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Entrevistas

EDICIÓN | Marzo 2013

Marcando la pauta

Miguel Allamand, fundador de Subsole
Marcando la pauta

Extremadamente preocupado porque los trabajadores tengan las mejores condiciones de trabajo, por transparentar el proceso productivo para el relajo del consumidor, porque su fruta sea rica y sana, y por el medioambiente. Así es Miguel Allamand, y es que los temas que lo convocan no son solo para crear un mejor negocio, sino que para crear conciencia de cómo se mueve hoy el mundo de la fruticultura.

Por María José Pescador D. Fotografías: Francisco Cárcamo.

 

Subsole es una de las exportadoras de frutas más grandes del país. Junto a las multinacionales ha estado entre las top ten de Chile durante los últimos años. Además, obtuvo, el 2009 y 2010, el premio al Mejor Proveedor Internacional del Hemisferio Sur, por la cadena de supermercados inglesa Tesco, la tercero más grande del mundo, por sus entregas puntuales semana a semana. 

Con un promedio de más de once millones de cajas exportadas anualmente, entre cerezas, clementinas, granadas, kiwis, naranjas, paltas, mandarinas y uva de mesa. Frutas exquisitas que nacen en los campos de todo Chile y que van directo a una de las cuatro plantas que la empresa tiene: en Copiapó, Quillota, Isla de Maipo y El Olivar (Región del Libertador).

La empresa se fundó en los noventa, empezó con la uva de mesa, y en estos veinte años ha aumentado en otros tipos de frutas. Año a año sus exportaciones han seguido creciendo. Como pocas, Subsole no se ha quedado estancada, ha logrado desarrollarse y crecer gracias sus políticas laborales, entre otros. Por lo mismo es un ejemplo a seguir. Un ejemplo que se ve reflejado en un simple frase que se lee en su página web —www.subsole.cl—, “el verdadero valor de una compañía como la nuestra, se expresa en el retorno que genera para los agricultores, pues no será un buen negocio de exportación, si no lo es para los productores”.

Ese es el secreto. Y más que un secreto, una obligación, un compromiso y una preocupación fundamental de Miguel Allamand. En su oficina, una casa ubicada en Luis Pasteur, Vitacura, sin ninguna señalética que diga Subsole ni nada por el estilo, nos recibe. Él lleva un bluejeans y camisa, es muy parecido a su hermano, candidato presidencial por RN, Andrés Allamand. Simpático, preocupado, un poco disperso; hace mil cosas a la vez. Termina un informe, habla por celular, responde el teléfono de la oficina. Luego sigue la conversación, se concentra, piensa bien las preguntas, y antes de responder, dibuja un esquema en su libreta, con la finalidad de aclarar las ideas, y dar una buena explicación.

¿Cómo ha cambiado en estos veinte años el consumidor de frutas?
Dos cambios importantes: el primero ha sido la fuerte la irrupción del supermercado. Hace veinte años, la mayoría de la gente compraba más en verdulerías y ferias. Hoy este porcentaje es mínimo, por la comodidad que te da el comprar todo en un mismo lugar. El segundo es que el consumidor hoy exige saber la proveniencia de la fruta y que haya sido comercializada con el mayor respeto hacia los productores, trabajadores y medio ambiente. El consumidor actual castiga las malas prácticas, y estas malas prácticas también las castiga la prensa. Y a mí me parece espectacular y extremadamente valioso: si uno no respeta los derechos laborales, simplemente no te compran la fruta.

¿Lo que hoy busca el consumidor de frutas o alimentos en general?
Primero, la tranquilidad de que la fruta no venga con pesticidas: fruta rica y sana. Segundo quieren conocer de dónde viene esa fruta o alimento. Quieren enterarse de cómo y dónde se produce, quienes la producen, es decir hoy se busca conocer todo el proceso productivo. Esto porque la gente en la actualidad sabe que no quiere comprar –por ejemplo- un alimento que fue envasado por niños obligados a trabajar en algún país pobre; no queremos ese tipo de prácticas. Y tercero, las personas buscan conocer si la compañía cuida el medio ambiente. La comunidad mundial está muy preocupada de este último tema. Tanto que si se sabe que para crear la mejor fruta se taló un bosque en el Amazonas, nadie la compraría, ni aunque costara un cuarto de lo que cuesta en otro lugar. Antes, estas cosas no estaban en el inconsciente colectivo de las personas, hoy sí.

¿Qué opinión tiene sobre lo ocurrido con los trabajadores paraguayos que trabajaban los campos del señor Francisco Javier Errázuriz?
Me parece que es una muestra de una vileza humana y una ceguera empresarial impresentable, porque en el instante que se perciba que se abusa de los trabajadores para traer mano de obra barata, la reacción del consumidor es el rechazo frontal al producto. Hay que ser muy miserable para hacer una cosa así. No se puede faltar a los derechos laborales. ¡No se puede!

