desarrollarse como actriz. Integrante de una familia ligada a la política, mitad árabe y mitad brasileña, su personalidad mezcla la dulzura con la capacidad de hablar libremente de sexo. Y eso es lo que la ha hecho triunfar cada mañana en la radio.

 

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló


Hay dos preguntas que la Tere está aburrida de contestar: “¿De verdad no te importa sacarte la ropa?” y, acto seguido: “¿Qué opina de eso tu papá?”. Y es que ser actriz, locutora radial, guapa, desinhibida e hija de un diputado es un cóctel difícil de comprender para muchos.

Pero no para ella. Nació en una familia cruzada por la política; su padre fue un dirigente opositor durante el gobierno militar; su abuelo, el ex ministro Alejandro Hales, y su tío Jaime, abogado de la Vicaría de la Solidaridad. A pesar de que podría tener recuerdos oscuros y complejos de su infancia, los que ella tiene son alegres; y parte de esa alegría está dada por la otra mitad de su familia: su madre, Leila Gebrim, es brasileña y de ella heredó el calor, una envidiable relación con su cuerpo y el ritmo con el que se mueve, habla y gesticula, que tiene mucho de Samba.

¿Cuánto influye tu mezcla de razas?
Haber pasado muchos veranos de mi vida en Brasil, me hizo conectarme con una parte más alegre y libre de mí. El cuerpo, por ejemplo, allá es mucho menos sexualizado, aunque parezca al revés. Todas usan bikini sin importar la facha que tengan y esa aceptación del cuerpo es la que a mí me da la libertad de sacarme la ropa en una escena, porque mi cuerpo es primero mío. Pero también soy descendiente de árabe, lo que trae otra herencia ligada al goce: nos encanta comer, andar a pata pelada, hablar fuerte. Mis papás siempre me inculcaron el no someterme al yugo del machismo, lo que en Chile puede tener un costo altísimo.

Vienes de una familia importante, los Hales son bastante conocidos…
Eso es un orgullo para mí. Capaz que haya servido para algo, pero estoy lejos de ser la mina más apitutada del mundo… Mi familia me ha dado herramientas muy profundas en temas como la ética, verdad, búsqueda de la libertad y respeto de los valores. Además, estudié en la Alianza Francesa, un colegio que enseña a tener opinión. Para mí, la familia es lo más importante, por eso deseo tanto vivir en una casa, con un marido, un perro y un columpio.

¿La maternidad es tu tema pendiente?
Sin duda. Tengo muchas ganas de ser mamá. No tengo la urgencia de que sea hoy, pero sí la esperanza. Y ojalá la vida me dé un hombre que quiera ser padre conmigo y podamos tener juntos al menos un hijo que crezca en mi guatita. Y si no, está lleno de niños que necesitan a alguien que les dé amor. Feliz adoptaría un niño.

¿No sientes a veces que esta mujer tan power puede atemorizar a los hombres?
Habría que preguntárselo a ellos, aunque siento que mi única diferencia con otras mujeres es que yo reconozco mi sexualidad, la asumo, la conozco, adoro mi sensualidad y estoy dispuesta a encontrarme con el otro y a conocernos… ¡y alguien tiene que llevar la bandera del goce! (se ríe)… aunque, obviamente, muchas veces me da miedo también.

¿Cuáles son tus miedos?
La verdad es que trato de combatirlos todo el tiempo. No quiero tener miedo. Yo tuve una infancia en la que sufrí bastante por las circunstancias, mi papá estuvo preso, a mi tía la secuestraron y es posible que todas esas cosas me hayan dejado ciertas limitaciones que recién estoy trabajando. Estoy segura de que mis padres, tíos y abuelos son los que hicieron la pega de sacarnos adelante y lo que me mueve es el orgullo por haber sido parte de una familia luchadora. Yo crecí viendo que se puede, que cada familia tiene su historia y sus dolores, que hay muchos que han debido sufrir muertes, dolores, enfermedades y lo que yo aprendí cuando niña fue que la vida vale la pena, y el Chile de hoy me lo está demostrando. Hoy hablamos de otros temas, estamos un paso más allá, llevando la libertad como bandera de lucha… y cuando hablo de libertad no me refiero a libertinaje; soy súper conservadora en muchas cosas: creo en el matrimonio, en la fidelidad, no soy arriesgada, no me tiro en Benji… en el fondo, soy una lata. Cuando hablo de libertad hablo de derechos, de igualdad de oportunidades.


ALEGRÍA EN EL DIAL

Estudió teatro y, aunque actúa frecuentemente con papeles pequeños en teleseries, hoy su principal fuente de trabajo está en la radio. Desde hace años conduce el programa Hoy es un gran día en Radio Romántica, un espacio matinal donde interactúa con sus auditoras en temas de actualidad, psicología y sexualidad. “La radio es mi pega más importante, es un súper ambiente y me encanta la idea de tener que levantarme todos los días para ir a trabajar. Encontré mi vocación. Me levanto a entregar alegría, el programa es como una revista para mujeres con temas que a ellas les interesan; hablamos de sexo sin tapujos, pero también mucho de cultura”, explica.