Subsole es la única empresa en Chile que tiene un campo de frutas que crecen gracias a la energía fotovoltaica que producen los paneles solares. ¿Cómo ha sido esta experiencia?
Para nosotros lo más importante era que fuéramos capaces de producir nuestra propia energía para cultivar nuestra fruta. Una fruta que fuese rica, sana y además hecha de forma eficiente y sustentable. Con cero emisiones de CO2, o huellas de carbono. Para esto se instaló una hectárea de paneles solares —en el Valle de Copiapó— que generan la energía necesaria para bombear las aguas de las napas subterráneas y así poder regar casi trescientas hectáreas de uva. Porque cuando hablamos de la conservación del medio ambiente, no estamos tonteando, es una preocupación fundamental para nosotros. Y ha resultado mucho mejor de lo que pensábamos. ¡Esto lo pueden hacer todos! Pero hay que tirarse al agua.

CHILE: LA FRUTA DEL MUNDO

En la actualidad, nuestro país se ha convertido en el principal proveedor de frutas del hemisferio sur para los países del norte. Tanto así que nuestras manzanas, naranjas, peras, uvas y otros, están en todo el mundo, con hincapié en Europa y Estados Unidos. Sin nuestra producción frutícola “el mundo estaría cojo”, dice Miguel. Pero el problema es que el mismo gobierno no se ha dado cuenta del posicionamiento que ha logrado nuestro país en este tema. “No se entiende el negocio de la fruta mundial sin la fruta chilena”.

Para este empresario, el futuro de la industria exportadora frutícola chilena es “extraordinario”, porque Chile es potencia alimentaria mundial, ya que el mundo pide nuestra fruta. “Nuestro problema está siendo dentro del país no afuera, del extranjero nos piden más y más fruta.

¿Por qué la fruticultura chilena, con la importancia que se le da en el mundo posee un peso político tan bajo?
Ha habido etapas. Pero históricamente este mundo empresarial ha tenido un apoyo político muy bajo para la fuerza que posee. A lo largo de estos años la influencia ha sido aún menor porque no se ha visto, o no se ha querido ver, el tremendo impacto que está provocando sobre el mundo agrícola y sobre quienes trabajan relacionados con este, la caída del tipo de cambio. No se han tomado cartas en el asunto. El ministerio de Hacienda, en particular, no se ha hecho cargo del brutal efecto que tienen las actuales políticas públicas en el dólar sobre la agricultura, en particular, y la industria exportadora, en general.

¿Qué se prometió y no se ha cumplido?
Cuando el actual presidente era candidato, se comprometió a mantener un dólar adecuado a las necesidades de la agricultura. Eso no se ha cumplido. El tipo de cambio que tenemos hoy no está caminando para nosotros. 

¿Por qué este sector debiese estar más protegido que el resto?
Porque si seguimos así, esta industria va a desaparecer. Es un tema de políticas de Estado. Hay cosas que al Estado debieran parecerle relevantes conservar y para eso tiene que tomar decisiones. La agricultura emplea cerca de seis millones de personas. Hay regiones en que el PIB viene, casi en un sesenta por ciento, de la agricultura. A mí no me parece que yo tenga que pedir que el dólar suba para todo Chile, nunca he abogado por ello. Lo que pasa es que cuando llueve, llueve para todos, pero no llueve parejo, porque la agricultura se moja más. Hay que buscar maneras para que la industria no colapse.

¿Soluciones que ayuden al sector y no perjudiquen al consumidor?
Hay una estrategia que se está utilizando mucho en Perú y en todo el mundo que es el Drawback (traer de vuelta). Es decir que por cada dólar que se vende en una exportación el Estado devuelve un pequeño porcentaje. Una especie de subsidio para incentivar e impulsar las exportaciones del país. Hay otra solución que me gusta mucho más y que es una especie de Drawback, pero directamente a la mano de obra. Yo demuestro que pago mil pesos a un trabajador y él pide por eso cien pesos más al Estado. Entonces no ingreso más plata por dólar, pero bajo mis costos. Lo otro es manejar el tema financiero: yo acá tengo que tomar créditos bancarios caros. ¿Por qué, entonces, Chile presta plata al extranjero, y no me la presta a mí? ¿Por qué esos recursos chilenos que están afuera no se quedan en el país?

¿Entonces si hay soluciones factibles, por qué no se adoptan?
El problema es el temor que tiene el gobierno de otorgar algo a un sector y que luego todos los demás pidan lo mismo. Pero para eso está el gobierno, para saber a quiénes se les otorga y a quiénes no. Además no es un premio, ¡estamos tratando de compensar una situación! Porque estamos tratando de que no desaparezca una industria. Esta es la discusión política que me gustaría que existiera en el gobierno. ¿Dónde queremos poner la fuerza?

 

LA GRAN CEGUERA 

Para Allamand, el problema radica en que el gobierno no ve realmente lo que está sucediendo en el tema del agro debido al tema del dólar. Para este empresario, existen claramente dos factores importantes; primero, que solo las grandes empresas son las que pueden sobrevivir. “Hoy nosotros tenemos acceso a financiamiento internacional, tenemos préstamos muy importantes directamente del Banco Interamericano de Desarrollo, tenemos un respaldo”.

Así como los grandes tienen más posibilidades de subsistir, Miguel destaca que los muy pequeños también lo pueden hacer, debido a la cantidad de apoyo que han recibido de parte del Estado, y que para él han sido medidas espectaculares dignas de aplaudir. “INDAP ha hecho una labor extraordinaria. Se preocupa de ayudar a todo campesino que tenga un campo productivo de menos de doce hectáreas de riego básicas. Es casi sobrevivencia, y estamos de acuerdo en que a ese señor hay que ayudarlo”.

El problema entonces es para las personas que tienen campos de cuarenta hectáreas, es decir, para “quienes están a mitad de camino. Esos a los que el INDAP no ayuda, pero tampoco tienen el tamaño para conseguir financiamientos o tratos especiales”. Según esto, son muchas las probabilidades de que los medianos empresarios del agro vendan sus tierras a los grandes, lo que para Miguel se traduce en un escenario en donde las riquezas de una industria se ven manejadas por algunos pocos. “Eso se llama conflicto social, no me parece sano, yo no quiero ese Chile”.

Otro drama que estamos viviendo en todos los sectores es la escasez de la mano de obra. ¿Qué pasa en este sentido en el sector agrícola?
Claro que es un tema. Yo no quisiera que una industria se funde sobre una base de pobreza. Para que esto no pase necesito mejorar los ingresos de los trabajadores. Pero esto está ligado a la productividad. A cualquiera le gustaría subirle el sueldo un treinta por ciento a sus trabajadores, pero eso es la quiebra segura. Porque los costos fijos son siempre el petróleo, la maquinaria, la energía, en fin, uno no tiene por dónde ahorrar, solo tenemos esa posibilidad en la mano de obra. Si yo pudiera pagarle a los trabajadores del campo ochocientos mil pesos, tendría toda la mano de obra del mundo y sería capaz de trabajar mi productividad, pero con sueldos bajos e insuficientes pasa lo siguiente: la gente no quiere trabajar en el campo a pleno sol, y además ganar poco, prefiere irse a Santiago a trabajar de cajeros en un banco con aire acondicionado y salir a las seis de la tarde.

¿Mano de obra: recurso que se agota?
Eso es lo que está pasando. Los temporeros se están acabando, en eso no hay nada que hacer, sí se puede hacer más con la gente de planta. El trabajador no quiere quedarse en el campo sin un sueldo que les permita vivir, sin la posibilidad de crecer, además, en el ámbito profesional. Nosotros hacemos capacitaciones porque podemos, pero nos cuesta muchísimo, y tener a la gente motivada y comprometida es un desafío.

¿Cuál es el futuro de la industria frutícola?
El futuro de la industria frutícola ya no está en exportar mano de obra barata, está en exportar modernidad, tecnología, innovación, productividad. Nuestra industria se tiene que basar en calidad de vida.

¿No le has pedido una “ayudita” a tu hermano Andrés habiendo sido ministro del actual gobierno?
Yo fui presidente de la FEUC en el año setenta y seis y me siguieron Juan Antonio Coloma, Andrés Chadwick… los conozco mucho.  Y me pasa que al conversar este tema creo que efectivamente existe una preocupación en el sector político, pero no un compromiso concreto para caminar hacia las soluciones. Pienso que el gobierno ha estado profundamente distanciado de las necesidades de la gente en todo aspecto. En nuestro país aproximadamente un mínimo de la población gana un millón de pesos, y un una cantidad ínfima gana tres millones. Esa es la verdad de Chile. Entonces ¿A quién le importa que el país crezca a un siete por ciento, si la sensación de que la plata no alcanza sigue siendo la misma?

 

“El futuro de la industria frutícola ya no está en exportar mano de obra barata, está en exportar modernidad, tecnología, innovación, productividad. Nuestra industria se tiene que basar en calidad de vida”.

 

 

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