Un espacio bien a tu medida…
Tiene mucho de mí, de mis miradas personales y la búsqueda del programa tiene que ver con esos enfoques. Mucha cultura y harta beneficencia. Todos los días aprendo algo de mis auditoras. Llegamos a una audiencia súper amplia y las personas son muy receptivas, muchas veces más inteligentes y críticas que uno. Nuestra primera misión es que la gente se despierte con alegría, pero después de eso queremos que se conecte consigo misma. Hay mucho de espiritualidad en lo que hacemos.

Pero estudiaste teatro, ¿qué pasa con el desarrollo de tu profesión?
El teatro está un poquito guardado. Básicamente porque me levanto antes de las seis de la mañana todos los días y eso hace un poco incompatible las dos cosas. Y hoy la radio es mi prioridad. Tengo una admiración profunda por los actores que viven solo del teatro, porque implica un sacrificio personal que yo no sé si estoy dispuesta a hacer: perderte ocasiones importantes, tener que trabajar sábado y domingo en la noche… la verdad es que en este minuto de mi vida tengo otros pendientes: escribir columnas, hacer talleres de desarrollo personal. He descubierto una fascinación en conectarme con otros seres humanos, nutrirme de ellos y entregarles elementos. A mí me han pasado cosas muy impresionantes con esta pega, como que un chico de dieciocho años me diga que gracias a mi programa se atrevió a confesarle su homosexualidad a sus padres o que una mujer me confidencie que por un tema que tratamos en el programa se animó a hablar con su marido de sus problemas sexuales y pedir ayuda.

Es harta responsabilidad, porque así como ayudas puedes meter las patas también…
Seguro, y sé que eso va a pasar miles de veces. Pero al final del día, cuando uno es como es, los mensajes llegan a la gente que está preparada para recibirlos. Yo he aprendido que uno no siempre le va a gustar a todo el mundo, pero el miedo el prejuicio o el temor a equivocarse es algo que está muy arraigado en nuestra sociedad, sobre todo en la gente de mi generación, por el contexto que nos tocó vivir. Los menores de treinta son mucho más libres en todo sentido.

¿Nunca te has sentido como una advenediza por ser actriz y estar metida en este mundo?
Lo he sentido siempre, pero lo adjudico a inseguridad personal. Soy actriz y también conductora, pero tengo clarísimo que no soy periodista, así como no soy profesora si algún día me toca hacer clases. Uno se enrolla mucho, aunque nadie jamás me ha cerrado una puerta.

¿Te consideras exitosa?
Cada día más. Primero porque vivo de mi trabajo, tengo el privilegio de hacer algo que me fascina y cada día tengo más libertad y me acepto como soy, lo que hace que mi encuentro con otros seres humanos sea cada vez más satisfactorio. Hay muchas cosas más que me gustaría hacer, me encantaría estar en una teleserie nocturna o hacer un programa de sexo en la tele, porque lo haría muy bien. Pero sé que tengo la libertad de poder prescindir de eso, yo no soy lo que hago, lo que hago es parte de lo que soy. Y desde que lo empecé a ver así me siento exitosa.

Tienes romances seguidos con la televisión, pero siempre en el papel de la amante o la mina sexy. ¿Eso es frustrante?
No me frustra que me escojan para papeles sensuales, sino que no me den la posibilidad de desarrollar mejor un papel. Aunque sea sexy, buena o mala, tengo más capacidades que solo una escena. Si la amante estuviera toda la teleserie y tuviera importancia en la historia lo acepto feliz, pero me aburren un poco las apariciones cortas y fomes.

¿Por qué los sigues haciendo?
Ya no los hago todos. Infieles, por ejemplo, no hago hace cinco años. Aunque a mí me divierte un poco esto de ser la niña símbolo, porque no soy ni la más rica ni la que más sale, así que algo tendré… Si me llaman de TVN voy porque tengo mucho respeto por lo que hacen y me gusta estar ahí, aunque no sé si eso me va a abrir puertas algún día, eso es lo que me impulsa. Tengo que reconocer que me han dado oportunidades, pero igual hay cierto prejuicio al elegir elencos. En las teleseries brasileñas ves distintas razas, gordos, flacos, orientales, etc. A mí en un canal me dijeron una vez que tenía mucha cara de turca… Y sí, soy árabe, y no me voy a operar la nariz para salir en la tele. Hay precios que yo no estoy dispuesta a pagar.


“Tengo muchas ganas de ser mamá. Y ojalá la vida me dé un hombre que quiera ser padre conmigo y podamos tener juntos al menos un hijo que crezca en mi guatita”.

 

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